#Orgasmo

Hay muchos tipos de orgasmos. Unos mejores que otros. Largos y constantes. Cortos e intensos. Orgasmos sísmicos, tormentosos, revolucionarios, agitados. Orgasmos regulares, lineales, pendulares. Algunos como borrasca veraniega; llegan en los momentos de sequía aliviando la escasez de humedad. Los hay intermitentes, cortantes… a trompicones. Pusilánimes, tibios, sutiles, tímidos. Orgasmos que quitan el hipo y orgasmos que te lo dan. Orgasmos que nunca tendrás y otros que añorarás. Cariñosos, ásperos, aguerridos. Sabrosos. Salados como la orilla del mar, dulces como el chocolate. Con espinas, espinosos. Caudalosos, montañosos, vanidosos y carnosos. Hay orgasmos, y otros orgasmos.

Hace unos meses anunciaba aquí o allí que estuve el 3 de abril en uno de esos sitios donde se tienen orgasmos… Vayan pinchando que les cuento.

Reconozco que esta entrada es una osadía por mi parte, pues nadie tiene un orgasmo a partir de la narración de otro orgasmo. Como mucho puede ponerse cariñoso (ustedes ya me entienden). Quizás si eres un verdadero artista consigas que otros logren alcanzar aquello que tú experimentaste a partir de tu relato. No me considero tal. Sin embargo, emplearé todos mis esfuerzos hasta que caigan gotas de sudor por mi frente, para tratar de empujarles y que correteen como colegiales tras las faldas de The Beatles Songbook (Live) de Cuarteto Granada. Este disco es el resultado de aquella velada en la que cerré los ojos y soñé arrastrado por las notas que se me derramaban por todo el cuerpo, inundando todos mis sentidos en inmejorable marco, como es el teatro Echegaray de Málaga, un lugar para enamorarse de cualquiera. Qué atmósfera, qué público, qué aire.

Javier Navas, Jose Carra, Mario Navas, Emilia Ferríz, Manuel Moreno y Jeremías Sanz, como una catarsis, provocaron un cambio en el alma de quienes gozamos de semejante concierto. Atrapados por el pentagrama de sus melodías, no salíamos de nuestro asombro con las versiones de la intrigante Mother Nature’s Son, la bucólica Norwegian Wood, alegre Martha My Dear o la excitante Eleanor Rigby. Pero sin duda, la diosa, la protagonista, la más bella de todas, fue Across The Universe. Arrodillado pidiendo, no matrimonio sino clemencia porque sólo cabe la muerte cuando una mujer como ella se cruza en tu destino. Para que me comprendan, si tuviera que comparar mi episodio en el Echegaray, lo haría con el mismísimo Bernini y su obra: Apolo y Dafne.

Pude, hoy, decirles sin más que compren o escuchen el disco. Supongo que no será lo mismo. Por esto he querido juguetear con la idea de que pueda causar una mínima chispa, una ínfima parte de la calidez que me abrazó envuelto en llamas por los encantos del concierto descrito. Y esta noche os lo quiero regalar.

Comentarios

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.