Los fusiles que nos esperan

En lo que va de historia, o sea, desde hace tres mil años que navegantes griegos y fenicios hablaban de Hispania, el territorio donde vivimos ha sido objeto de numerosísimas guerras y revoluciones. Supongo que como en cualquier otro lugar del mundo porque —como leí esta misma mañana— la paz está representada por una paloma que no sabe dónde va ciscarse cada día, pero bien que lo hace. Así que tampoco es que este hecho sea algo particular de nuestra tierra, basta con abrir cualquier libro al uso o encender el televisor para darnos cuenta de que la guerra es algo intrínseco al ser humano, algo que lo define desde tiempos inmemoriales.

image

Cartel del Partido Obrero de Unificación Marxista exigiendo el reparto de tierras en 1936, inicios de la Guerra (in)Civil española.

El caso es que lo que a mí me preocupa es esa afición tan nuestra de hacernos la puñeta a nosotros mismos, esa España cainita en la que uno es feliz disfrutando de la desgracia ajena, o, comprobando que el vecino no es más sino menos. Como aquel chiste en el que un genio de lámpara mágica concedía un deseo a un español a cambio de atribuirle el doble a su vecino, y éste primero le pidió quedarse tuerto para ver cómo el otro perdía ambos ojos.

Y digo todo esto a tenor de lo que se ve en los noticieros, algo que no es nuevo, como cuento. Porque, aunque muchos no lo sepan, este país ha sido fruto de demasiados conflictos internos, guerras civiles y todo eso. Ya saben: pum-pum por un tubo y mucha gente esparcida en cunetas y fosas comunes. Venganzas y envidias que se cobraron la vida de hermanos en una España que… como decía Antonio Domínguez Ortiz (según me revela un buen amigo que llegó a conocerle): «andaba una media España pensando en lo que estaría pensando la otra media, y mientras tanto pasando hambre».

Seguro que algunos de los que lean esto (cuatro o cinco, pues éste es un bar de barrio y de barra corta, con un único tabernero, no más) estarán imaginándose ya en la guerra civil española del 36. Pero quizás muchos no sepan que el español es tan pródigo en este tipo de lances que desde la llegada de Felipe V –allá por 1700 cuando lo de Carlos II El Malito— se puede contar una manita más o menos: la Guerra de Sucesión (1700-1713) de que si Felipe de Anjou o Carlos de Habsburgo; las tres guerras carlistas (lo sé, algunos hablan de dos y no de tres, pues la de los Malcontens la consideran como un enfrentamiento exclusivo en Cataluña) que azotaron el país desde que murió el taimado de Fernando VII en 1833 hasta que Cánovas y Alfonso XII pudieron acabar con ellas por fin en 1876; y, la guinda del pastel, la Guerra Civil española que aún no ha cerrado ni tumbas, ni heridas; y hace más de setenta años de aquello.

Les comento esto porque corren tiempos difíciles, y a pesar de lo contado, nos hemos olvidado tantos fusiles. Pero sobre todo porque vi no hace mucho una excelente película de José Luis Sáenz de Heredia que trataba el tema. Hablo de Diez fusiles esperan. Una obra magnífica en la que se plantea esa lucha fraternal que existe entre nosotros mismos. La cinta está ambientada en la primera guerra carlista (1833-1839) y protagonizada por dos rebeldes que combaten contra el ejército cristino, o sea, de la Regente por entonces: María Cristina de Borbón-Dos Sicilias. Pero no esperen mucha acción, no es una película bélica al uso, no es una americanada en la que se dejan una pasta en efectos especiales. Y sí, es en blanco y negro, del año 59 del mil novecientos, para ser exactos.

José Luis Sáenz de Heredia, es el mismo de Raza y de Franco, ese hombre. Primo hermano del fundador de la Falange española. Como comprenderán ustedes con estos precedentes, no era descabellado que llegase a ser el más importante durante el franquismo. No es buena prensa ésta, quiero decir; la de nadie que ha estado más cercano al fascismo que a otras corrientes ideológicas. Aunque sin embargo, estuvo tutelado por Luis Buñuel. Puede que sean prejuicios, pero difícil es no tenerlos para con una corriente que se define más —o exclusivamente— por la acción que por la reflexión. Otra cosa es que existan excepciones, casos puntuales, que nos lleven a hablar de una obra que merezca un reconocimiento positivo. Pienso que Diez fusiles esperan lo es. Sin embargo, no he encontrado una crítica que la destaque, pues son otras obras de este director las que se llevan mayor protagonismo.

Personalmente vi la peli sin ningún prejuicio, pues no era conocedor de todo esto. Incluso creí ver en ella el cuadro pintado de Goya Muerte a garrotazos. Vamos, que me pareció tratar como no había visto antes el problema de esas dos Españas encarnada en el amor que sienten dos amigos (casi hermanos) por una mujer, con mucha honestidad y gallardía, dispuestos hasta la muerte.

Si esto no les convence para disfrutarla, sólo puedo apelar a su protagonista: un joven Paco Rabal que, no obstante, llevaba ya buena celulosa sobre sus espaldas. Unas veinte aproximadamente, de casi ciento cincuenta películas a lo largo de toda su vida.

Enlaces:

http://www.filmaffinity.com/es/film816781.html http://www.decine21.com/Biografias/Jose-Luis-Sænz-de-Heredia-59750
http://elpais.com/diario/1992/11/06/cultura/721004407_850215.html
http://www.vidasdecine.es/directores/s/jose-luis-saenz-de-heredia.html
http://www.filmaffinity.com/es/search.php?stype=director&stext=Jos%E9+Luis+S%E1enz+de+Heredia

Comentarios

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.