La grandísima belleza

Cuando escribí La pena para este blog (o sin ningún motivo real porque a veces se hacen las cosas porque sí), una alumna preguntó de dónde sacaría yo esas historias. Bueno, lo que uno deja sobre el papel es el producto de un cóctel de vivencias, lecturas, cine, reflexiones… En mi caso, la película La gran belleza de Paolo Sorrentino fue una auténtica inspiración por varias cuestiones.

Definir este filme es complicado porque me resulta una poesía en sí, y las poesías se pueden explicar, pero entonces no se sienten. Te genera dudas (últimamente comienzo a estar más convencido de que las grandes creaciones son eso; preguntas en forma de novelas o de lo que sea… Como decía Diane Arbus sobre sus fotos, que eran eso: preguntas). Me refiero a esas obras que te empujan a planteamientos profundos que como tales son complejos de resolver. No en vano se ha escrito toda una historia de la Filosofía en torno a ellos. Y quizá sea eso, que no se pueden dilucidar.

En este sentido se me vienen a la cabeza varias cuestiones (disculpen la digresión). Lo primero es que no todo el mundo se hace este tipo de preguntas y por eso preferirá ver otro cine, otro entretenimiento. Cierren esto y huyan… Pero volviendo a lo de antes (eso de expresar dudas en vez de convicciones) Bertolt Brecht decía «Si la gente quiere ver sólo las cosas que pueden entender, no tendrían que ir al teatro: tendrían que ir al baño». También recuerdo que yo solía explicar la Historia con una metáfora… una corbata. Me dirigía a mis alumnos y seguro de mí espetaba: la Historia es como una corbata, no te sirve si no llevas camisa. La Historia no te sirve si no te haces preguntas.

Regresando a la cinta que nos ocupa. El gran Jep Gambardella (Toni Servillo) nos habla de la nada. Se recrea en ella. Y lo hace de un modo admirable. Si al final de todo llegamos a este concepto del que Gustave Flaubert intentó escribir una novela como nos comenta nuestro protagonista, estamos ante una obra colosal. Una obra colosal que he visto varias veces ya.

Pero dirijámonos a cuestiones más cercanas (en principio). ¿Han visto cómo empieza? A la pregunta —dice el periodista— tan infantil de qué es lo que más te gusta en la vida… yo respondo que el olor de las casas de los viejos. Estaba —continua— destinado a la sensibilidad, estaba destinado a convertirme en escritor… Coqueteen con el vídeo que he subido y déjense seducir. Ya sabéis lo que decía Antoine Saint Exupery en El Principito: «He aquí mi secreto, que no puede ser más simple: sólo con el corazón se puede ver bien; lo esencial es invisible para los ojos».

La gran belleza es una película decadente, pero a la vez cautivadora y preciosista. Magistral. Hacen falta algo más que arrugas para comprenderla. Antonio Machado tiene un poema en el que dibuja el arte como si fuera un juguete. Y tenía razón, lo es. Por cierto, la banda sonora de Lele Marchitelli es el remate. Háganse un favor, no se la pierdan.

Comentarios

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.