#Siria y la escalera de Chaval

El otro día colgaba en el blog la portada del libro de Mrozek, cuyo nombre, cada vez que tengo que escribirlo he de recurrir a él porque siempre se me olvida. Cuando estuve en Polonia no logré aprender ni a decir hola. Para mi alivio, al parecer, el polaco es el idioma más difícil del mundo. Creo. Si no es asín no me lo desmientan, por favore.

Manu Brabo © 2012

Manu Brabo. Tomada el 3 de octubre de 2012. ¿Cuántas fotos como ésta hacen falta para que cese la matanza?

El caso es que subí la ilustración de Chaval de un tipo subido a una escalera blanca que pintaba de negro, y pregunté qué lecturas sacaban ustedes de ella. Entre vergonzosos y avergonzados pocas opiniones obtuve. También es normal, no es frecuente la participación en el blog (aunque creo haber mejorado la posibilidad de hacer cualquier comentario de forma anónima, o seguiré intentándolo) y menos en plena feria. Insisto, lo normal en estos casos.

Quizás debí indicar que tanto Mrozek como Chaval son autores muy pesimistas. Esa pista es definitiva, pues yo no logré sacar ninguna explicación hasta que no me percaté de ello.

Hoy me pongo a escribir esta entrada porque me he quedado bastante afectado viendo las imágenes que nos llegan desde Siria. Han muerto ya más de 100.000 personas, o sea, mil veces más que el accidente… repito: accidente de tren de Santiago. Y no podemos comparar, no por el número de fallecidos, sino porque lo primero sí que podría evitarse si la comunidad internacional (llámese por ejemplo, la ONU) tuviese vergüenza. Seguimos sin aprender después de Ruanda, Srebrenica, Palestina y un laaargo etcétera. Tampoco voy a repetirme más en este tema que ya toqué en Me pregunto lo que vale un muerto.

Pero, ¿qué tiene que ver el personaje subido a la escalera de Chaval? Pues porque lo sintetiza todo perfectamente. Por eso me encanta, porque es el poema de Martin Niemöller hecho viñeta. Les recuerdo aquí los versos del pastor alemán (sic) a ver si van captando:

Primero vinieron a buscar a los comunistas y no dije nada porque yo no era comunista.
Luego vinieron por los judíos y no dije nada porque yo no era judío.
Luego vinieron por los sindicalistas y no dije nada porque yo no era sindicalista.
Luego vinieron por los católicos y no dije nada porque yo era protestante.
Luego vinieron por mí pero, para entonces, ya no quedaba nadie que dijera nada.

Muchos autores lo dicen: el problema del mundo no son los malvados, sino el resto, quienes se callan y no denuncian lo que hacen los malos. Somos nosotros que consentimos que pisen y violen a otros sin decir nada mientras no vaya en contra de nuestros intereses.

Por eso para mí esta ilustración es más completa que el poema de Niemöller, porque quien tiene la brocha en la mano es directamente el mismo que terminará pintándose los zapatos como me decía Bernal, un alumno. Y no sólo los zapatos, terminará cubierto por completo de pintura negra. Una pintura negra que simboliza todo lo negativo. Abran un periódico si no saben qué es lo negativo: la corrupción política en España, la guerra en Siria, el paro, las revueltas en Egipto…

La condición humana es así, somos así. Nos subimos a una escalera evitando que nos alcance la sombra que vamos pintando. Vamos escalando peldaños, apartándonos de la muchedumbre, de las clases bajas, pisando cabezas si hace falta. Y a nuestro paso todo se torna de negro. Pero, como decía el padre de Warren Buffett, ningún árbol crece hasta el cielo. Sin duda, un día nos tocará. Y caeremos de esa escalera metafórica desde la que mirábamos a los demás, y el batacazo será mayor. Caeremos todos en ese mar de chapapote que hemos ido vertiendo como si nunca nos fuese a tocar.

Qué imbéciles que somos, qué cortitos de miras.

¿Esperanza? Sí, en que la gente lea, aprenda, escuche de otros. En el sistema educativo. ¿Ustedes creen en él? Yo no. Como cantaba Lenon: Just believe in me, qué quieren que les diga.

Ahora tomemos un rebujito, es lo único que nos va a quedar.

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