Un tinto con limón

Venía yo pensando desde que anduve por los barrios de Mukono (un minúsculo pueblo de Uganda allá en el corazón de África) en un buen vaso de sidra bien cargado con hielo y un par de rodajas de limón, esperando para ver caer el jugo báquico que ‘La Casera’ —sello español de más de medio siglo de vida— ha sabido obtener, eso sí, con mejor sabor que el propio merchandaisin que atestigua su distintivo. Un tinto con limón.

El caso es que por suerte para mí, mientras andaba buscando un «nestí» o una fanta, sorprendiome en una de las neveras de esas cafeterías del aeropuerto de Barajas, a caballo entre supermercado y restaurante esnobista, el tan deseado brebaje; y con ello me dispuse más feliz que una perdiz a escribir en mi cuaderno esta entrada del blog. Con el único disgusto de ver cómo un par de chonis a mi lado exhibían sus magros jamones expuestos sobre una de las mesas del comedor, tatuajes incluidos. Una de ellas reía patas arriba reclinada hacia atrás en los cuartos traseros de su silla. Ustedes se lo figurarán: rímel hasta las orejas y dos aros olímpicos como los de Londres colgando de ésas.

Dejando al margen tintos y chonis, quería comentarles el libro que me acompañó en mi viaje a África: Ébano. Escrito por el reportero polaco Ryszard Kapuściński, le dedico una entrada ahora en el blog por un doble motivo. El primero es simplemente por el interés que suscita el mismo y del que enseguida paso a tratar, y el segundo es el de resarcirme de una de las recomendaciones que hice acerca del colonialismo. Con esto último me refiero a El corazón de las tinieblas de Joseph Conrad que un par de cursos atrás quise que leyesen mis alumnos de Torre del Mar. Es cierto que esta novela es un clásico y que prometo releerla, pero a pesar de las buenas críticas que todo el mundo le dedica, como decía Borges: no soy un digno lector de ese libro. Pues tampoco yo —igual que mis alumnos— logré cogerle el punto. Ni a la película que en cierta medida salió de él: Apocalypse now de Coppola pude pillarle el punto. No me ponen. Sorry. Espero que el gatillazo sea pasajero y con mayor lucidez una nueva lectura me haga saborear las delicias que cuentan quienes han disfrutado de ambas.

La cuestión es que llevo un folio y medio tinto, y aún no he dicho nada de Ébano. Ya les hablé en otra ocasión de Viajes con Heródoto, del mismo escritor; aunque no hice hincapié en sus últimas reflexiones, dignas de ser enmarcadas. Sobre todo por cuan identificado me siento con ellas. En Ébano, en cambio, encontramos una visión personal del genial periodista acerca de sus experiencias en África. Un auténtico aventurero que pateó dicho continente impregnándose de los olores, sabores, ambientes y de la esencia de las costumbres y culturas de sus gentes. Todo aquel que esté interesado en el continente africano tiene una lectura obligada. Y todos aquellos estudiantes que deseen tener un acercamiento a lo que supuso la trastienda de la colonización y la descolonización de África, más allá de mapas y de imperios, igualmente debe abrir este cuaderno de viaje que nos ha legado Kapuściński. No en vano, su autor nos cuenta que visitó durante unos treinta años buena parte de sus países, anduvo por ellos evitando los lugares más conocidos y turísticos, por caminos y carreteras secundarias, conoció personas ilustres o políticos influyentes y sobre todo, gentes de la calle que le mostraron, al menos parcialmente, el significado de África; un concepto, que concluye Ryszard, no existe como tal, pues:

Este continente es demasiado grande para describirlo. Es todo un océano, un planeta aparte, todo un cosmos heterogéneo y de una riqueza extraordinaria. Sólo por una convención reduccionista, por comodidad, decimos «África».

Como pueden comprobar, la prosa que gasta el polaco es suave y ligera, embriagadora, embelesa en sí misma. Construye un paisaje perfecto página a página. Su dominio del lenguaje permite dejarse llevar por esos países africanos, sobre todo si —como yo— tienen la suerte de contemplarlos realmente cuando levantan la mirada, y de las hojas del libro pasan a toparse con ella misma, con África.

No se lo pierdan. Ni por supuesto África tampoco.

Añadido posteriormente:

Y por cierto: ¿cómo andan ustedes? Espero que el verano les haya renovado el espíritu si es que les han dejado. ¿Me hicieron caso? ¿Apagaron la televisión? ¿Se perdieron por el bosque, por la montaña, por entre las calles de una pequeña ciudad? Solos o acompañados. ¿Descubrieron sitios nuevos y personas nuevas? ¿Se dieron cuenta que al final del camino uno vuelve siempre al mismo lugar de donde parte, y vieron reflejados en el espejo a ese que está ahí y que son ustedes mismos? Yo lo intenté, ya saben; Italia, Uganda, la India y todo eso. Y ya estoy aquí otra vez. Otro curso. Pónganse cómodos y miren siempre hacia donde señalo, no se queden como pasmarotes —en Cádiz dirían «carajotes»— fijándose en mi dedo.

Nota: Esta entrada la escribí finalizando mi viaje africano. A la espera del vuelo que me devolviese a Málaga después de dos semanas caminando por Uganda, desde el sur hasta el norte del país, esa parte donde el Ministerio de Asuntos Exteriores recomienda siquiera acercarse. Lo que sigue a la recomendación del libro es un añadido posterior.

Publicado en blogspot en 1/9/2012.

Comentarios

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.