La cruzada de Beckman

Me cayó en las manos cuando tenía unos 12 años y pocas ganas de leer. Es curioso, aún tengo en la memoria -ha llovido mucho, sobre todo últimamente- cuando El Barba, o sea, don Cristóbal, el profesor de lengua, escribió en la pizarra varios títulos para que eligiésemos cuál queríamos. No sé por qué, desde el principio me llamó la atención éste. Luego terminaría también leyéndome los demás; pero Cruzada en ‘jeans’ es de esos libros a los que le tengo cierto cariño. Estaba en sexto, séptimo u octavo de EGB.

Estos tres cursos los recuerdo prácticamente iguales salvo por detalles importantes como que en sexto empezó a apasionarme el baloncesto, en séptimo salí con la más guapa del 7ºC y en octavo fue el año de las fiestas y el viaje de fin de estudios (hoy día se hacen viajes por cualquier cosa). El caso es que el libro me lo leí rápidamente porque me engachó desde el principio. La historia de un chaval que entra en una máquina del tiempo y aterriza en la Edad Media, cuando yo no sabía qué narices era esa edad, ni que luego en la carrera me iba a dar cuenta de que la Edad Media era tan larga que mejor no pensar que hubiese sido entera. Su protagonista, Rudolf Hefting, fue a parar a las cruzadas medievales, la de los niños, conviviendo como uno más entre ellos. Es decir; un chaval del siglo XX, como yo, en el siglo XIII. Y un hecho histórico real el de las cruzadas de los niños de 1212.

Y siguen las curiosidades. Me recuerda al libro del que hablaba Edgar Allan Poe en la introducción al Escarabajo de Oro y otros cuentos en la editorial Anaya (recomiendo encarecidamente esta lectura). El libro lo doné a una especie de mercadillo que se hizo en el colegio para recaudar fondos para el viaje de (fin de) estudios. Luego he aprendido que los libros son como los perros: el mejor amigo del hombre, y por eso no se abandonan. La cosa -esto sigue- es que lo echaba de menos, y un día, viendo a mi compañero Pedro, uno que se dedicaba a otros menesteres, pensé que él no lo echaría de menos como yo. Se lo pedí y me lo dio. Eso sí, con dibujos de esos que pasas las hojas muy rápido y son muñecos que se mueven, o sea, dibujos animados. Tiene un surfero cogiendo una ola grandísima y un skater que se cae del monopatín al saltar. A Pedro no le gustaba leer, pero sí hacer surf y patinar. Cada uno a su rollo. Ahora, siempre que le presto el libro a un alumno le cuento quién es su verdadero dueño.

En fin, Cruzada en ‘jeans’ sigue joven, enganchando a mis alumnos a leer, haciendo disfrutar del placer de viajar sin billete, sin destino fijo, dejándote llevar, incluso al siglo XIII. Es muy especial para mí y por eso os lo recomiendo. Además, a muchos ya sé cuánto os ha marcado.

Cruzada en ‘jeans’ de Thea Beckman. Editorial SM.

Comentarios

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.