Historia del Mundo contada para adultos (III)

Con la expresión de Ancien Régime difundida en la obra del historiador Alexis Tocqueville (1805-1859) los pensadores de la Francia ilustrada y revolucionaria se referían al conjunto de rasgos políticos, sociales, económicos y jurídicos de Europa entre los siglos XVI y XVIII. Cuando tenga lugar la Revolución Industrial y el enriquecimiento de la burguesía, estas viejas formas quedarán obsoletas y se producirá un cambio a una nueva etapa: la Edad Contemporánea. Esto se conoce como crisis del Antiguo Régimen y la veremos más adelante, una vez sepamos en qué consiste.

En lo político debemos hablar del absolutismo, sistema en el que el monarca posee todos los poderes. En la actualidad, aunque algunos no lo sepan, el rey no gobierna, no posee más competencia que la de representarnos en el exterior y simbolizar la unidad del país. En otros países ocurre más o menos lo mismo. De los poderes en los que se desgrana la política —legislativo (elaborar las leyes), ejecutivo (hacerlas cumplir) y judicial (dictaminar con la ley en la mano qué está dentro y fuera de la misma, o sea, juzgar)— el monarca actual no pinta nada. Sin embargo, en el Antiguo Régimen era el legislador, gobernador y juez, de ahí que se diga que era un régimen absolutista cuyo soberano era exclusivamente el rey. ¿Y por qué? Por derecho divino, era la Providencia la que le otorgaba legitimidad. Claro que en la práctica también estaba apoyado por otros nobles (Primus inter pares o primero entre iguales, ya que él era un noble más). Por estos motivos era imprescindible el favor de la Iglesia, pues la religión siempre ha sido la gran manipuladora de la Historia. Fíjense que los primeros monarcas que aparecieron en Mesopotamia eran reyes-sacerdotes, y si aún les queda duda, piensen si no en los grandes faraones de Egipto. El Islam también entiende de estas cosas. Además, el Estado (conjunto de instituciones de un país) es patrimonial y propiedad de la Corona, el concepto de ciudadano no existía, pues todos eran súbditos del rey. El dominio del monarca era obtenido legítimamente por derechos de conquista y transmitido por herencia, lo que en España se remonta a la Reconquista.

En lo económico predomina la actividad agraria (más del 80% de la población) dentro de una sociedad preindustrial donde la corona regulaba las actividades fijando precios de trabajo y mercancías, tasas, impuestos. El interés se concentraba en acaparar materiales preciosos como el oro y la plata, y procurar que la balanza comercial resultase siempre positiva; es decir, que se vendiera más de lo que se importaba al exterior. Esto se conoce como mercantilismo. Por otra parte, el comercio, aunque era pródigo en productos de lujo como la seda, a grandes distancias era muy exiguo. La tierra no daba mercancía suficiente como para destinarla a tal. Esta economía atrasada tecnológicamente, con predominio del trabajo manual, mantenía una producción reducida que en época de malas cosechas ocasionaba enormes hambrunas y carestías. De ahí que se le conozca como economía de subsistencia. Igualmente hay que considerar la pervivencia de monopolios derivados del régimen señorial sobre el uso de molinos, hornos, lagares, ríos, montes, etc., así como de aduanas señoriales, peajes y derechos preferentes de venta. Lugares todos ellos en los que había que apoquinar si se deseaba hacer uso. Los artesanos estaban obligados a inscribirse en el gremio, asociación de los productores de un mismo oficio residentes en la misma ciudad. Éste concedía las licencias para abrir nuevos talleres, fijaba los precios, salarios, jornadas de trabajo, calidad de los productos, etc. Esta institución evitaba la libre competencia y por tanto obstaculizaba la prosperidad del comercio. Además, la propiedad provenía de los títulos nobiliarios, por lo que la mayor parte de la población no disponía de una buena alimentación, provocando una tasa muy elevada de mortandad, en especial la infantil, que se equilibraba con la cantidad de hijos que nacían (alta natalidad).

Caricatura de los tres estamentos en los que los privilegiados aplastan con impuestos al Estado Llano.

Caricatura de los tres estamentos en los que los privilegiados aplastan con impuestos al Estado Llano.

Respecto a la sociedad, siempre hay problemas para entender esto. La causa es sencilla, nos cuesta comprender otra forma de organización social que distinta a la nuestra, a la actual, a la que se rige por razones materiales. Esto es, como cantaba Manolo García: Tanto tienes tanto vales. Como todos sabemos existen en nuestro mundo distintas clases sociales según la riqueza (y también el reconocimiento), uno puede prosperar en la vida y subir en la jerarquía social; o caso contrario, arruinarse y descender hasta las capas más bajas de la misma. En el Antiguo Régimen no se podía cambiar de grupo porque las razones económicas no eran los argumentos de la clasificación. Los grupos sociales no respondían a motivos de renta o de riqueza, sino de nacimiento. Aquellos que eran descendientes de la nobleza eran personas privilegiadas que no pagaban impuestos y además eran juzgados con otras leyes. Estos grupos o estamentos privilegiados eran la nobleza y el clero. El resto era el Estado Llano. La burguesía, lo que serían los empresarios de la época, pertenecían a este último grupo social también llamado Tercer Estamento, y aunque eran poseedores de grandes fortunas (cada vez más con la Revolución Industrial) no tenían ningún tipo de privilegio fiscal ni jurídico. Pagaban impuestos y eran juzgados con leyes distintas en desventaja respecto a los estamentos privilegiados. Junto con la burguesía se encontraban los campesinos, mendigos, indigentes, pequeños artesanos, etc. Estos privilegios eran muy variados, como la reserva legal o tradicional de determinados oficios o cargos públicos, eclesiásticos, civiles y, por supuesto, en el ejército. Además, la nobleza no podía ejercer ningún oficio manual, trabajar en ellos era una deshonra. Gracias a este sistema, nobleza y clero se habían convertido casi en exclusiva en los detentadores de la tenencia de la tierra. Así, la Iglesia acumuló gran cantidad de patrimonio desde la Reconquista, especialmente por las donaciones en testamento. La nobleza tenía un derecho sucesorio que facilitaba la acumulación de bienes por dote, sucesión o compra, con mecanismos legales que impedían su venta. Así en la época medieval se recuperaron algunas instituciones como el mayorazgo o el fideicomiso para asegurar el mantenimiento del prestigio de las iglesias y el rango de los linajes en el tiempo. Con ello gran parte de la propiedad del país quedaba fuera del mercado, por eso los precios de la tierra libre eran muy altos, debido a su escasez. A las propiedades amortizadas de la nobleza se denominan bienes vinculados y a las de la iglesia de bienes de manos muertas. Esta organización social estamental perpetúa la situación privilegiada de una minoría poderosa e impide el ascenso de otros grupos. Así, el tercer estado o estado llano, que agrupa a las personas que sostienen económicamente al reino con su trabajo y sus impuestos, ya sean campesinos, artesanos, comerciantes, banqueros, permanecían en el mismo lugar social sin posibilidad de ascenso como vengo comentando.

Sería interesante añadir que el análisis de las mentalidades de la época es fundamental para comprender muchos de los aspectos del funcionamiento del Antiguo Régimen. El predominio de la Iglesia y la sinrazón impregnaron el ambiente sobre una sociedad analfabeta e ignorante hasta la llegada de las ideas del movimiento ilustrado. Monjes, curas, cardenales y obispos tuvieron un papel decisorio entre las altas esferas de la política para manipular a las masas en pos de su propio provecho. En España, el Santo Oficio de la Inquisición fue un tribunal eclesiástico establecido para inquirir y castigar los delitos contra la fe católica y contra la herejía. Tomó su nombre de un procedimiento penal específico, la inquisitio, que se caracterizaba por la formulación de una acusación por iniciativa directa de la autoridad, sin necesidad de acusaciones de testigos. Una película interesante que siempre recomiendo para conocer esta nefasta institución es Los fantasmas de Goya, y un libro, Limpieza de sangre de la serie de El capitán Alatriste de Pérez-Reverte.

IMAGEN DE CABECERA: Escena de la Inquisición pintada por Francisco de Goya.

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