#La hormiga y el elefante don Francisco

Sí, al parecer siempre corretearon caprichosas las neuronas dentro de mi cabeza. Pocas o muchas, lo que no puede negarse es que se mueven con alegría y a veces me dejan conexiones aparentemente inverosímiles que sólo ellas saben cómo cocinar. Me las imagino cogidas de la mano, danzando a su antojo, relacionando ideas, y como digo; a veces de lo más disparatadas. Como la última, que en seguida paso a relatarles, porque ¿tendrá algo que ver el chiste de las hormigas y el elefante con la situación del sistema escolar? Vamos, con lo que se vive en las escuelas e institutos.

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Imagen: Forges

Pues el caso es que el otro día volvía de ver cómo Aito escalabraba al Unicaja en su último partido como entrenador del equipo malagueño, cuando mi amigo Pedro me contó ese chiste…

Estando en la selva africana, una comunidad de hormigas que vivían en el subsuelo; con sus grandes carreteras para sus coches de hormigas, sus bloques de hormigas fabricados por la mayor de las empresas de construcción de la zona, cuyo dueño era el señor Hormigón –claro-. Como decía, con sus puentes, sus túneles iluminados, sus pilares bien hechos, todo digno de la más alta ingeniería y más exquisita arquitectura del mundo de las hormigas. De repente, llegó el elefante don Francisco y de dos pisotones derribó la magnífica ciudad de las hormigas. Miles de ellas murieron, otras quedaron tullidas y tuvieron que recuperarse en los hospitales de las hormigas, y el resto lloró lo ocurrido como la mayor catástrofe jamás recordada.

La reina hormiga, intentando consolar a su pueblo, comenzó a procrear de nuevo para levantar otra vez la ciudad. Nuevas carreteras se hicieron, vías de tren. El AVE de las hormigas comenzó a funcionar. Se alzaron nuevos puentes, columnas y pilares más poderosos que los de las hormigas de la China; de hierro, más potentes que los anteriores de madera de baobá. En solo 9 meses las hormigas habían levantado toda una ciudad, mucho mejor preparada y resistente que la anterior.

Pero nuevamente su gozo en un pozo. Un día el elefante don Francisco hizo acto de presencia otra vez. Y otra vez, de dos pisotones destruyó la ciudad de las hormigas mandándola al carajo como en la ocasión anterior. Y la reina, afligida como nunca se la había visto, reunió un consejo urgente de sabias hormigas que se celebró en la plaza principal, uno de los pocos lugares que quedaron a salvo. El consejo estaba compuesto por trancas y barrancas del programa de moda: ‘El hormiguero’, también estaba Z de la película ‘Antz’, y la hormiga del cuento de ‘La cigarra y la hormiga’, y algunas más que tampoco se distinguían realmente porque eran todas iguales. Salvo la hormiga atómica que llevaba casco. Entre sollozos dijo la reina: «Lo siento, pero yo no puedo seguir procreando y ver cómo mis hijas mueren cada vez que llega el elefante». Alguien desde la lejanía gritó: «¡Acabemos con el elefante!». Y todas gritaron: «¡E-le-fante! ¡Ma-ri-cón! ¡E-le-fante! ¡Ma-ri-cón!». Y la hormiga atómica, impetuosa y heroica, tomó la palabra y se dirigió a la muchedumbre hormiguera: «Querido pueblo de hormigas; he encontrado la fórmula de derrotar al elefante… Una sola de nosotras no podrá con él, pero todas juntas a la vez sí. Propongo subirnos al baobá para precipitarnos súbitamente sobre nuestro odiado paquidermo.

Como decía, estaban expectantes todas las hormigas subidas a las ramas de baobá cuando de repente apareció el elefante don Francisco. ¡Ahora! –gritó la intrépida hormiga atómica-, y todas cayeron sobre el lomo del animal. Sin embargo éste, comenzó a sacudirse con tal fuerza que apenas quedó sobre el cuerpo una sola de las miles de hormigas que se precipitaron. Ésta se sostuvo como pudo enganchada de su cuello y desde el suelo se oyó gritar: ¡Ahógalo! ¡Ahógalooo!

Se rían o no con este chiste, lo cierto es que si lo reflexionan tiene mucho que ver con la situación de la enseñanza. Pensando estoy en patentarlo como fábula, sinceramente, pienso que es mucho mejor que la de ‘La hormiga y la cigarra’. Pues aunque no lo crean, mis neuronas caprichosas tampoco van muy desencaminadas cuando comparan a los personajes del chiste con la situación del fracaso escolar.

Ya sabrás, lector sagaz, quién es quién a estas alturas del cuento. Evidentemente, las hormigas somos los que nos dedicamos a esto, los profesores que por mucho que queramos ni cosquillas podemos hacerle al elefante que son muchas cosas: la ignorancia del ciudadano, la estupidez de los políticos y sus leyes educativas, la superprotección y el consentimiento de los padres, la publicidad y los buitres de la TV que venden y venden, como el modelo de consumo, la globalización, algunos iconos del fútbol, algunas fulanas del corazón… Tantísimas cosas que nos aplastan cada vez que intentamos reconstruir el juicio crítico, los valores de respeto, la creencia en el trabajo, el esfuerzo, el sacrificio, el gusto y el placer por leer, por conocer, por viajar, por descubrir, por saber.

A veces –tantas veces- me siento como esa hormiga que cuelga del cuello del elefante, esa hormiga a la que le gritan desde la multitud que estrangule al animal. Quién sabe, quizás mis neuronas se hayan emborrachado de tanto estudio. O quién sabe, quizás tengan razón. De todas formas, sirva esto como un desahogo, sin ánimo de cambiar nada. ¿Qué puede hacerle a un elefante una hormiga colgada?

Publicada en blogspot en 21/1/2011

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