Mi primera mujer

Escuchar a Marcos Ana, independientemente de que compartamos su ideología (con lo que ha vivido no se puede ser otra cosa), cautiva y atrapa enseguida. La primera vez que lo vi fue en un programa de la extinta Canal Sur 2, Las Mil y Una Noches o algo así se llamaba. Ahora les traigo un fragmento de este libro en forma de audio, pinchen y disfruten.

Una tarde, casi al anochecer, me encontré con un amigo de la infancia; un hombre de negocios que aunque no participaba de mis ideas me había visitado alguna vez en la cárcel de Porlier…

 

ADAPTACIÓN: Texto «Mi primer amor» de Marcos Ana.
Inc. Decidme cómo es un árbol. Tabla Rasa, 2007.
MÚSICA: Astor Piazzola, Tres Tangos, Aconcagua Part II.
VOZ: Jon Sedano

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Ese encanto indefinido que es en la mujer lo que el perfume en la flor, lo que el sabor en el fruto, pues no lo es todo en una flor ser hermosa, ni lo es todo en un fruto ser bello.

Alejandro Dumas, El conde de Montecristo.

#Buenos y malos

Escuché a Walter Astrada en una entrevista mencionar las violaciones de mujeres alemanas por soldados soviéticos cuando lo de la segunda guerra mundial. Ya saben, la banderita roja con la oz y el martillo clavada en el Reichstag. Al parecer, el símbolo del comunismo no fue lo único que clavaron los rusos en el derruido Berlín cuando obligaron a Hitler a quitarse la vida, ya con el agua al cuello y Stalin soplándole en el cogote.

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Imagen: El Roto en El País

El caso es que navegando por la red me topé con un artículo que hablaba de «Una mujer en Berlín», uno de los libros que me regaló mi amiga Pepa Cabello una tarde que estuvimos de compras, de compras por las librerías, claro. Odio ir de tiendas de ropa, y mucho más con una mujer. Un minuto en una zapatería se puede convertir en una hora, y no digamos en un zara“bresca” o ”guoman sicret”. Cuando logro salir de alguno de esos sitios parece como si hubiera envejecido varios años. Bueno, no es este el motivo de la entrada de hoy.

El libro en cuestión, me lo compró justo antes de irme a Berlín en julio del 2009, y aunque he intentando hincarle el diente en una ocasión, al parecer no tuve suerte y se me resistió. Hoy acabo de leer ese artículo del que les hablo en www.letraslibres.com. Está escrito por Luis Fernando Moreno Claros y se titula: Una mujer en Berlín, de Anónima. En él se hacen referencias a otras obras sobre la tragedia de las violaciones en la Alemania rescatada (sic) de nazismo, cuando los stalinistas abusaron de las mujeres alemanas que quedaron indefensas y al descubierto entre tanto alcohol —facilitado por los nazis para ralentizar el avance soviético- y tanto hijoputa.

El artículo, en mi opinión es excelente por dos motivos:

En primer lugar pone en su sitio a aquellos que llevaron la libertad (otra vez sic) a los alemanes. Esos que días antes habían liberado judíos, gitanos y homosexuales de los campos de concentración, fueron los mismos que violaron despiadada y sistemáticamente a mujeres en el caos que debió de ser la ciudad de Berlín durante el final de la guerra. Por eso no hay buenos y malos. Hablamos de la condición humana, el hombre es uno, da igual el color que lleven o el movimiento al que pertenezcan, apenas importa su ideología. Quienes intenten embaucar con cantos de sirena bajo una bandera, una esfinge o incluso unas ideas, estarán intentando vender la moto. Pensad que se han librado más guerras en nombre de dios que por ninguna otra causa. Y ¿acaso no es dios la figura suprema y universal que profesa el amor al prójimo?

Y en segundo lugar, porque esa misma condición humana que se ha visto sin velos, sin maquillaje, sin falsas ilusiones, en los embrutecidos violadores rusos cuando toman la justicia por su mano intentando vengarse, devolviendo lo que habían hecho los alemanes poco antes cuando invadieron Rusia en el 41, la política de tierra quemada y todo aquello. Como digo, esa misma condición humana se ve en las mujeres que deberán adaptarse a la situación para no morir en tales circunstancias. Y lo que al principio es considerado como escarnio público, con el tiempo se transforma en un asunto de supervivencia, en mera economía de guerra, en un contrato sin firma en el que se intercambian favor por favor, sexo por comida o protección. Ensalzando a la mujer, mucho más inteligente que el hombre, como animal astuto que consigue salir de esta situación soportando verdaderas humillaciones a cambio de sacar adelante a su familia. Igual que ha sido siempre durante toda la Historia de la Humanidad. Siendo éste, tan sólo, un episodio más, quizás de los más negros que se hayan registrado, pero un episodio más al fin y al cabo, del camino que ha tenido que recorrer el bello sexo por los senderos de su Historia.

Por todo esto os invito a leer el artículo. Por mi parte le guiñaré el ojo a «Una mujer en Berlín», a ver si esta vez tengo más suerte. Porque, recordad, hay que dejarse seducir por la lectura.

PD. Aquí también puede encontrarse comentarios sobre la película. Para quienes eso de leer les resulte demasiado fatigoso.

Nota: Publicado en blogspot un 25/6/2011

El jardín de Marta

Margarita:

No comprendo cómo un hombre sabio como vos puede encontrar el más mínimo aliciente en mi conversación.

Fausto:

Una mirada, una palabra tuya, dice más que toda la ciencia de este mundo.

Un ser convencido

Después de todo, como el resto de las mujeres del mundo, ella no pedía otra cosa que ser convencida.

Arturo Pérez-Reverte en ‘El tango de Guardia Vieja’.