#Reponiendo yogures en el Mercadona

Me detengo un instante en el estudio, sólo para transmitirles una reflexión acerca del origen de las desigualdades en confrontación con las ideas utópicas que promueven algunas ideologías; quizás el comunismo sea la más mentada en este sentido.

image

Forges.

Fíjense y piensen en las palabras de los funcionalistas Kingsley Davis y Wilbert Moore cuando tratan de justificar la aplicación de las estructuras sociales, no como concepto de análisis, sino como medio de reparto de unas tareas en tanto que «estrato» representa una idea en la que —curiosamente— promueve mayor movilidad social:

Toda sociedad deberá tener un conjunto de retribuciones y premios que cumplan un papel incentivador, y, a su vez, unos mecanismos precisos por los que dichos «premios» puedan ser atribuidos o negados, de acuerdo a los comportamientos de los individuos. Por ello «los premios y su distribución llegan a ser una parte del orden social y así se origina la estratificación… La desigualdad es así una idea inconscientemente desarrollada por la que las sociedades aseguran que las posiciones más importantes estén conscientemente ocupadas por las personas más cualificadas. De aquí que cada sociedad (…) deba diferenciar a las personas en términos de prestigio y estimación y debe por eso poseer una cierta cantidad de desigualdad institucionalizada»

El texto está sacado a su vez en una cita en ‘La explicación sociológica: Una introducción a la sociología’ de Jose Felix Tezanos. Manual utilizado en la UNED.

La pregunta es: ¿Tiene entonces justificación «cierta» desigualdad social por su «utilidad» como elemento para incentivar a la realización de tareas importantes?

A mí enseguida se me viene a la cabeza Cuba y los sueldos que tienen los cubanos, y también se me ocurre lo de España y el pelotazo inmobiliario con secuelas sociales en la actualidad.

El primer caso es muestra de una situación que no permite discusión alguna: si un médico cirujano cobra lo mismo que un barrendero con la diferencia de que el primero ha tenido que dedicarse al estudio (con la cantidad de esfuerzo que conlleva), ¿qué incentivos económicos (los sociales en este caso serían más discutibles) puede tener una persona nacida en la Isla para dedicarse al estudio de la medicina y no a otras profesiones que le reporten mayores beneficios económicos?

El segundo caso no por menos evidente es menos cierto. Todos recordarán los años dorados del ladrillo. Entonces los profesores asistíamos atónitos al abandono escolar comprobando cómo alumnos que a poco pasaban de los dieciocho llegaban a la puerta del instituto para fardar de audis y bemeuves. Estaba claro, el sacrificio que implicaba el estudio y sus recompensas —¿la cola del paro, quizás?— no parecía buena idea en comparación con currar en el andamio (o sectores). Esto último podía suponer ganar el doble que cualquier licenciado con suerte que encontrase trabajo en algo relacionado con sus estudios, si no es que tuviese reponiendo yogures en el Mercadona después de una licenciatura y un máster.

El Roto.

El Roto.

En esta Españeta en la que tiene el mismo prestigio un juez o un médico que un albañil o un fontanero sólo por que los segundos calzan mejores coches, así nos va. Una sociedad miope que no es capaz de descubrir la valía y el mérito que tienen los primeros, y que por ello no recompensa materialmente a este tipo de profesiones vitales para el avance económico de un país, tiene, como digo, un camino largo y tortuoso deambulando perdida en la inconsistencia de sus valores.

Y no hablemos del fútbol y el salario de los niñatos que se dedican a dar patadas a una pelota. Ahora que “el ladrillo” ha muerto, todo el mundo tiene a Messi o Ronaldo como ídolos y referentes. Hasta los padres sueñan con que sus vástagos lleguen a jugar en el barza o el madrí.

Pd. Huelga decir que todos los oficios son respetables, incluso el de puta, que por cierto está bastante denigrado socialmente. Sin embargo coincidirán conmigo en que algunos son más meritorios que otros, aunque sólo sea por el nivel de dificultad que acarrean. No todo el mundo puede ser médico, juez, abogado o catedrático universitario (en esto último a veces tengo mis dudas), igual que yo no pude jugar en la NBA. Deberíamos admitir nuestras propias limitaciones y dedicarnos a admirar a quien las posea. En este país cainita y corroído por la envidia sucede todo lo contrario, y por tal de llegar más alto sustituimos esfuerzo y sacrificio por argucias y el deshonesto ejercicio de pisotear cabezas.

Razonen sus respuestas…

Comentarios

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.