Un Pozo en Mozambique I

Un día escribí esto en mi blog:

Os acordáis del libro que os comenté sobre el sida en Mozambique. Os dejo un vídeo que han colgado para promocionarlo para estas navidades. Ya sabéis que los beneficios generados por él van íntegramente al Hospital de Mozambique donde estuvo Mariano.

Era el curso 2010/2011 y me dirigía prácticamente a mis alumnos de cuarto curso de la ESO. Mientras, Mariano Pozo decía esto en su página personal:

Para quienes no conozcáis aún mi libro “Mozambique in Memorian” os dejo este audiovisual, con la esperanza de que ahora que llegan las navidades se os ocurra regalar un libro solidario. Hay gente que lo necesita y que no salen en los telediarios, ni marcan goles, ni pierden aviones por los controladores, pero que existen. Yo los he visto, aunque muchos de ellos ya habrán muerto…

Y yo lanzaba el siguiente mensaje:

Estoy pensando algo para el segundo trimestre, pero necesito colaboración.

La colaboración llegó. Pero antes les cuento cómo nació nuestra colaboración con el fotógrafo malagueño Mariano Pozo y su proyecto de ayuda a enfermos terminales de SIDA en el país africano con su libro Mozambique in memorian.

El curso pasado, andaba en una de esas tardes en las que me pierdo husmeando libros en la calle Puerta de Buenaventura, en la librería Proteo de Málaga. Cuatro plantas de madera si contamos el ático y la azotea. Generalmente no resisto cuando entro hasta el fondo para ver qué han traído de nuevo sobre fotografía.

El caso es que volví a reencontrarme con el libro de Mariano Pozo sobre Mozambique que otras veces me había tentado. Fue el momento de rendirme y caer en sus encantos teniendo en cuenta además, que los veinte euros iban íntegros para ayuda en el hospital y casa de acogida donde había estado el fotógrafo.

Ciertamente, lo que más me interesaba no eran las fotos, a pesar de lo que muchos pensaréis. Lo que me interesaba realmente era la historia que en él se contaba. La historia personal, nada de datos ni estadísticas, que para eso ya tengo libros y está Internet. Todos sabemos que en África se mueren de hambre y enfermedades que apenas aquí conocemos. A mí lo que me inquietaba era la historia personal que había llevado a Mariano Pozo, a embarcarse rumbo a Mozambique para enfrentarse con el SIDA, la malaria, la tuberculosis… para enfrentarse de cerca con la muerte. Ver cómo fallecen delante de tus narices debía de ser una experiencia horrible que yo deseaba conocer para acercarme de verdad al problema de África. Personalmente pienso que el hecho de estar en contacto con la muerte te hace más humano. Y yo quería comprobar si en ‘Mozambique in Memoriam’ alcanzaría a comprender qué se siente cuando uno visita estos lugares bañados por el horror.

Portada del libro de Mariano Pozo: Mozambique in Memorian

Mariano Pozo, además, es una de esas personas de las que todos hablan muy bien, sin hacerle falta, pues se le ve en la cara. Es fotógrafo de deportes, dedicado sobre todo a los partidos de la ACB, aunque tiene un currículo bastante amplio.

La historia que cuenta en el libro me llegó profundamente, y me puse en contacto a través de Internet para comentárselo. El heroísmo de las monjas del Hospital de Chalucuane y la Casa de Acogida María Clara es digno de admiración y respeto. El dolor que se siente diariamente allí sólo se comprende mínimamente haciendo un gran esfuerzo de empatía cuando lees que:

«la impotencia que se siente en un lugar como el hospital de Chalucuane es tremenda. Sencillamente te sientes un mierda. Y lo peor de todo es que no puedes hacer absolutamente nada para tratar de paliar en algo tanto dolor y tanta tragedia. Eres un mero espectador de un escándalo que debería avergonzar al ser humano y la mísera clase política.»

—Mozambique in memorian, Mariano Pozo.

Como ahora está muy de moda el voluntariado, ir de aquí para allá visitando África, Asia o Sudamérica, me preguntaba también qué nos empuja a ello. Si es sólo las ganas de ayudar o si detrás se esconde un motivo más personal que encierra deseos de cierta aventura, o incluso esnobismo, tipo Angelina Jolie, Javier Sardá o algunos otros. Cuando hablaba de estos temas en clase, les proyectaba a mis alumnos fotografías sobre conflictos, hambruna, enfermedades en el Tercer Mundo. Algunos de ellos siempre me hacían la misma pregunta: ¿Qué podemos hacer nosotros? Y desgraciadamente, no podemos cambiar el mundo. Si pensamos que vamos a solucionarle la papeleta a los países pobres vamos a llevarnos una desilusión enorme en pocos pasos. Pero, si pensamos que no podemos hacer nada, también estamos equivocados. Una cosa es erradicar el hambre y las enfermedades en todo el planeta y otra muy distinta ayudar a unos pocos a que tengan agua potable, comida y medicinas para combatir su dolor. Y sobre todo, la labor de aquellas monjas.

Es por ello que encontré en el proyecto de Mariano una vía hacia la que canalizar mi ayuda y así se lo propuse a los alumnos del Instituto Joaquín Lobato (Torre del Mar, Málaga). Estamos acostumbrados a que nos engañen y traicionen constantemente, pero la historia de Mariano Pozo era completamente sincera. Un fotógrafo dedicado al deporte, ganador de varios premios en la Liga ACB y la Euroliga de Baloncesto; medalla del Comité Olímpico de Lituania, las autoridades del distrito de Katapul Pandiv Nagar en Nueva Delhi (India) bautizaron una plaza en su honor por la ayuda prestada con la venta del libro ‘India, una mirada interior’… No hacía falta más para ver en él una actitud altruista de quien sólo busca poner su grano de arena.

Así que en un par de correos me percaté de dos cuestiones importantes: una, que Mariano había intentado promover la venta del libro en colegios a través de charlas y demás, y nunca le abrieron las puertas; y dos, que tenía amontonados cientos de ellos en el garaje de su casa. Y entonces me pregunté: ¿Y si mis alumnos del Joaquín Lobato…? No me hizo falta mucho más. Estoy orgulloso de ellos, en todos los cursos donde impartí clases, desde primero a cuarto de secundaria, comprendieron la importancia de este asunto y lo que suponía echar una mano.

Difundiendo la venta del libro de Mariano Pozo conseguíamos informar a todos mis alumnos e intentar empatizar a través del texto y las fotografías con aquellos que sufren. Al mismo tiempo, y no menos importante, ayudar económicamente. Vendimos más de cien libros y recaudamos unos 2.300 euros que fueron a parar al Hospital de Chalucuane y la Casa de Acogida Maria Clara, en Maputo. El precio del libro es de 20€, así que el año pasado algunos alumnos formaron grupos de dos y de tres para comprar al menos uno; el objetivo era sumar y esto fue un ejemplo encomiable de solidaridad que no se ve todos los días.

Pero la experiencia no quedó ahí. Mariano estuvo toda una mañana con nosotros, hasta cuatro charlas con grupos distintos dio. Recuerdo que los alumnos, que habían tenido alguna experiencia previa con otros escritores, esperaban un tono frío y lejano del fotógrafo. Sorprendidos se quedaron cuando comprobaron que esto iba de otra cosa, que no estaban delante del típico autor distante que desde una mesa con su libro y su vaso de agua mira a su público como una estrella del rock. Mariano es diferente y cercano, las explicaciones de sus historias llegaron a todos los que allí disfrutamos de sus charlas, vimos fotografías y vídeos de Mozambique, debatimos sobre el Tercer Mundo, le preguntamos, nos preguntó; incluso, alguno hubo quien se llevó varios abrazos de él cuando explicaba cómo se comportan en África.

Me resulta muy sorprendente cómo con poco podemos disfrutar, aprender y sobre todo, ayudar a las comunidades de Mozambique, un lugar en el que la muerte se respira a cada paso. De ahí el título del libro: Mozambique in memorian, en memoria de los que aparecen y ya no están. A la vez tan difícil y tan sencillo.

Cartel para promocionar las charlas en Alcaudete

Cartel para promocionar las charlas en Alcaudete

Aquel año en Torre del Mar la colaboración salió estupendamente. Quizás por las circunstancias, ha sido de la que más orgulloso me siento. Aunque no quedó ahí, y probablemente no quedará. Al año siguiente le dimos cobertura en el centro para adultos donde trabajaba, el IPEP, y también desde la distancia lo proyectamos en Jaén, en el IES Salvador Serrano adonde viajamos el arriba firmante y el mismo fotógrafo para contar su historia. En ambos casos me quedó un sabor agridulce por varios motivos. Bien es cierto que no tuvimos suerte con una serie de problemas técnicos que nos persiguieron, y por ello las charlas no fueron tan dinámicas como me habría gustado. Pero sobre todo lo que sigo sin comprender es cómo no se dan cuenta en los centros de enseñanza de lo importante que son este tipo de actividades solidarias para formar a los alumnos.

He dicho comprender, recuerden la diferencia. Sé muy bien por qué no se la dan y no me cabe otra respuesta que la de no estar concienciados de verdad con esta problemática. Hasta cierto punto es normal, imagino que muchos profesores cuando fueron alumnos no han tenido nunca a un fotógrafo que les hable de la muerte, la miseria y la pobreza de otras partes del mundo. Nunca les habrán hablado de la vida, y de ahí que no sepan lo que es y por tanto tampoco puedan transmitírselo a sus alumnos ni darle la insistencia que debiera.

En cualquier caso, estoy muy satisfecho de haber podido abrir las puertas a esta iniciativa en ambos centros, y desde aquí agradezco a todos aquellos que participaron conmigo en este bonito proyecto todo lo que hicieron de forma desinteresada. No sólo a quienes compraron el libro, sino que los que me alentaron para que no me rindiese ante los obstáculos que encontré por el camino para poder llevarles a ustedes esta maravillosa historia, y por supuesto, a quienes me dieron permiso para poder realizar este sueño.

Si tuviera que elegir una anécdota de todo lo que me aportó ‘Mozambique in memorian’, me quedo con las palabras de Laura Gámez, una de las alumnas de mi tutoría a la que guardo un gran cariño:

Después de leer el libro te dan ganas de coger una mochila y viajar a África para colaborar.

Continúa aquí: Un Pozo en Mozambique II.

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