La lluvia de Hazm

Prosigue y no desmayes, y ten en mucho lo poco conseguido, pues la llovizna no es abundante y, sin embargo, cala.

Ibn Hazm, El collar de la paloma (1022)

Anoche

Anoche;
no lo había sentido
antes.

#14.02.15

Al poeta Manolo Escudero, maestro del acróstico que una vez me enseñó.

Mi primera mujer

Escuchar a Marcos Ana, independientemente de que compartamos su ideología (con lo que ha vivido no se puede ser otra cosa), cautiva y atrapa enseguida. La primera vez que lo vi fue en un programa de la extinta Canal Sur 2, Las Mil y Una Noches o algo así se llamaba. Ahora les traigo un fragmento de este libro en forma de audio, pinchen y disfruten.

Una tarde, casi al anochecer, me encontré con un amigo de la infancia; un hombre de negocios que aunque no participaba de mis ideas me había visitado alguna vez en la cárcel de Porlier…

 

ADAPTACIÓN: Texto «Mi primer amor» de Marcos Ana.
Inc. Decidme cómo es un árbol. Tabla Rasa, 2007.
MÚSICA: Astor Piazzola, Tres Tangos, Aconcagua Part II.
VOZ: Jon Sedano

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V

Orador implacable y solitario:
no importa que tu palabra
caiga
como una piedra sobre el agua
y se hunda.

No importa que el silencio
de los que no te escuchan
alce
una barrera fría e implacable
en torno a ti.

Espectáculo ardiente y abnegado,
llama que te consumes en tu esfuerzo,
arde un momento, y calla.

Y luego,
tras el instante enorme del silencio,
cuando la tarde se convierta en sombra,
verás brillar contra los imprecisos
pabellones lejanos
la roja luz, reflejo de tu aurora.

Ángel González,
Palabra sobre palabra.

Con razón (y arte), falso Neruda

Hace tiempo publiqué en el blog antiguo esta entrada que sigue y que contiene un error manifiesto y magnánimo, pues se le atribuyen unos versos al poeta chileno Pablo Neruda y como comprobarán quienes lean este enlace, no es así realmente. Sin embargo yo he querido dejar tal cual la entrada, con error incluido, pues no por ser anónimo es menos cierto su contenido. A veces la autoría o la asignación de esta puede ser muy curiosa, pues hay cierto celo en saber a quién pertenecen estos versos y en cambio nadie acepta la autoría del Lazarillo.

*entrada antigua (14/02/2011)

Pensaba que ya lo había comentado en el blog, pero buscando no he encontrado nada. Supongo que haberlo tratado varias veces en clase me ha confundido. El siguiente poema de Pablo Neruda lo he gritado varias veces dentro de las cuatro malditas paredes donde nos vemos encerrados habitualmente, aunque a veces sean benditas. Un alegato a la vida tal y como la estimamos, la entendemos y la asumimos algunos, no podía quedar relegado en los cajones del olvido o, lo que es peor, de la ignorancia.

Pablo Neruda (fuente desconocida)

Hoy, en refuerzo de lengua he vuelto a hacer mención a ella. Este año no es la primera vez, pues una copia está clavada en la tabla de anuncios de mi tutoría. De allí no se escapa.

Bueno, a lo que vamos, que nos cuente don Pablo eso de morir lentamente:

Muere lentamente quien se transforma en esclavo del hábito, / repitiendo todos los días los mismos trayectos, / quien no cambia de marca, no arriesga vestir un color nuevo y no le habla a quien no conoce.

Muere lentamente quien evita una pasión, / quien prefiere el negro sobre blanco y los puntos sobre las “íes” a un remolino de emociones, justamente las que rescatan el brillo de los ojos, sonrisas de los bostezos, corazones a los tropiezos y sentimientos.

Muere lentamente quien no voltea la mesa cuando está infeliz en el trabajo, / quien no arriesga lo cierto por lo incierto para ir detrás de un sueño, / quien no se permite por lo menos una vez en la vida, huir de los consejos sensatos.

Muere lentamente quien no viaja, 
quien no lee, 
quien no oye música, 
quien no encuentra gracia en sí mismo.

Muere lentamente quien destruye su amor propio, quien no se deja ayudar.

Muere lentamente, quien pasa los días quejándose de su mala suerte o de la lluvia incesante.

Muere lentamente, quien abandona un proyecto antes de iniciarlo, / no preguntando de un asunto que desconoce o no respondiendo cuando le indagan sobre algo que sabe.

Evitemos la muerte en suaves cuotas, / recordando siempre que estar vivo exige un esfuerzo mucho mayor que el simple hecho de respirar.

Solamente la ardiente paciencia hará que conquistemos una espléndida felicidad.

Pablo Neruda

Recuerdo que me leí la biografía de Pablo Neruda en los descansos de un curso de Retoque fotográfico que realicé al año siguiente de mis primeras oposiciones. Recuerdo aquellas mañanas escuchando Sade sentado en el césped del parque de Huelin, y leyendo lo mujeriego que era el poeta. Así comprendo mejor a Sabina o Serrat cuando dicen aquello de que antes para tocarle el culo a una chica o eras muy guapo o escribías poesías.

Parece que Pablo también era del tipo de pájaro de los dos anteriormente mencionados. O sea, tirando a feo, pero con mucha labia; como son esos tipos que siempre hemos envidiado, no por su careto, sino por el de las mujeres que los acompañaban.

También decíamos en clase que su nombre no era Pablo Neruda, sino el de Ricardo Eliécer Neftalí Reyes Basoalto, pero nosotros mejor nos quedamos con Pablo.

Y bueno, en cuanto a la poesía, ¿qué os voy a contar nuevo que nos os haya dicho ya? Muchos se están muriendo lentamente sin darse cuenta. Por eso me encanta otra frase de Jung que es una de las citas del blog y que he comentado en otras ocasiones: «La vida no vivida es una enfermedad de la que se puede morir». Para mí la poesía de Neruda debería estar serigrafiada en todos los centros educativos, pero… ya saben ustedes queridísimos lectores.