La rapada de Capa

Una de mis fotografías preferidas de la segunda Guerra Mundial y de Robert Capa es esta rapada de Chartres. Imagen dura donde se aprecia la oscuridad de la condición humana, lo más deleznable del hombre, la historia que encierra es digna de conocerse, sobre todo si su análisis está realizado con el mimo y la diligencia con la que esta alumna elabora sus trabajos. Decimotercera entrega de Imágenes para la Historia.

FOTO: Robert Capa —La rapada de Chartres (Francia, 1944)

FOTO: Robert Capa —La rapada de Chartres (Francia, 1944)

La segunda Guerra Mundial fue el escena- rio de las mejores imágenes de un Robert Capa (Budapest, 1913) ya maduro. Poco tiempo después fundaría la más prestigiosa agencia de fotoperiodistas (Magnum Photo, 1947) junto con Cartier-Bresson y David Seymour.

El húngaro se encontraba en Francia cubriendo el desembarco de Normandía cuando lo avisaron de la celebración de unos juicios populares en agosto. En La Tondue de Chartres una joven recibe hu- millación pública tras la liberación francesa del nazismo. Se llamaba Simone Touseau, tenía 23 años y un bebé. George, su padre, camina delante con sus pertenencias en una bolsa; y su madre, Germaine, sufre también el mismo trato. Había sido acusada de «colaboración horizontal»; esto es, mantener relaciones sexuales con los alemanes. Condenada a prisión y a diez años de «degradación nacional» (pérdida de todos los derechos civiles), murió en 1966 entregada a la bebida. El hijo que aparece en la fotografía cambió de identidad para no ser reconocido, pues la imagen fue rápidamente publicada en la revista Life junto a un artículo titulado: The Girl Partisan of Chartres.

Francia había sido dividida en dos zonas por Adolf Hitler: una, la de la costa occidental era gobernada directamente por Alemania; mientras que la ocupada en el área este con capital en Vichy fue administrada por el gobierno colaboracionalista del Mariscal Phi- lippe Petain. La Resistencia francesa quiso vengarse de los que habían simpatizado con los invasores. A veces eran sometidos a eje- cuciones, vejaciones y torturas. Uno de los grupos más afectados fue el de las mujeres, llevándose a cabo métodos inhumanos de degradación. Muchas de las víctimas ejercían la prostitución con soldados alemanes. En ocasiones habían utilizado este medio para poder mantener a sus familias, pues sus maridos se encontraban en campos de trabajo, o simplemente, no tenían nada para comer.

Es el instinto de supervivencia lo que nos obliga a actuar en contra de nuestros principios e ideologías, y lo que es capaz de poner a prueba nuestros propios límites. Como dijo Gerda Taro: «Cuando piensas en todas las personas buenas que han muerto te das cuenta que, de algún modo, es injusto seguir con vida». Es posible que fuese igual de duro pertenecer al bando de los vencedores como al de los vencidos.

2 Comments La rapada de Capa

  1. Carmen Vivas

    Quisiera decirle que me pareció muy interesante esta forma de trabajar y la manera tan sutil de despertar el interés por la historia.

    Esta semana, nada más empezar el nuevo curso, ya sabe que me he encaminado por la rama de la salud, en el primer tema de TBE me he acordado mucho de usted ya que, hemos tenido que buscar información sobre dos grandes personajes de la historia de la enfermería directamente relacionados con la Guerra de Crimea y la Primera Guerra Mundial, así que aquí me tiene dándole de nuevo a la historia.

    Muchas gracias por todo lo que me ha aportado y decirle que para mi siempre será uno de los buenos de los que habla Pérez Reverte.

    Un gran abrazo y hasta siempre.

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    1. Rafa.

      Gracias por sus palabras, Carmen. Fue un enorme placer tenerla en el aula. Es usted (junto con Javier) un ejemplo para todos nosotros. Ojalá ese afán de trabajo, esfuerzo y sacrificio fuesen universales en las escuelas españolas. Otro gallo cantaría. Un abrazo fuerte.

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