Un Pozo en Mozambique II

Ahora les dejo con alguna información y carteles que se utilizaron para su promoción, así como algunos escritos de mis alumnos después de haber vivido esta experiencia.

Sobre el fotógrafo Mariano Pozo:

Sobre el proyecto y el libro de Mozambique in Memorian:

Importante: Esta colaboración no depende de ninguna ONG, es un proyecto personal de Mariano Pozo con quien han colaborado gente de la talla de Luz Casal (cantante que realizó un concierto de ayuda), Mari (Cantante de Chambao), Inmanol Arias (actor español de reconocido prestigio), Sergio Scariolo (entrenador de la Selección española de baloncesto), Jorge Garbajosa y Berni Rodríguez (jugadores de la Selección Española de Baloncesto y del Unicaja) o Christian Gálvez (presentador de ‘Pasapalabra’ que ayudó en la difusión del libro).

La pequeña Sita es asistida por una de las cuidadoras

La pequeña Sita es asistida por una de las cuidadoras

La compra se recomienda hacerla directamente en la página de Mariano Pozo con el correo (libros@marianopozo.com) para que los 20€ vayan a parar ÍNTEGROS a Mozambique. Pues de hacerlo en tiendas, éstas se llevan un 50% del precio. Aunque también pueden encontrarlo en El Corte Inglés o en la librería Proteo, Luces, etc.

Esto escribía Melania Gámez, también una alumna especial de mi tutoría:

Mariano dijo: “La primera vez que pisé el continente africano había noches en las que las balas se confundían con las estrellas, las risas con las lágrimas de la muerte y la lluvia con los ríos de la sangre.”

Mozambique in Memorian es un libro dedicado por y para todos aquellos que viven en lo que todos queremos olvidar, el Tercer Mundo.

Con este libro, se ha querido transmitir una experiencia personal, al igual que se ha querido exponer y denunciar la situación de miseria y enfermedades que se vive allí. En el viaje, Mariano fotografió a enfermos de SIDA, malaria y tuberculosis, que por desgracia son un número bastante elevado. También fotografió la vida cotidiana de Mozambique con el fin de concienciar al mundo para ayudar a todos aquellos que lo necesiten, como hizo él el tiempo que estuvo; en el hospital de Chalucuane y la casa de acogida María Clara, en Maputo. Allí vivió unos duros días en los que observó como fallecían continuamente una multitud de personas, desde niños con tan solo unos años, o incluso recién nacidos, hasta personas mayores cansadas de vivir en la miseria, enfermos de SIDA y tuberculosis, una mezcla explosiva que no mira edad alguna.

Entre otras muchas visiones que se han querido dar a conocer en el libro, se ha expuesto la situación de los niños mozambiqueños. Los que no tienen apenas oportunidad alguna de realizar sus sueños, de vivir en condiciones favorables, de tener juguetes, porque mueren a temprana edad o porque el ambiente en el que viven no les permite algo mejor. Por contra, aquí tenemos todo lo que queremos sin complicarnos la vida y no sabemos aprovecharlo, aquí nos dan oportunidades que en Mozambique no existen. Un simple ejemplo sería el sistema sanitario, allí es escaso y apenas existen medicamentos con los que poder curarse y salir adelante. La educación también; allí la desean, mientras que aquí lo que deseamos es no recibirla.

Mozambique forma parte del tercer mundo, creado por países desarrollados y dejando atrás vidas esperanzadas por vivir en mejores condiciones, dado que no se respetan los derechos humanos.

Y sin embargo en Mozambique no todo es malo, aunque para ver las dos caras haya que vivir África, haya que sentirla e ir allí y hacer algo por cambiar la situación, y no quedarse mirando y esperar a que pase y todo se solucione por sí solo.

Melania Gámez, 4º ESO, a 6 de junio de 2011.

Otra alumna, igual de destacada, también quiso colaborar en el blog a través de una poesía.

Me gustaría ser de hierro
para que no me afectara esto,
cerrar lo ojos,
fingir que no lo siento.
Poder mirar esos ojos
y no ponerme a llorar,
ser fuerte y valiente
para dejarlo pasar.

Pero no soy de piedra,
tengo un corazón,
y la capacidad de sentir
ese miedo y dolor.

Mas me siento impotente,
incapaz de controlarme,
mirándome y dándome cuenta
de que soy una cobarde.

Y es entonces cuando ocurre,
cuando lo pienso y descubro,
cuando alcanzo a darme cuenta
de lo mal que está este mundo.
Y me muero,
tan solo un instante…
y tras esto despierto
con algo que pensé antes…

¿Y si se pudiera?
¿Y si lo logramos?
Y si proponiéndolo,
se consigue que lo hagamos…

Ayudemos a esa gente,
movidos por un impulso.
Hagamos lo máximo posible
por devolverles el mundo.

Unamos cada granito,
sintamos lo que ellos sienten…
reflejémonos en su llanto,
mezclémonos con su gente.

Y así tal vez un día,
desaparezcan las lágrimas,
se disuelva el mal con el viento,
y desaparezca del alma.

Nerea Hijano, 4º ESO, a 3 de junio de 2011.

Y mi relato personal después de la primera experiencia allí, en Torre del Mar:

No recuerdo desde cuándo tengo conciencia de Mariano Pozo. Quiero decir que no sé desde cuándo sé que él es ese fotógrafo que anda detrás de los jugadores de Unicaja en todos los partidos. Me parece que una vez lo vi en el Ciudad Jardín o en el Carpena, caminado por una estrecha escalerilla situada en el techo de uno de ellos, colocando esos gigantescos flashes que se disparan a control remoto desde su cámara. Pero no sabría decir cuándo fue que me di cuenta de que estaba detrás de las fotos. Después en una de esas vueltas que me doy por las librerías de Málaga me choqué con sus libros; el de la India y luego el de Mozambique. El primero no lo tengo, no sé por qué; el segundo se me resistió en un principio. Como dice Manuel Alcántara, lo peor que llevo cuando voy a una librería es comprar un libro y no poder comprarme dos. Pero estaba claro que tarde o temprano iba a tenerlo. Desde entonces todo fue rapidísimo; me lo leí, me gustó conocer la experiencia que narra, me dije: -tengo ganas de hacer algo parecido, le mandé un mensaje para comentárselo, y empezamos a tratar por Internet hasta hoy, que ha visitado el instituto donde trabajo como colofón de la colaboración que han llevado a cabo los alumnos con su proyecto de ayuda a Mozambique y la compra de su libro.

Y a mí me ha dejado dándole vueltas toda la tarde, con una idea en la cabeza; la del terremoto solidario. Sí, me refiero a reflexionar sobre cómo a través de un donativo se llega hasta el epicentro, no de un proyecto solidario, sino de una forma de vida basada en la filantropía más inimaginable…

Pero imaginaos que un día alguien decide comprar un libro porque un profesor le ha comentado que con ese dinero ayuda a unos cuantos africanos, porque un día a ese profesor se le ocurre creer en sus alumnos como personas con valores humanos conscientes de que pueden echar una mano a un poblado tercermundista, y se lanza en un proyecto en su instituto, un centro muy pequeño, en el que terminan colaborando más de cien miembros entre alumnado, profesorado y personal auxiliar. Pero… esto es posible porque un día, un fotógrafo se va a África, a Mozambique, y se expone a enfermedades, a ser asaltado, secuestrado, o quién sabe, porque otros perdieron la vida. Y todo porque cree que hay gente interesada en ayudar a países del Tercer Mundo, y decide hacer un libro con la subvención económica de alguien anónimo que financia la edición de ese libro, y se publican dos mil. Ilusos. Pero… vayamos hacia el epicentro. Otro día, años antes, cuatro mujeres, cuatro monjas deciden que… no sé… quizás… puede… y si… pues terminan dejando todo y dan su vida para asistir diariamente a cientos de enfermos de SIDA, tuberculosis, malaria y otras enfermedades letales en países del Tercer Mundo. Abandonan una realidad repleta de comodidades para atender –en las peores condiciones que podamos imaginar- a enfermos terminales; a personas que su vida consiste en un caminito bien corto hacia la muerte.

Comprender por qué alguien paga veinte euros por ese libro de fotografías para ayudar, se entiende; comprender por qué un profesor se carga con el trabajo de promover la venta de este libro entre sus alumnos, se puede entender; comprender por qué un fotógrafo hace miles de kilómetros exponiéndose a tanto peligro para ayudar a otros, cuesta muchísimo más entenderlo; comprender cómo una persona, monja o lo que sea, lo abandona todo para dedicárselo a los demás… eso es verte dentro, en el epicentro del terremoto, sentir la sacudida y decir: ¿Cómo es posible!

Pues es posible, esta es la corta historia de una historia muy larga. Una historia que comienza cuando cuatro monjas se hacen cargo de un Hospital –del Tercer Mundo, insisto- que asiste diariamente a más de cien personas enfermos de SIDA durante más de treinta años; continúa cuando el fotógrafo malagueño Mariano Pozo decide hacer un viaje y descubre el lugar, y alguien anónimo pone una suma importante de dinero para que se publiquen dos mil ejemplares de un libro IN MEMORIAN DE MOZAMBIQUE; sigue cuando un profesor de historia cree que sus alumnos tienen valores y entienden la gravedad del asunto, y piensa que van a colaborar; y termina en eso, en la demostración de que todo puede ser posible. Y todo es bastante posible. Hemos participado con más de 100 libros comprados y una recaudación que supera bastante los 2000 euros.

Pero, vuelvo a la pregunta anterior. Obviando los primeros pasos, me cuesta algo comprender a Mariano Pozo, pero sobre todo a esas monjas. Sólo se me ocurre una única explicación. Y nos la dio, a mí y a todos mis alumnos, en su visita a nuestro instituto, el mismo Mariano:

En África se mueren diariamente en la más absoluta miseria miles de personas, pero paradójicamente son felices; en los países desarrollados pueden vivir millones en la más absoluta opulencia, sin embargo; es la riqueza más infeliz y triste que uno pueda imaginar.

Hemos invertido los términos y nos hemos vuelto locos. Allí no tienen nada, a veces ni siquiera la misma vida, y son felices. Y aquí lo tenemos todo, absolutamente todo, y no lo somos. ¿Cómo es posible que tengamos que visitar ese horror para ver de cerca la felicidad porque aquí no tenemos ni puñetera idea de ella, ni nadie la ha visto? ¿Quizás por eso aquello de «África no se comprende, África se vive»? –como nos cuenta Mariano en su libro-.

Hoy me siento egoístamente feliz. Hemos recibido mucho más de lo que hemos dado. La experiencia que hemos vivido y que mis alumnos han tenido la suerte de compartir estando Mariano Pozo, nos ha hecho crecer un poco más como personas y creer en ellas. Ver la realidad de otros lugares, la capacidad de otros para ayudar de forma solidaria; todo eso, le pone a uno en su sitio en una verdadera escala de valores. Como tú bien dices, los verdaderos galácticos son otros que no le dan patadas a un balón. Qué perdidos estamos.

Martes 17 de mayo de 2011.

Nosotros —como profesores— debemos comprometernos a combatir la ignorancia de nuestros alumnos. Y a inquietarles su espíritu.

—Rafa.

Al fin, a día de hoy, el proyecto seguirá pues aún quedan libros por repartir y vidas por salvar. Nos veremos en las siguientes páginas…

Comentarios

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.