Una ética como la de Norman

Llevo recomendando esta película desde que el blog es blog, o sea, hace ya casi una década. La primera vez que la vi fue de casualidad. No existían los neflis, yomvis, filmin y todas las plataformas que nos han devuelto a la legalidad y, sobre todo, nos hacen la vida más cómoda a quienes somos amantes del cine. La descubrí en la tele pasando canales una tarde aburrida. Unos chicos pegándole a la pelota de baloncesto, qué más necesitaba alguien que desde niño soñaba con jugar en la NBA.

No sé por qué siempre he tenido una apetencia y gusto por los retos. Cada vez que me pongo una meta disfruto con la planificación de cómo superarla. Me emociono imaginándome los medios para conseguirla. Vamos, que me pone trabajar y esforzarme por tratar de alcanzar un sueño. No me da ninguna pereza trazarme un plan a seguir por muy difícil que parezca. Quizá sea mi carácter de deportista. Y es que no encuentro nada mejor que comparar ciertos aspectos de la vida que el deporte, especialmente el deporte de equipo. Existen una serie de valores que raramente se pueden aprender en un entorno mejor. El sistema educativo y, en general, esta sociedad de mierda sí, pero el deporte rara vez engaña (salvo casos de dopaje o amaños, claro). Cuando traté de entrar con 14 años en el equipo de Unicaja me desestimaron a la primera, no reunía las cualidades. Eligieron a los mejores. Cuando Scariolo confecciona la lista de jugadores de la selección, entran también los mejores. Cuando tiras un triple y la pelota no cuela… pues no cuela. No hay trampas. Es la realidad, tal cual, sin paños calientes que adormecen y convierten a cualquiera en un completo gilipollas. Aprendes a que si quieres encestar triples tienes que seguir practicando y trabajando para ello. Cuando Michael Jordan no consiguió que lo incluyesen en el equipo de baloncesto de su instituto se pasó todo el verano entrenando. Al curso siguiente lo consiguió, y después continuaría en el equipo de la Universidad de Carolina del Norte ganando el campeonato con una canasta en el último segundo. Y después seis ligas en la NBA, la última también con una canasta sobre la bocina. Os recomiendo el documental Come fly with me.

El caso es que con el tiempo volví a ver Hoosiers en la tele, después la busqué en Internet, me puse el parche en el ojo y me la descargué; y desde entonces la he proyectado y recomendado mil veces a mis alumnos con la esperanza de que ellos vean y aprendan del viejo entrenador Norman Dale. Porque también son importantes para ellos y para lo que les espera en cuando salgan de la burbuja en la que les han metido desde críos, cuando crucen la puerta del instituto y tengan que partirse la cara en la calle.

Siguiendo con la cinta de David Anspaugh, su director, hay que decir que defiende por encima de todo una ética. Esto se ve en la honestidad del entrenador, quien lucha contra viento y marea por mantenerse erguido frente a todas las opiniones ajenas. El valor de la solidaridad colectiva, el trabajo y el esfuerzo por mejorar cada día, el sacrificio por dejar de lado otros placeres, etc., se ven claramente en este filme. Porque si hay algo más importante que el éxito es la forma de alcanzarlo. Se puede hacer de dos maneras: una oportunista y fácil, y otra cuya base es el trabajo. La segunda es la difícil, pero es la auténtica. Consiste en exprimir al máximo las condiciones de cada uno para saber hasta dónde alcanza, cuánto da de sí. La belleza del deporte nos demuestra que se sustenta en el trabajo, el esfuerzo y el sacrificio, y si confiamos en esto quizá podamos llegar más lejos de lo que pensamos… De ahí que haya competición, si no, por ejemplo, la liga española de baloncesto no existiría, el Madrid o el Barcelona tendrían asegurado el trofeo por ser los equipos con mayor presupuesto; sin embargo, aunque suelen ganarla, otros conjuntos menores también lo han conseguido: Unicaja, Baskonia, Manresa, Valencia…

Cuando veáis Hoosiers preguntaos por qué Norman Dale no da el brazo a torcer con sus ideas, por qué hay un partido en el que juega con cuatro miembros, por qué fuerza al borracho de Wilbur a que se convierta en segundo entrenador, por qué no está interesado en que juegue Jimmy el chico que todo el pueblo deseaba que volviera a jugar…

Cartel de la película Hoosiers

Por cierto, estamos hablando de una película inspirada en la historia real del Instituto Milán de Indiana. Una película que se sitúa en el puesto 13 de una lista elaborada por el American Film Institute sobre las más inspiradoras. También se encuentra en Top 10 en la categoría “Películas de deporte”. Y recientemente ha sido elegida por los lectores del periódico USA Today como la mejor película deportiva de todos los tiempos. Tengo olfato para husmear allí donde hay calidad.

Y para terminar con esto, os diré que la banda sonora es de Jerry Goldsmith y que el inicio de la película es de un romanticismo aventurero propio del siglo XIX. Esas grandes llanuras de Indiana regadas de canastas de baloncesto me recuerdan a los puentes de Madison y a los diarios de John Steinbeck. Vean, vean…

 

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