Las pinturas de Ramsés

Pinturas de la tumba de Ramses I (Imperio Nuevo)

Pinturas de la tumba de Ramses I (Imperio Nuevo)

Esta mañana la pasé haciendo este comentario para mis alumnos de segundo de bachillerato: las pinturas murales de la tumba de Ramsés I. De vez en cuando no viene mal un poquito de historia en el blog.

Las pinturas murales de la tumba del faraón Ramsés I pertenecen al Imperio Nuevo, momento de máxima evolución de este tipo de obras, una de las etapas más modernas del arte egipcio. Se encuentra ubicada en el famoso Valle de los Reyes (Egipto), junto a otros edificios funerarios de este carácter; de ahí que la zona sea denominada como la necrópolis de la Antigua Tebas (actual Luxor). Salvo raras excepciones como la de Imhotep, los autores —arquitectos y “artistas”— son desconocidos, como en este caso. Éstos pertenecían al cuerpo de funcionarios y se encontraban bajo rígidos convencionalismos siempre al servicio del faraón, anulando sus capacidades creativas.

Tres personajes mitológicos (Horus con cabeza de halcón y doble corona como símbolo del Imperio o unificación del Alto y Bajo Egipto, Ramsés I con el nemes o tocado del faraón difunto, y Anubis con cabeza de chacal) portan una faldita o shenti y el torso desnudo formando una composición simétrica. Se encuentran representados con una paleta policromada de tonos cálidos (amarillos, ocres y marrones) para los protagonistas y, sobre todo, fríos para un fondo plano de grises y verdes sobre el que se distribuyen los jeroglíficos, en cuyos shenu o cartuchos aparecía el nombre del faraón difunto; distinguiendo así ambas partes. El tratamiento de la perspectiva es inexistente, no dota de profundidad a la escena. El dibujo es plano, sin sombras o volumen, aunque los contornos no están marcados por un trazo grueso. Podemos decir que la disposición se realiza como si leyésemos horizontalmente un texto, como si se tratase de un jeroglífico. De hecho, las figuras egipcias atienden también a este principio o convencionalismo estandarizado: una iconografía supeditada a la expresión de ideas con actitudes hieráticas en las que el rostro no desprende ninguna expresión. Cumplen, aquí también, el canon propio de la perspectiva aspectiva o ley de frontalidad egipcia, apareciendo el cuerpo de frente y de perfil al mismo tiempo. En este caso, la cabeza de lado, los ojos como si estuvieran vistos de frente. La mitad superior del cuerpo, los hombros y el tórax, también de frente, viendo cómo cuelgan los brazos del tronco. Y los pies de perfil con el dedo gordo en primer término, como si tuviera dos pies izquierdo. Una pintura que se adhiere al soporte mural utilizando la técnica del fresco (revoque de cal húmedo y colores disueltos de agua de cal). En este caso fue necesario retocarla después con huevo (al temple) para conseguir mayor saturación y pureza.

La pinturas de la tumba de Ramsés I no podían tener otra temática que no fuese religiosa, considerando su protagonismo en el mundo del Antiguo Egipto, y sobre todo, donde se insertan, lugar en el que la vida del más allá era de capital importancia. Así, la escena que presenciamos es un pasaje del llamado Libro de los muertos en el que Osiris (dios de la resurrección) asesinado por su hermano Sed, resucitó gracias a la momificación que le practicó Isis (madre de los dioses, hermana y esposa de él) con Anubis (guía del alma de los difuntos). Horús (rey de los dioses representado en el halcón) vengó su muerte y restituyó el orden y recuperó el trono de los dioses proclamándose su rey. De ahí que el faraón-dios se identificaba con Horus durante la vida y con Osiris en el momento de la muerte, por lo que se creía en su resurrección siempre que se pudiera disponer de su cuerpo; así las ofrendas y la momificación en el que el alma del difunto (Ka) debía volver al cuerpo en el momento de la resurrección. La finalidad, por lo tanto, es de carácter religioso-mitológico, además de contribuir al servicio áulico ensalzando en este caso la persona de su monarca. En un sentido era una parte de toda la parafernalia que rodeaba al faraón difunto dentro de la pirámide y, en otro, pretendía dar fe de todo el ritual. Existen precedentes con ciertas similitudes en culturas anteriores como la minoica, e influencias posteriores al arte bizantino y románico en cuanto a la factura (predominio del mensaje). Pero es de destacar el detalle de la perspectiva aspectiva que servirá de inspiración para el estilo cubista del siglo XX.

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