Un reportero el padre de la Historia

Al final de aquella conversación por la que supe que partiría hacia el mundo, Tarlowska se acercó al armario, sacó de él un libro y, mientras me lo entregaba, dijo: «Un regalo de mi parte, para el viaje.» Era un grueso volumen de tapa dura, forrado con tela de lino amarilla. En la portada leí, grabados en letras doradas, el nombre del autor y el título: Heródoto. Historia.*

Haciendo memoria creo recordar que la primera vez que supe de él fue en la facultad. Supongo que sería en una asignatura de esas como Historiografía o Arqueología Clásica donde aprendí que el padre de la Historia es Heródoto de Halicarnaso, un griego anatolio que vivió en el siglo de Pericles y escribió nada menos que nueve tomos llamados así, Historia.

Sí, el mundo enseña humildad. Pues regresé de aquel viaje con el sentimiento de vergüenza por mi falta de conocimientos, por la insuficiencia de mis lecturas, por mi ignorancia. Aprendí que una cultura distinta no nos desvelaría sus secretos tan sólo porque así se lo ordenásemos y que antes de encontrarnos con ella era necesario pasar por una larga y sólida preparación.*

Para ser sincero, Heródoto pasó sin pena ni gloria durante los años que anduve por la universidad. Lo mismo que otros autores clásicos que debía memorizar para exámenes y trabajos sin comprender muy bien qué los diferenciaba entre sí. Hace apenas un par de cursos cayó en mis manos una de las obras del famoso periodista polaco Ryszard Kapuscinski con la que he querido abrir esta entrada. Fue en este libro que leí mientras viajaba por todo el norte de Italia, donde se me despertó la curiosidad por el de la Antigua Grecia. Profesores y catedráticos y no supieron (o yo no supe en aquel momento) decirme que Heródoto era como yo. Nueve volúmenes que fue compilando fruto de sus viajes donde la palabra Historia  significa literalmente: «investigaciones, exploraciones» (de ἵστωρ, «saber, conocer», del griego clásico).

Allí en Argel, después de varios años de ejercer de reportero, empecé a darme cuenta de que iba por un camino equivocado. El camino de la búsqueda de imágenes espectaculares, de la ilusión de que es posible escudarse en la imagen para sustituir con ella el intento de penetrar más profundamente en la comprensión de la realidad, de que es posible explicarla tan sólo a través de lo que la imagen tiene a bien mostrar en los momentos de las convulsiones espasmódicas del mundo, cuando lo sacuden disparos y explosiones, cuando se llena de fuego y humo, de polvo y olor a chamusquina, cuando todo se desmorona no dejando piedra sobre piedra y sobre los cascotes se sientan personas desesperadas inclinándose sobre los cuerpos sin vida de sus allegados.*

Desde que comencé a adentrarme en el mundo de la fotografía, he ido dándome cuenta de que está tan relacionada con la Historia que con frecuencia las confundo. De ahí que en este blog puedan encontrar mucho de la una y de la otra; y que clasificar las entradas que cuelgo sea tantas veces un auténtico rompecabezas. Llegué a la primera atraído por la imagen, pues de niño me gustó siempre el dibujo y la pintura. Mi abuelo solía enseñarme cómo debía coger el lápiz, los efectos de las sombras, el difuminado; todo muy bien explicado en los ejercicios de aquellos fascículos que el viejo coleccionaba.

Pero, ¿cómo se ha producido tamaña tragedia? ¿Qué revelan estas escenas de aniquilación, llenas de gritos y de sangre? ¿Qué fuerzas subterráneas e invisibles al tiempo que poderosas e indómitas las han desencadenado? ¿Revelan el final de un proceso o, por el contrario, su inicio? ¿No augurarán acaso más conflictos y nuevos actos cargados de tensión? ¿Y quién se encargará de seguirlos? No lo haremos nosotros, los corresponsales y reporteros, pues apenas en el lugar de los hechos entierren a los muertos, apenas retiren de las calles los coches quemados y barran los cristales rotos, enseguida recogeremos nuestros bártulos para marcharnos allí donde se incendian coches, se hacen añicos los cristales de las vitrinas y se cavan tumbas para los muertos.*

Pero después de todo por fin me di cuenta de que la fotografía no es más que un medio. Una imagen atractiva lo es como una mujer, si no cuenta nada interesante transcurridos unos minutos termina perdiendo el encanto. Por eso lo que me satisface de verdad es lo que se esconde detrás: la historia. Ésta puede ser narrada a través de múltiples artes y códigos, sin embargo lo que realmente cuenta es lo que hay debajo. Y ése es el interés que me arrastra, el de desvelar la condición humana, viajar hasta conocer el mundo y conocerse a sí mismo. Comprender por qué la Historia es de este modo, por qué el «hombre es un lobo para el hombre».

¿No sería posible salirse de este estereotipo, de esta sucesión de imágenes, para intentar llegar más allá? Al no poder escribir sobre tanques, coches quemados y escaparates rotos —pues no vi nada de esto—, y queriendo al mismo tiempo justificar mi arbitraria decisión de emprender aquel viaje, empecé a buscar el trasfondo y los resortes del golpe, intentando averiguar lo que escondía y qué significaba, para lo cual me puse a hablar con la gente, a observar sus rostros y comportamientos, a escrutar el lugar y, también, a leer; y todo con el fin —en una palabra— de intentar comprender algo.*

Heródoto, y luego Kapuscinski, tenían la misma inquietud.

Ἡροδότου Ἁλικαρνησσέος ἱστορίης ἀπόδεξις ἥδε, ὡς μήτε τὰ γενόμενα ἐξ ἀνθρώπων τῷ χρόνῳ ἐξίτηλα γένηται, μήτε ἔργα μεγάλα τε καὶ θωμαστά, τὰ μὲν Ἕλλησι τὰ δὲ βαρβάροισι ἀποδεχθέντα, ἀκλεᾶ γένηται, τά τε ἄλλα καὶ δι’ ἣν αἰτίην ἐπολέμησαν ἀλλήλοισι.**

•••

(*) Todas las citas pertenecen a Viajes con Heródoto de Ryszard Kapuscinski, Editorial Anagrama (2004).

Viajes-con-Herodoto

(**) Traducción: Heródoto de Halicarnaso presenta aquí los resultados de su investigación para que el tiempo no abata el recuerdo de las acciones humanas y que las grandes empresas acometidas, ya sea por los griegos, ya por los bárbaros, no caigan en olvido; da también razón del conflicto que enfrentó a estos dos pueblos. (Primer párrafo del primero de los nueve libros de Historia)

Comentarios