Libertaos

El curso pasado (2017-2018) me fue encomendado un discurso como tutor de segundo de bachillerato. Hoy andaba buscando un documento de otra cosa y en el traspapeleo que tengo en el disco duro han aparecido aquellas palabras que dedicaba a mis alumnos. Recuerdo que fue propuesto para que se publicara en la web del centro, pero imagino que alguien no debió de tener a bien esta idea y para comenzar este 2019 he decidido subirlo aquí.

«Sólo un necio se rodea de otro necio para intentar destacar entre la mediocridad».

En 1647 Baltasar Gracián publicaba estas palabras en El arte de la prudencia. Por contra, aconsejaba a sus lectores que se rodeasen de gente inteligente y realzasen sus virtudes.

Aunque hayamos defenestrado de las aulas —junto con Cervantes y su Quijote— a este grande del Siglo de Oro, me gustaría cumplir su recomendación y ensalzar las capacidades de la gente inteligente que he conocido y que se encuentra hoy en esta sala. En especial, las de las alumnas sobresalientes que han obtenido matrícula de honor: Mara Andrades, Laura Domínguez y Mercedes Pérez. Con vuestro esfuerzo y talento os habéis convertido en modelos a seguir; encarnáis la excelencia. Pero es que además habéis estado muy bien acompañadas, ya que sois tres cumbres entre las grandes y silenciosas montañas que configuran esa amplia cordillera que es el grupo de mi tutoría. Quienes finalizáis con éxito el bachillerato simbolizáis la mayor riqueza de Portada Alta, ejemplo donde debiera proyectarse sin excepción cada uno de sus estudiantes. Por ello, sería provechoso que esta Dirección tuviera a bien no contentarse con dejaros las puertas abiertas en años venideros, y que os instara a regresar para explicar a las futuras promociones cómo germinó aquí la semilla que más adelante haría de vosotros médicos, enfermeros, científicos, informáticos, investigadores, profesores, periodistas…

También deseo daros las gracias por sobrellevar con estoicidad mis defectos. Gracias por aprender, gracias por creerme útil para vuestras vidas y combatir así mis solidas dudas. Pero sobre todo quiero dárselas a quienes comprendisteis que no iba de Historia, sino de algo más importante. Que el bachillerato no puede ser otra cosa que un refugio: el de los entusiasmados por Pitágoras rompiéndose la cabeza con el cálculo, por Marie Curie mezclando químicos en una probeta, los atónitos con Einstein descubriendo la relatividad o con Kant yéndosele la vida con razón metafísica; apasionados por Leonardo perfilando con diligencia uno a uno los vellos de las cejas de la Gioconda, el refugio de los que se estremecen con el aleteo de los versos de Sabina o a quienes les sorprende la sonrisa en una mozartiana melodía; los soliviantados por las preguntas irresolubles de la Historia, de la Política, de la Economía, de la Filosofía que tanto abarca o abarca todo; inquietos que trasnochan por saber; ansiosos por exprimir la vida, por multiplicarla. Este es mi concepto de la Escuela.

Y lo mejor es que apenas hemos ido más allá, sólo recorrimos dos o tres itinerarios seductores dentro un pequeñito mapa universal. Os queda tanto pasaporte por sellar. Como decía Daniel Pennac en esa maravilla de apología del libro titulada Como una novela: «A leer se aprende en la escuela, a amar la lectura…» Concluyo como comencé, con palabras de Baltasar Gracián: «En el mundo hay mucho qué aprender y poco tiempo para conocerlo, y no se vive si no se conoce». Amados alumnos, hoy, en el día en el que derrumbáis estas paredes para con sus restos alimentar la nostalgia de mañana, libertaos y comeos ese mundo.

NOTA: La foto que encabeza esta entrada es de mi admirado José Manuel Navia, de su trabajo sobre Miguel de Cervantes o el deseo de vivir. Discúlpeme su autor por haberla pasado a blanco y negro. Pongo enlace de la original pinchando aquí.

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