Todo lo que es capaz de capturar una imagen es una cámara

Primer principio de mi decálogo fotográfico. A veces se me olvida. Frecuentemente, he de reconocerlo. Es difícil escapar de esta vorágine consumista en las que andamos imbuídos. Yo no culpo ni a la publicidad, ni al comercio, ni a los gobiernos neoliberales, ni al capitalismo, ni a amazon o fnac que me mandan correos electrónicos con productos que saben que me pueden interesar. Me parece estúpido hacerlo, qué quieren que les diga. ¿Por qué sacudirnos siempre la responsabilidad de nuestros actos? En última instancia nadie te apunta con una pistola obligándote a comprar otra cámara, otro objetivo, otra mochila, trípode y toda suerte de chalauras que componen hoy día la parafernalia de la fotografía. Oye, ya somos mayorcitos para saber lo que de verdad nos hace falta para hacer fotos y lo que sólo atiende al gusto de consumir, a esa espuria sensación de bienestar cuando uno suelta las pelas y recibe a cambio uno de esos cachivaches bien embalados, nuevos, brillantes, garantizados. A veces disfrutamos sólo comprobando que siguen impolutos a pesar del paso del tiempo. Y eso realmente sólo es por un único motivo: sencillamente, no lo usas.

Soy visual; observo, observo. A través de los ojos comprendo las cosas. Henri Cartier-Bresson

Para comenzar a hacer fotos hace falta una cosa que se llama cámara, nada más. Luego ya vendrán otras necesidades porque es verdad que para realizar encargos en lugares difíciles puede ser necesario mejorar el equipo. Por supuesto. Pero no nos engañemos, llevamos décadas disfrutando de esta práctica y nunca han existido tantos automatismos ni tantas facilidades para conseguir buenas imágenes. Para muestra un botón: díganme cuál es la diferencia a priori entre 10 y 16 megapíxeles. No busquen, no hay tal diferencia. A no ser que impriman a un tamaño mayor de un A3, ni facebook, flickr o instagram lo notarán.

Sospecho que en los tiempos que corren disfrutamos más adquiriendo material que utilizándolo, y eso sólo nos llevará a una conclusión: la fotografía no nos gusta; porque fotografiar es hacer fotos, así de simple. Acudan al diccionario, ¿verdad que no dice: fotografía, 1. f. Arte de fijar y reproducir por medio de reacciones químicas, en superficies convenientemente preparadas, las imágenes recogidas en el fondo de una cámara oscura «que sea güena, a ser posible cara y una novedad en el mercado.»? (el entrecomillado es mío).

Esta actividad debe sostenerse por el simple gozo y disfrute en sí misma, como un juego. Lo aprendí en el taller de Ricky Dávila. No es el resultado, es la acción; preparar el viaje o la salida, elegir el lugar, el contexto, el proyecto, el problema, la pregunta que uno desea resolver. Es madrugar, pasar horas en los aeropuertos y también cargar con la cámara cuando se va al kiosco a por tabaco. Es vivir detrás del objetivo en los cumpleaños, en las bodas, en el café de la tarde. Todo eso es fotografía y no nos pide grandes equipos para comenzar a disfrutar de ella. Ni vas a conseguir mejores fotos porque la tengas más grande, no nos engañemos. Ya tendrás tiempo de perfeccionar la técnica, de ampliar las lentes, de cambiar de modelo, de saber que a veces menos es más, y que cargar con una D800 o una Mark III durante horas le cansa a un camello.

Más que una profesión, la fotografía ha sido siempre una pasión para mi, una pasión más cercana a la obsesión. Marc Riboud

Ahora todo el mundo quiere una réflex, sin saber siquiera por qué se llama así. Sin darse cuenta de que con las compactas que se fabrican se pueden obtener imágenes de la misma calidad en la mayoría de las situaciones. Por elegir un ejemplo, de los dos fotoperiodistas galardonados con el Pulitzer que tenemos en España, Javier Bauluz hizo su último trabajo, Resistencia minera (2013), con un iPhone. Y otro fotógrafo de renombre como José Ramón Bas utiliza desechables y cámaras que suele comprar en los lugares a los que viaja y luego revende o abandona allí mismo. Por supuesto, sin que redunde negativamente en sus obras, pues han sido galardonadas con varios premios y ha expuesto en multitud de galerías y exposiciones, así como editado varios libros.

Con esto no quiero decir que no tengamos que detenernos a pensar en el instrumento que vamos a utilizar para afotar, o que si nos dedicamos a ello profesionalmente basta con ir con el móvil para cubrir una boda o un bautizo. No hablo de este tipo de fotografía que comprendo que tienen sus necesidades particulares. Yo sólo pretendo advertir del error en el que incurriríamos si nos saltamos el paso más importante de todos: disfrutar haciendo fotos. Y aquí, pedir consejo y asesorarse con buenos profesionales, profesores o tutores que nos guíen en este sentido es una gran idea cuando de lo que se trata, de lo que vengo a hablarles hoy aquí, ni siquiera es de cómo pueden ahorrar o gastar lo menos posible con la fotografía, sino, más importante aún: cómo podemos disfrutar de hacer fotos. Repito: hacer fotos. Esto es otra cosa.

Si no me he sabido explicar demasiado bien, les recomiendo un librito que es una auténtica joya. En él viene recogida, no solo la vida y obra de su autor, sino algunas de sus entrevistas y varios textitos sueltos acerca de su relación con este arte. Me refiero a El disparo fotográfico del maestro Henri Cartier-Bresson, editado por BLUME (2012). Para el fotógrafo gabacho: Fotografiar es poner en el mismo punto de mira la cabeza, el ojo y el corazón. Es una forma de vida. Podrán entender estas palabras, pero para llegar a comprenderlas no basta con comprarse una cámara de hacer fotos, es imprescindible eso: hacerlas.

Nota: Elliot Erwitt, Magnum Photo (fotografía de cabecera).

2 Comments Todo lo que es capaz de capturar una imagen es una cámara

  1. Anónimo

    Yo quiero pensar que ya hemos llegado al limite del consumismo, por dos razones. Una obedece a la cuestion medioambiental y la otra es una cuestion de madurez, de saber poner limites y decir BASTA! Pensamos que como es nuestro dinero hacemos lo que queremos con el, pero en realidad hacemos lo que OTROS quieren que hagamos con él. Nos convertimos en marionetas que se creen libres siendo esclavas de los hilos de una propaganda que nos vende necesidades ficticias.
    Entre consumir sanamente con objeto de mejorar nuestras condiciones de vida y comprar impulsivamente hay un trecho.
    Alien 4.4.14.

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