La utopía de Mil Colinas

Escribí para la ONG con la que he colaborado este verano un reportaje con el mismo título que lleva este post. Me hubiera gustado encontrar otro, pero no se me ocurren palabras que definan mejor la historia que he vivido con ellos y, sobre todo, la realidad que significa esta asociación fundada por una incansable educadora social llamada María Fernández.

Sin duda alguna Mil Colinas es un esfuerzo solidario por parte de todos quienes la integran. Es una apuesta ciega por la educación sin ningún tipo de reservas. Jamás he conocido a nadie que creyese tanto en un proyecto de este cariz como ellos, que pensara que la cultura es una llave sin debilidades ni fisuras con la que conseguiremos cambiar el mundo.

Safari y un grupo de alumnos de Primaria.

Safari realizando actividades con alumnos de Primaria (Rukara, 2014)

Uno está acostumbrado a otra cosa. Vengo de España y de mi maltrecha y maltratada educación pública. Vengo de un sitio en el que ni hay patrón de barco ni marineros que nos la juguemos defendiendo a nuestros iguales. Vengo de lugares que a veces huelen a rancio y otras a hombres mutilados en las derrotas más tristes que se hayan presenciado. En definitiva, vengo, de allí donde se parten de las mejores condiciones para ganar la guerra y, como la Armada Invencible de nuestro rey Felipe II, volvemos desarmados los cuerpos abatidos que perdieron las naves en la tormenta de la burocracia, de la pedagogía absurda, en una sociedad funesta, gris, de valores reprobables. Como dijo Pérez-Reverte en aquella magnífica entrevista que le hizo Jesús Quintero, el Loco de la Colina: «si los de abajo supieran quiénes nos gobiernan, huirían como ratas del barco que se hunde». Y no me refiero en este caso a los políticos. Hablo de nosotros mismos, lamentablemente.

Apoyo escolar en Mil Colinas (Ruanda, 2014)

Apoyo escolar en Mil Colinas (Ruanda, 2014)

En cambio aquí en Rukara, donde se ubica esta ONG, las circunstancias son las peores para iniciar batalla. No doy crédito a lo conseguido en esta ciénaga inundada de historias truncadas por el odio, la sinrazón, la incultura. Historias que parten el alma y a la vez son ejemplo para cualquiera que pretenda vivir con dignidad y afán de superación. Si no, cómo se explica que estos chavales que sufren el hambre (sepamos bien qué es esto porque en Europa no tenemos hambre, tenemos apetito), enfermedades incurables como el sida, otras como la malaria, epilepsia, discapacidades físicas y psíquicas… En un país donde la mayor parte de la población se dedica a actividades agropecuarias de escasa rentabilidad. Como digo, ¿cómo se explica que en tales condiciones pueda uno ver a personas que luchan valientes por una educación que les saque de esta miseria? ¿Seríamos capaces nosotros de sobreponernos a semejante realidad y continuar nuestra formación cuando con el mínimo tropiezo saltamos de esta barcaza para orillar en la isla de nuestro abandono personal? ¿Tendríamos la fuerza suficiente como para creer que un libro puede librarnos del destino que nos ha marcado con fuego un futuro desolador en uno de los países más pobres y abandonados del mundo? Me temo que no hace falta que responda.

El grupo de Secundaria con María Fernández a la cabeza

El grupo de Secundaria con María Fernández en el centro (Rukara, 2014)

A María no le gusta que personalice esta historia en ella, y aunque es cierto que algo tan grande es imposible que sea responsabilidad exclusiva de un solo hombre, incluso de una sola mujer (nada se ha dicho de los sobrehumanos), como una líder silenciosa, ella es el corazón de Mil Colinas sin que a nadie le quepa un atisbo de duda. El motor que arrastra al resto del conjunto es esta joven madrileña que no se rinde ante nada y que no sabe cuánto agradezco que el periodista Antonio Pampliega pusiera en mi camino cuando le dije que quería visitar algún proyecto africano. Ella ha sabido sacar lo mejor de cada voluntario o colaborador que se haya acercado a la organización. Después de conocerla, uno llega a la conclusión de que es difícil poder imaginarse que exista gente de este tamaño y de tan enormes valores humanos. Es verdad que el equipo compuesto por Safari, Angelique y Olive posee una gran calidad como educadores y como personas, pero cualquiera que no se ciegue verá fácilmente que María los hace mejores. Nunca le oí quejarse por nada, convierte las carencias en meros contratiempos, cuando no en virtudes, pues solo le ve el lado positivo a los obstáculos. Y sobre todo, siempre está dispuesta, se puede cargar de trabajo hasta la extenuación.

Grupo de trabajo de Mil Colinas en Rukara.

El equipo de trabajo de Mil Colinas en Ruanda: María, Angelique, Olive y Safari (2014)

Hace varios años viajó a Rukara donde conoció a la Hermana Superiora de la congregación de los Sagrados Corazones, Teresa Cànaves, otra heroína, y se quedó sorprendida de la situación en la que vivían los niños. Luego la suerte quiso que se cruzase en su camino Jesús Chamorro, un empresario leonés involucrado ya en este tipo de causas. Ambos se lanzaron al abismo que supone levantar una ONG en tales condiciones y sin ningún tipo de ayuda. María dejó su casa y su empleo en 2010 para venirse a África con el sueño de poner en macha todo este tinglado. Cuando escucho lo que ha sido capaz de combatir me siento tan diminuto; como del tamaño de la cabeza de un alfiler. Se ha enfrentado con la administración del país en múltiples ocasiones, no obstante la situación aquí no está completamente legalizada y corre el riesgo de que las autoridades puedan, en algún momento, pedirle responsabilidades sobre lo que está haciendo; lucha contra la maldita burocracia, contra los bancos, con los directores de los colegios; y, sobre todo, sigue empeñada en cambiar la mentalidad de unas familias que no comprenden el papel que significa la ilustración para sus hijos.

Sin embargo, aún hay algo aún más importante en el papel que María desarrolla: convierte la utopía en realidad. Y lo escribo convencido porque ambos, ella y yo, partimos de puntos opuestos, y por eso la admiro. Cree a ciegas en las personas, sin excepciones. Alguien que piensa que puede transformar ciertos convencionalismos regalando valores humanos dignos de elogio, en una sociedad como la ruandesa, azotada por el genocidio de 1994, con el atraso histórico que arrastran, en las situaciones de pobreza que sufren, de censura impuesta por un gobierno dictatorial, con el peso de las prácticas más obsoletas de la religión católica, cuando no de las creencias indígenas… Alguien que tiene fe en todo esto es, sin duda, un ingenuo; aunque María y Mil Colinas han dado muestras evidentes de que los ingenuos somos el resto del mundo.

María y un alumno de Secundaria de la organización (Rukara, 2014).

María saluda a uno de los alumnos de Secundaria de Mil Colinas.

En suma, Mil Colinas les da una nueva oportunidad a los niños, no solo de formación. Ofrece un lugar donde pueden sentir el afecto que no encuentran en sus familias, un lugar de pertenencia. Construye un hueco a quienes el sistema les ha expulsado fundamentalmente por razones económicas; o por motivos de capacidad, pues también los hay con serias dificultades de aprendizaje.

La siembra de la semilla de la educación comienza a dar sus frutos incluso en estados de sequía y tierra yerma. Con un sistema académico que margina y excluye, con una realidad que no deja ningún resquicio a lo humanístico, con escuelas sin libros. ¡A una sociedad sin libros no se la puede juzgar! No podemos olvidar que su idioma, el kiñaruanda (o kinyarwanda), no fue escrito hasta que fue colonizada por los llamados padres blancos, belgas y alemanes, en el siglo XVIII-XIX. La transmisión cultural era eminentemente oral.

Por todas estas razones no puedo dejar de creer que he vivido en una utopía, una realidad que no tienen lugar en ninguna otra parte del orbe. Y sin embargo, existe en Mil Colinas. Y está en Ruanda.

Agradecimientos:

Quiero agradecerles todo lo que hicieron por mí, por el trato y el cariño. En especial a María, pero también al resto: Angelique, Olive y Safari. A las Hermanas del Sagrado Corazón con Teresa al frente, pero sin olvidar a François, Josee… A las familias de los niños que me permitió entrar con mi cámara mostrándoles su pobreza, pero a la vez con una dignidad impecable. Y en general a todos los ruandeses porque siguen regalándome una imagen de África tan maravillosa y distinta a otras lugares que siempre resulta tan difícil explicar.

Foto: Un columpio con el fondo del jardín de Mil Colinas (Ruanda, Rukara, 2014).

8 Comments La utopía de Mil Colinas

  1. Jesús

    hay personas cuya mirada hacen más grande lo observado, y si además pueden contarlo así…mucho mejor, la tuya no es una mirada testifical, sino “una mirada que forma parte”

    mucho ánimo para continuar buscando, rebuscando, mirando, contando y compartiendo

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  2. Beatriz Juan

    FELICITACIONES MARIA A TI Y A TODOS LOS QUE PARTICIPAN DE ESTA OBRA!!! Si hubiese mas personas como Uds.,en este mundo habria menos injusticias y mas amor y alegrías compartidas.GRACIAS por el ejemplo de vuestras vidas…..
    Seguro que Jesús les está diciendo y les dirá.. Venid, bendecidos por mi Padre, porque tuve hambre y me disteis de comer, tuve sed y me disteis de beber, estaba desnudo y me vestisteis ….etc.etc.Evangelio de San Mateo Cap.25 v.31 al 40.

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  3. Rafa.

    Gracias a todos por vuestros comentarios. Es un placer saber que a la gente le interesan estos temas. Además de un motivo para seguir haciéndolo, pues a veces pensamos que todo está perdido. Gracias de nuevo.

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  4. Rafa.

    Hay batallas perdidas, María. Basta echar la vista atrás. Pero ya os lo dije en el libro de visitas, eso no es óbice para abrazarlas. Creo.

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