Retrato de autor: la íntima identidad

Si buscamos en Google las fotos de Marilyn Monroe que hizo Richard Avedon, entre todas destaca una en la que aparece con la mirada perdida. Nada tiene que ver con las que le tomó Tom Kelley para el número uno de la revista Playboy. A diferencia de aquellos posados sin ropa, Avedon supo cómo desnudar emocionalmente a su modelo, quedando ensimismada e inmortalizando así un momento de suma intimidad. Continue reading

Leer fotografía

Existen diferentes libros acerca de cómo se lee una fotografía. Yo mismo tengo varios y muy buenos. El crítico de arte John Berger es prolijo en este tipo de actividades. Sin embargo, el otro día me encontré con esta imagen (no logro saber su autoría) en una de las redes sociales y no me he podido resistir a hacer mi propia lectura y compartirla con ustedes. Espero que la disfruten tanto como yo. Continue reading

La composición tiene reglas

«Fotografiar es colocar la cabeza, el ojo y el corazón en un mismo eje.»
—Henri Cartier-Bresson

Las expresiones para referirnos a la toma fotográfica son muy variadas. Entre ellas figuran las que la definen como la extracción de una imagen: sacar una foto o coger una foto. La fotografía, al menos la que se toma a lo vivo, es decir, sin intervenir en los elementos que aparecen en ella; es un acto extractivo y no inclusivo como puede serlo la pintura. Mientras que el pintor añade, el fotógrafo posee un marco del que despoja todo aquello que le sobra.

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Se avecina una tormenta en BlogStudio360

Nuestro destino de viaje nunca es un lugar,
sino una nueva forma de ver las cosas.

Henry Miller.

Me miraba a los ojos inquisitiva y escrutadora igual que una niña que abre por primera vez una caja de muñecas y comprueba que no le falta un complemento. El vino era el único testigo en nuestra conversación, y en la pesquisa, hablando de los rincones del mundo, salió a relucir la pregunta sobre cuáles creía que habían brillado más intensamente en mis pupilas, cuáles fueron los que despertaron mayor asombro en mi boca. En estos casos cualquiera hubiese aceptado como buena elección el Taj Mahal que levantó Jahan en Adra por amor a su esposa Mumtaz, por ejemplo. O quizás la noble escalinata del Altar de Zeus que podemos disfrutar con fruición en el Pergamonmuseum de Berlín. Por qué no elegir la fortaleza de San Carlos de la Cabaña, en La Habana, donde un cañón escupe cada día una bola de fuego rememorando la época colonial. El Danubio visto desde el Palacio de Buda dibuja una bella postal cuando el invierno blanquea los tejados de la capital húngara. La Place de la Concorde, el Hôtel National des Invalides, la Tour Eiffel. Siendo más patrio, bien podría haberme acordado de la Alhambra de Granada por poner un caso. Pero no, no dije ninguno de tales, ni siquiera la Piazza Maggiore de Bologna y su cine de verano, que ahora cuando escribo estas líneas recuerdo con gusto la noche en que me recibió con Peter O’Toole rodeado de jeques en Laurence de Arabia.

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