Historia del Mundo contada para adultos (VI)

Siguen, los historiadores, discutiendo entre otros temas cuántas revoluciones industriales podemos considerar. En la polémica también participan los sociólogos, que para que ustedes me entiendan, son como los historiadores del presente. El caso es que a cada cambio tecnológico —como vimos— se habla de una nueva revolución industrial.

Lo cierto es que, en la primera, el uso de las energías con fuentes inanimadas como le carbón, conllevó grandes transformaciones en todos los terrenos (eso, una revolución); igual que lo haría el petróleo y el motor de explosión en la segunda; creo que en menor medida el uranio y la energía atómica en lo que unos consideran una tercera, y dudas no hay de que la informática e Internet están construyendo un mundo nuevo que aún no acaba de perfilarse. Por eso hablamos de la Globalización y no de un mundo globalizado. Quiero decir que este proceso continúa.

Por ahora, la primera revolución industrial y la segunda son las que nos ocupan en nuestra franja cronológica, siglos XVIII y XIX aprox. En el primer caso, en la Inglaterra del dieciocho se dieron una serie de circunstancias o factores que la hicieron posible. ¿A qué me refiero?

1) A los cambios introducidos en la agricultura que también algunos conocen como «revolución agrícola». En resumen, es un excedente de productos de la huerta que provocó una mejora en la alimentación, un aumento de la población y por lo tanto de mano de obra para la industria, y de los primeros capitales (junto con los de la textil) para invertir en ella. ¿Cómo fue posible? ¿Introduciendo máquinas sofisticadísimas que aumentaron la producción? Nooo. En estos primeros años consiste simplemente en una serie de innovaciones como la rotación de cultivos (utilizar todas las parcelas sustituyendo al barbecho), introducción de otros nuevos como la patata (muy productivos), el uso de abonos, la desecación de algunos campos y nuevo instrumental (arados, segadoras, trilladoras, sembradoras, guadañas). O sea, pequeños cambios y nuevas herramientas que no suponían de una enorme complejidad, pero cuyas consecuencias sí que lo fueron, sobre todo en forma de producción. Repito: producción. Es el aumento de esta lo caracteriza a la revolución industrial y al sistema capitalista que hoy está tan en boca de todos.

2) Por otro lado tenemos a la «revolución demográfica», que seguramente se produjo con antelación al fenómeno industrial, pero que se potenciaría en algunos casos por éste. Es decir, la población creció antes, pero también fue aumentaba por esta nueva producción. Lo que provocó que también se extendieran los mercados y se hiciera necesaria más manufacturas, alimentos, productos de todo tipo. La causa de tan descomunal aumento demográfico (a veces por dos, e incluso por tres se multiplicó la población) fue el descenso de la mortalidad catastrófica debido sobre todo a la mejora en los alimentos (repito, esta es la verdadera razón por la que se redujo la mortalidad). Sin embargo, también contribuyeron a tal efecto los avances en medicina preventiva (vacunas), cirugía con anestesia, microbiología y una nueva consideración sobre la higiene y el aseo personal que junto con los servicios de limpieza y la distribución de agua potable frenaron el número de muertes (Sobre el tema del aseo les recomiendo que me vean o me lean El perfume, una historia que transcurre en la Francia del s. XVIII y que demuestra que éramos unos guarros. Aunque todos sabemos que algunos mantienen las tradiciones). Además de la ausencia de grandes guerras.

3) La instrucción (en nuestra querida Españeta lo llaman educación) es otro de los factores indirectos más importantes que se dieron en esa primera revolución industrial, ya que gracias a él se pudo avanzar tecnológicamente con unos obreros e ingenieros a la altura de la situación. Los escoceses crearon escuelas en sus fábricas; en Francia los escritos de Rousseau también promovieron escuelas e institutos; las parroquiales en EE.UU., etc. Las fábricas requerían personal cualificado en cantidades superiores hasta entonces. Un pueblo de analfabetos apenas podría producir en el campo, de modo que por motivos de índole económica proliferaron todas estas escuelas. No se confundan, eso del amor a las letras y que desde entonces las élites se habían empeñado en alimentar de manera espiritual al pueblo; todo eso es una farsa.

Estos son factores, condiciones que favorecieron que en Inglaterra naciera la industrialización que venimos comentando. Pero no podemos olvidar que fue el cambio tecnológico el elemento más definitorio de este proceso, aunque, como he advertido, no podamos reducir la revolución industrial exclusivamente a él. Y como hemos dicho, la invención se encuentra en la extracción de energía de materiales inanimados, o sea, el carbón. Porque los molinos movidos por el viento o por los ríos, incluso los arrastrados por las bestias, son formas de energía animadas, es decir, están en movimiento. Pero el carbón no. Es la introducción de la famosa máquina de vapor del escocés James Watt (1769) la que transforma la energía calorífica que se consigue con el carbón en movimiento a través de un mecanismo de caldera, cilindro, pistón, biela, cigüeñal, etc. En la industria textil se introdujeron una serie de máquinas para tejer (Lanzadera volante y telar mecánico) e hilar (spinning mule) que impulsaron los avances más rápidos actuando de sector palanca de otros sectores. En agricultura a los abonos y rotación de cultivos y demás debemos sumar la cría selectiva y los arados de acero. En la minería del carbón la ventilación Carliste, la pólvora, el método Cort, las bombas de agua, etc. Pronto, los metales y el ferrocarril se convertirían en otro segmento imprescindible.

En la segunda revolución industrial (desde la década de los 30 y 40 en el resto de Europa, Estados Unidos, Japón) los cambios ahora son más complejos a nivel tecnológico. Debemos destacar una cadena de innovaciones en el campo de la comunicación y de la telecomunicación:

1) En tierra, desde 1870 se terminan los más complejos ferroviarios, con túneles tan importantes en Europa como los de San Gotardo en Suiza. Pero será el campo del automóvil el más destacado. En 1885 se crean los primeros vehículos con motores movidos por derivados del petróleo. Los primeros automóviles nacen de la mano de Mannhein Carl Benz con motor de gas al que se le inyectaba vapor de gasolina. De modo que a principios del s. XX podemos hablar de algunas fábricas automovilísticas en las que despuntan los grandes como Benz, Ford, Chrysler o Citroën. Suponiendo un estímulo industrial y un terreno novedoso de inversión acompañado por la nueva red de comunicaciones. 2) En la navegación marítima o fluvial, el barco de vela es desplazado por el de vapor. Éste  aumentaba la posibilidad de carga y de velocidad. En estos momentos se abren canales tan importantes como los de Manchester (Ship Canal), Kiel, Suez o Panamá. 3) Asistimos al nacimiento de otro campo que explotar, el de la navegación aérea. Los primeros experimentos con globos de aire caliente y gas de finales de siglo XVIII y los zeppelines (Conde Zeppelín, 1896) posteriores no dan los resultados positivos que se esperaban, con los consabidos desastres en el uso militar. Pero en 1908, dos mecánicos de bicicletas, los hermanos Wright, consiguen recorrer casi 20 kilómetros en 3 horas con un prototipo de avioneta que abrirá al mundo los caminos de los cielos para preocupación de quienes no nos gusta despegarnos del suelo.

La transmisión de información también sufre importantes avances. Destacando la Unión Postal, el sistema métrico, la información de prensa, la invención del teléfono por Bell, del telégrafo eléctrico por Morse o de la radio por Marconi.

La consecuencia principal es la formación de una red mundial continental y oceánica que traerá consigo la regulación de los precios, los intercambios y las ventas. Y la división internacional del trabajo con naciones industriales europeas (Inglaterra, Francia, Alemania) rodeadas por un anillo de países proveedores de materias primas como USA y Canadá con sus famosas praderas, India, China y Australia. Y, sobre todo, la división del mundo en países ricos y pobres en el imperialismo del siglo XIX y XX.

Pero la cosa se complica, y una serie de progresos científicos alcanzan repercusiones trascendentales. Hablamos de los estudios sobre la electricidad que suponen el sector palanca de la Segunda Revolución Industrial. Faraday se centra en las leyes de la electricidad y el magnetismo, Maxwell la velocidad de las ondas electromagnéticas, Hertz las ondas que transmiten el sonido o Roentgen el descubrimiento de los rayos X. En la industria eléctrica destaca la evolución de los generadores con imanes a las baterías de corriente alterna y éstas a las de corriente continua. En 1879 la bombilla de Edison desplaza la iluminación por gas. Aparece el primer ferrocarril eléctrico en Berlín (1879) y el primer metro en Londres. Sin olvidarnos de los campos prometedores del telégrafo, teléfono o radio. La industria química se aprovecha de los efectos de la electricidad en este campo: sosa, ácido sulfúrico, fosfatos, nitratos y carbonatos. Colorantes como la malveina o productos sintéticos como el añil. Sin dejarnos atrás la revolución en explosivos con la dinamita de Nobel (1860), mezcla de nitroglicerina y kieselguhr con aplicaciones mineras y militares. En la industria del metal se produce un uso más amplio del aluminio. También destacan los cobres más puros por procedimientos electrolíticos y materiales como el níquel o el zinc. El hierro había sido el pan de la industria, pero convertido ahora en acero por Bessemer con aplicaciones nuevas en la construcción (Eiffel, Puente de Oporto) y armamento (artillería, navíos acorazados, submarinos).

Y de aquí a situaciones inimaginables, ¿verdad? ¿Quién iba a predecir en el siglo XVIII que ustedes y yo estuviéramos intercambiando información sin movernos desde nuestras casas? ¿Quién habría sido capaz de aventurar que nos volviésemos completamente gilipollas, sí, gilipollas, usted y yo, con una maquinita delante de la que pasamos varias horas al día, y lo que es peor, que la hemos introducido de tal modo en nuestras vidas que ya nada tiene sentido si no es por ella.

Nota: En la imagen de cabecera pueden ver al Papa Paco haciéndose un ‘selfi’. Perdón, quería decir al sumo sacerdote realizando un autoretrato con un señor que porta un celular. ¿Se imaginan esta escena en los siglos anteriores? Yo sí. Y nos reíamos del Mocito Feliz.

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