La mirada

Desde muy pequeño siempre sentí gran atracción por la imagen. Me gustaba dibujar sobre todo monstruos. Debí de heredar esta predilección de mi abuelo materno quien dominaba la pintura y tenía cursos de dibujo y de ilustración comercial. Siempre fui bastante creativo, recuerdo que andaba todo el tiempo inventando la manera de cómo cambiar el aspecto de la bicicleta o el monopatín. Mi preocupación por lo estético ha sido una constante en mi vida y de un modo u otro lo sigue siendo. Pero más allá de que me atrape el mundo del diseño o del arte figurativo en general, el descubrimiento de la fotografía fue un momento muy importante en mi vida.

Existen numerosos autores que han reflexionado acerca de la fotografía y poseen magníficos tratados, trabajos y artículos que pueden ilustrar mucho mejor qué es. Desde Cartier-Bresson hasta Robert Frank, pasando por Roland Barthes, John Szarkowski, Stephen Shore, Susan Sontag, o el último libro leído de Eduardo Momeñe (La visión fotográfica) en cuyas páginas nos desgrana el sentido de esta práctica. Pero cada fotógrafo tiene una experiencia personal con ella.

Un reflejo de luz solar o una sombra sobre un camino, un roble castigado por el tiempo o una piedra cubierta de musgo pueden desencadenar una serie de pensamientos y sensaciones e imaginaciones pintorescas.

Henry Fox Talbot, fotógrafo.

En 2005 cuando estaba preparando las oposiciones para el cuerpo de profesores de Enseñanzas Medias, pasaba largas horas pegado a la pantalla del ordenador y no eran todas dedicadas al estudio de la Historia. A mi pareja le habían comprado una Kodak digital, un juguete al que le daba mucho más uso que ella. En combinación con Photoshop, perdía muchas horas en foros y web para conocer el mecanismo de las cámaras, la composición de las imágenes, qué era aquello de los pixeles, la profundidad de campo, y en definitiva, el nacimiento de la fotografía digital. Entre OjoDigital y DeviantArt a veces se me iban mañanas enteras.

El hombre medio no muestra especial interés por el mundo. A él ha venido y en él se ve obligado a vivir, y no tiene más remedio que afrontar este hecho lo mejor que pueda y sepa; cuanto menos esfuerzo exija, tanto mejor. Mientras que la absorbente empresa de conocer el mundo requiere un esfuerzo gigantesco y una dedicación absoluta. La mayoría de la gente tiende más bien a desarrollar habilidades contrarias: mirar para no ver y escuchar para no oír.

Ryszard Kapuściński, periodista.

Las oposiciones no salieron a la primera, y eso fue lo mejor que pudo ocurrir. Más tarde entraría como profesor interino recorriendo algunos lugares de la geografía andaluza, pero a lo que más provecho saqué fue a dedicarme al estudio de la fotografía mientras avanzaba puestos en la bolsa de empleo. Poco a poco, además de saber qué es el obturador, empecé a acercarme al trabajo de los fotógrafos legendarios de la Agencia Magnum como Robert Capa, Cartier-Bresson, Elliott Erwitt, Marc Riboud, y de otros muchos como Gisele Freund, Eugene Smith, Don McCullin, o algunos más recientes y cercanos como Steve McCurry, James Nachtwey, Sebastiao Salgado, Enrique Meneses, Gervasio Sánchez, Álvaro Ybarra, Walter Astrada. Enseguida comencé a construir una biblioteca fotográfica que me hablaba de un tipo de entender el mundo al que me llevaron estos autores. Una visión romántica de la vida que consistía en recorrer el planeta para tratar de comprender cómo era.

En el encuentro está la magia de la vida
y una de las bases del conocimiento.

Alberto García-Alix, fotógrafo.

En 2006 hice varios cursos en la escuela de Apertura donde me propusieron hacer un viaje a Marruecos. La idea era elaborar un tríptico de publicidad turística para Chefchauen, uno de los pueblos que posiblemente sea en la actualidad de los que reciban más visitas de extranjeros. Sin embargo, nosotros estuvimos conviviendo con las gentes del lugar para acercarnos a su realidad. Aquello siguió alimentando mis ganas de saltar por la ventana de la habitación en la que tantos años había estado encerrado, encorsetado en un esquema vital tradicional, planteando un futuro familiar anclado siempre en el mismo lugar.

Ser fotógrafo no es sólo una manera de ver el mundo sino también de estar en él.

Jose Manuel Navia, fotógrafo.

Aunque en 2007 me llamaron para dar clases, nunca volvería a ser el mismo. Había comprendido que la Historia también se encuentra en la calle, y que viajar era tan necesario como leer. Y viajé. Lo hice con el pretexto de llevar una cámara de fotos colgada al hombro, ya fuese para visitar exposiciones y perseguir los trabajos de otros, como para entrar en los hogares de personas que viven en otro mundo. La fotografía, como hace poco escuché a Manel Úbeda, es una excusa. Me gusta la sensación que produce haber sacado una imagen que se quedará para el recuerdo, pero lo importante es todo lo que rodea a esa foto, que no es más que la consecuencia de querer hacerla. Cuando me subí a un avión solo por primera vez, fue para visitar Barcelona y sus museos de fotografía. Cuando estuve en Cuba y paseaba con Jose por las calles de Santiago, hice más de mil quinientas fotos, pero lo que me traje fue un conocimiento cercano de lo que significa el comunismo. En Ruanda, Palestina o en el Sahara Occidental, me acogieron personas para contarme cómo viven y cuáles son sus problemas, a veces porque pensaban que mi cámara podría ayudarles. No viajaría solo si no fuese por mi cámara y mi cuaderno; ambos se complementan. Caminar es un acto reflexivo en el que cojo notas con ambas herramientas. Después viene lo de cómo quitarme ese peso de encima. Tratar de colaborar transmitiendo en mis clases sus testimonios, sus vivencias, sus dificultades. A través de proyectos personales o colaboraciones con otras personas que están siendo sin duda de lo que más satisfecho me siento de este blog.

Todo lo que has visto no dura más de tres o cuatro segundos.

Francesc Català-Roca, fotógrafo.

En definitiva, ¿qué quedará de todo esto al final del trayecto? Un registro de mi mirada personal. Mi manera de ver el mundo almacenada en unos cuantos textos y en miles de imágenes.

**Niños de la aldea de Alenga en Uganda (2012) en la imagen de cabecera.

2 Comments La mirada

  1. Anónimo

    Dicen de la pintura que es la fotografia que quisiera hacerse. Para mí la mayoría de las fotografias que he hecho ellas me han buscado a mí (yo no contaba con hacerlas hasta que aparecieron). Con la pintura es al contrario (yo doy luz a una idea que hay en mi cabeza)…

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    1. Rafa.

      Sí, yo también lo creo. Hay una charla muy interesante entre Jose Manuel Navia y Samuel Aranda en la que el primero habla del concepto de “sacar” la foto. La idea de que se sale a cazar. Es muy de Bresson. Precisamente el libro de Momeñe que cito comienza así: quieres ser Bresson o quieres ser Avedon. Gracias por el comentario, Anónimo 😉

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