Nota para Ingrid Bergman

Hace unos momentos, estoy escuchando a Chet Baker, y se me viene de pronto a la cabeza, no sé por qué ni se lo pregunten, la historia de la nota de Capa a Ingrid Bergman. Aquella en la que intenta —junto con Irving Shaw— concertar una cita con la actriz más reconocida del momento, ya saben; Por quién doblan las campanas, Indiscreta, Encadenados, y por encima de todas, Casablanca, en un magnífico dueto con el grandísimo Humphrey Bogart. Era una época en la que podías hablar de usted a una señorita y terminar en la cama de un hotel haciendo el amor. Todo después de alguna lenta a lo Billie Holiday, tipo Body and Soul; mucho humo de cigarrillo y tantas copas de champán. Tras un apasionado beso, apretándose los labios con la efusión de quien sabe que quizás puede ser el último.

Les cuento; después de lo de Gerda y la guerra civil española, Robert Capa documentó la segunda guerra mundial y tuvo la oportunidad de conocer en las postrimerías del conflicto a Ingrid Bergman. Él y el periodista Irving Shaw le dejaron una nota por debajo de la puerta de su habitación de hotel en la que decían lo siguiente:

Asunto: Cena. 6 – 6.45. París. Francia

Para: Ingrid Bergman

Contenido:

1. Se trata de un esfuerzo comunitario. La comunidad está compuesta por Bob Capa e Irving Shaw.

2. Teníamos pensado enviarle un ramo de flores con esta nota invitándola a cenar esta noche, pero tras conferenciar nos hemos dado cuenta de que sólo podemos permitirnos pagar las flores o la cena, o la cena o las flores, no ambas cosas. Hemos hecho una votación y ha ganado por estrecho margen la cena.

3. Se ha propuesto que si no le interesaba la cena, se le podrían enviar flores. Hasta el momento no se ha llegado a ninguna conclusión al respecto.

4. Flores aparte tenemos un montón de dudosas cualidades.

5. Si escribimos mucho más no nos quedará conversación, ya que nuestro encanto es limitado.

6. La llamaremos a las 6.15.

7. No dormimos.

El caso es que siempre me pareció que el sentido del humor es la mejor forma de captar la atención de una bella mujer. Básicamente para comprobar si además de belleza guarda algo en la cabeza; pues la inteligencia y saber reírse van cogidas de la mano. Y Robert Capa e Irving Shaw hicieron muestra de ello, como también lo hizo la actriz sueca con su respuesta.

Con esta nota, este par de truhanes intentaron con acierto —¿qué mujer de verdad podría resistirse a la misma?— conocer a la popular actriz sueca en el hotel de la ciudad del amor donde coincidieron. De aquellos encuentros quedaron algunas fotografías en las que aparece la diva dentro de una bañera.

Bergman fue uno de tantos romances en los que pretendió ahogar los recuerdos de Gerda Taro. Igual que el de Pinky (Elaine Fisher), la chica del pelo rosáceo con la que coqueteó mientras cubría la segunda guerra mundial, o el de Hedy Lamarr o más conocida como “la mujer más preciosa de la historia del cine”, la misma que decía frases tan ingeniosas y acertadas como: “Cualquier chica puede ser glamurosa. Lo único que tienes que hacer es quedarte quieta y parecer estúpida”. Y tantas otras mujeres anónimas entre las que debemos incluir a prostitutas; según nos cuentan en las distintas biografías sobre este gran fotógrafo.

Robert Capa

El fotógrafo Robert Capa.

En cambio, Ingrid Bergman estaba casada cuando conoció a Capa, soportaba un matrimonio fallido como tantos que siguen existiendo hoy día a pesar de los divorcios exprés y todas estas modernidades. Sin embargo y a pesar de todo, el húngaro abandonó durante algún tiempo la fotografía para dedicarse al cine e irse a vivir a Hollywood y poder estar cerca de la bella actriz. Aunque Capa siguió siendo Robert Capa, un fotógrafo mujeriego que huía de cualquier compromiso que pudiera encerrarlo como animal enjaulado, el espíritu libre que siempre fue y que no supo cómo abandonar lo llevó hasta la tumba cuando el 25 de mayo de 1954 pisó una mina en la guerra de Indochina.

De aquel romance entre Ingrid y Capa, según dicen, ha quedado la película de Alfred Hitchcock, La ventana indiscreta; protagonizada por James Stewart y Grace Kelly. Aunque tampoco es que tenga mucho que ver con la historia que yo os cuento aquí.

Personalmente pienso que él estuvo siempre enamorado de Gerda Taro porque era la horma de su zapato. Gerda Taro fue quizás más Robert Capa que el mismo Andreé Friedman. Y nunca superó su pérdida en la batalla de Brunete en 1937 cuando lo de la guerra civil en España. Quizás porque sabía que nunca la hubiese tenido, nunca la hubiese poseído; y eso a él le tranquilizaba. Tener las puertas abiertas de la jaula para vivir encerrado en ella porque lo que le atrapaba no eran los barrotes, sino el deseo de sentirse cautivado, esas serían las únicas rejas aceptadas.

No me negarán que es una historia preciosa, ¿verdad? Me refiero a las dos: la de Capa e Ingrid Bergman; y mucho más, la de Capa y Gerda Taro.

Esta nota se publicó el 31 de mayo de 2012 en blogspot.

Comentarios

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.