Historia del Mundo contada para adultos (VII)

Como íbamos diciendo, estamos en el siglo XVIII y Europa, especialmente Gran Bretaña, está sufriendo una serie de cambios económicos con trascendencia en otros ámbitos (sociedad, política, economía, etc.). Además, una serie de filósofos y estudiosos (precientíficos en el sentido moderno del término) comienzan a poner en tela de juicio los principios asumidos hasta el momento haciendo uso exclusivo de la razón. El resultado era de cajón: crisis del Antiguo Régimen y cambios (revolución).

Las viejas estructuras que ya definimos en apartados anteriores (absolutismo, sociedad estamental, mercantilismo, etc.) poco a poco van a ir resquebrajándose cuando la burguesía, esto es, los empresarios, protagonistas de la acumulación creciente de riqueza (cada vez mayor con la industrialización y el aumento de la producción); como digo, cuando esta burguesía lidere las manifestaciones y revueltas callejeras que usurpen el poder y supriman los antiguos privilegios a la nobleza y al clero, reduciendo asimismo la preponderancia de la monarquía. Recuerden, división de poderes, soberanía nacional y todo eso.

En Inglaterra (muy adelantados siempre) le cortarán la cabeza al rey Carlos I en 1649 por no aceptar la autoridad de la Ley. Un episodio sin precedentes en la historia y con escasos ejemplos posteriores. Y una delicia cómo es narrada en un librito llamado Crímenes contra la humanidad, de Geoffrey Robertson. Un acontecimiento propio de países que se erigen como Estados modernos donde el único imperio es el imperio de la Ley (Estado de Derecho). Después vendría la guerra civil y la Inglaterra de Cromwell, la revolución de la Gloriosa (1688), el «habeas corpus», etc. Podemos decir que los ingleses fueron el anticipo de lo que llegaría después, tanto en los cambios económicos como políticos.

En Estados Unidos (otros adelantados) se producirá un doble fenómeno: de una parte se independizarán de la metrópolis londinense (famosa Guerra de Independencia, 1775-1783); de otra levantarán un país democrático. Sí, como lo oyen, una democracia. Cepillándose a toda la población india, manteniendo un Estado de esclavitud y racismo, pero una democracia al fin y al cabo. Es una de las primeras de la historia. Su Carta Magna fue aprobada en 1787 y desde entonces han tenido… ¡sólo una! Con enmiendas como es lógico, pero no la han cambiado. En España hemos estrenado más constituciones en el siglo XIX que reyes; no diría que gobiernos porque sólo con Isabel II tuvimos 509. Pero desde 1808 hasta 1978 han sido en total once. Como saben, iuesei era entonces un conjunto de colonias que pertenecían a Inglaterra. Trece en total y de ahí las trece barras de su bandera. Lo de las estrellas es otra cosa). Después, tras la Guerra de los 7 Años (1756-1763) entre Francia y Gran Bretaña las relaciones se enturbiaron porque los colonos, deseosos de andorrear libres del yugo europeo por las llanuras americanas, apoyaron económicamente a los gabachos. Así las cosas, desde Londres emitieron leyes e impuestos para controlarles más y apenas dos años después, en 1765, la conocida como Stamp Act (Ley del Timbre en inglés) y el monopolio del té provocarían que un grupo disfrazado de indios arrojasen la mercancía de tres barcos cargados de té de la Compañía de las Indias Orientales. O sea, el llamado Motín del té. Tiene su lógica, era un motín, lanzan té al mar, ya saben. También tiene su lógica este tira y afloja entre colonia y metrópolis y por eso Londres responderá de manera represiva (Leyes intolerables) y una cosa llevó a la otra y después de varios boicotes a las compañías isleñas George Washington formó ejército para declararle la guerra a Inglaterra en 1775 que hasta 1783 no termina de hincar las rodillas en un tratado firmado en Versalles. Entretanto se había redactado la Declaración de Independencia (Thomas Jefferson, 4 de julio de 1776) que los yankis celebran con pompa y jolgorio y hacen películas donde aparecen marcianos que pretenden conquistar el mundo y ellos nos salvan porque así se ven los muy imbéciles (cuando les llamo imbéciles no me refiero a todos, sólo unos pocos, suelen ser los que gobiernan y los que se dejan gobernar, bueno, calculen ustedes). También elaboraron la Declaración de Derechos de Virginia (1776) y luego la Constitución que fue aprobada por todos sus estados en 1783. Con su división de poderes, su soberanía nacional, su sufragio universal (indirecto, pero universal) y todos los principios progres que habían aprendido de la ilustración francesa. Comprenderán ahora que, un Estado que se levanta a partir de estos mimbres, con la libertad de quienes no tienen que rendir a las viejas estructuras europeas, tenga a posteriori la mentalidad que tiene. Vean la serie Deadwood (David Milch, 2014), que aunque ambientada un siglo después, recoge muy bien ese espíritu norteamericano de buscarse las habichuelas por su cuenta sin recurrir a papá Estado como hacemos en Europa.

¿Y en Francia? Los franceses lo tuvieron algo más complicado. Hay que tener en cuenta que el rey Sol fue Luis XIV, paradigma del absolutismo. Es decir, concentración de poderes, privilegios para los privilegiados (ya saben, nobleza y clero), de sufragio ni hablar… En otras palabras, en París y en Europa en general, el Antiguo Régimen campaba a sus anchas a pesar de que los filósofos comenzaban a cuestionar el modelo, especialmente por cuestiones económicas, ya que muchos países se habían arruinado por las reales e incompetentes gestiones de sus monarquías, y por un sistema impositivo que ahogaba al tercer estamento, sobre todo a los campesinos sin tierras. El caso es que Francia en 1788 estaba al borde de la bancarrota y de la revolución. La situación era insostenible y cuando Luis XVI reúne a los Estados Generales y se debate que si pagas tú, no que pagas tú, que no que yo ya pago mucho y tal; la burguesía y otros miembros del tercer estamento deciden dar un portazo y se van a un polideportivo para jurarse como únicos representantes de la nación. Esto ocurrió el 20 de junio de 1789 y es el hito histórico con el comienza la revolución: el juramento del Juego de la Pelota. Lo de la Toma de la Bastilla (14 de julio), la cárcel símbolo del Antiguo Régimen fue más publicidad que otra cosa. El único organismo legal convocado por el monarca eran los Estados Generales (representantes de los tres estamentos con carácter consultivo), pero al no ponerse de acuerdo de cómo debían ser las votaciones, el Tercer Estado, viéndose perjudicado, renunció a tal autoridad y de forma paralela comenzaría a construir otro Estado, otra legalidad. Aquí no discutimos si fue justo o injusto, simplemente le damos nombre, y el nombre es ese: revolución. Fue ilegal. Después se afanarían en destruir las viejas estructuras y además de elaborar una Constitución (3 de septiembre de 1791) en la que dejaban fuera a las clases bajas (campesinos y demás chusma), publicarían la abolición del feudalismo o de la servidumbre (4 de agosto de 1789), la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano (26 de agosto) —luego una tal Olimpia de Gouges redactó la Declaración de los Derechos de la Mujer y la Ciudadana—, la Constitución Civil del Clero (12 de julio de 1790) por la se producía la separación entre la Iglesia y el Estado. Entre otros problemas, el miedo de diversos países como Austria o España a que estas prácticas se contagiaran conllevaría una declaración de guerra contra Francia. Eso y que Luis XVI traicionó a su nación tanto como su nación le había traicionado. O dicho de otro modo, el divorcio entre el pueblo y el monarca era inevitable por lo que Luis intentó huir del país (con su esposa María Antonieta) por no compartir tales principios y por miedo a la seguridad de su persona. El tiro le salió por la culata. La caravana en la que viajaba fue interceptada en Varennes cuando intentaba llegar a Austria disfrazado para no ser descubierto. El 21 de enero de 1893 sería ejecutado en la guillotina por similares motivos que su homónimo inglés Carlos. María Antonieta lo fue después de aquella frase célebre de «si no tienen pan que les den pasteles» cuando un pueblo hambriento clamaba alimentos en la entrada de su palacio. El 16 de octubre también probaría la eficacia de la cuchilla. Lo cierto es que casi todo el mundo conocido pasó por la guillotina, miles de muertes llevaron a Francia a una de las épocas más sangrientas de su historia, especialmente con Robespierre… a quien también se le ejecutó en el invento. La revolución se les fue de las manos y en la Constitución de 1793 se aprobó el sufragio universal. Apenas estuvo en vigor porque los tumultos y manifestaciones eran incesantes. El pueblo lo que quería era igualdad económica, el reparto de tierras y mejores condiciones de vida. Esto no entraba en los planes de la burguesía, que aunque todavía no amasaban las riquezas producidas por la industrialización, eran muy suyos con lo del capital. En 1795 se aprobó una nueva Constitución que trataba de poner en su sitio a los revoltosillos, la burguesía echó mano del Ejército para ello y después de cuatro años de intentos, Napoleón Bonaparte se cansó de las buenas maneras y dijo aquí estoy yo. Era un 18 de Brumario (también habían cambiado el calendario estos agitadores), el mes de las brumas, de la niebla, o sea, el 9 de noviembre; cuando se produjo el golpe de Estado que daría paso a un gobierno cada vez más autoritario. Aunque tratando de conservar la esencia de los cambios producidos.

La Europa de Napoleón, los intentos posteriores para regresar al Antiguo Régimen por las potencias de Europa que lo vencieron y de cómo se producirán nuevas revoluciones liberales burguesas en 1820, 30 y 48, lo hablaremos en otro post.

Nota: La imagen de cabecera esta vez es la estatua de la libertad, como saben un regalo de los gabachos (construida por Eiffel) a los americanos para conmemorar su declaración de independencia. O sea, para dar por saco a los ingleses.

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