Mrozek para principiantes

Hacía tiempo que después de leer uno de los relatos que contiene este librito en Jot Down sobre la revolución no pude resistirme a comprarlo. También le regalé otro a Pepa Cabello. Igual ya hablé de él en alguna entrada anterior. Me suena que lo mencioné.

Portada de La vida para principiantes de Slawomir Mrozek con ilustración de Chaval.

El caso es que lo tenía a medio terminar. Es corto, pero como ya me conocen, soy un lector promiscuo y combino, alterno y engaño a varias novias que tengo. El otro día intenté poner orden y colocar a algunas en las estanterías. Me salió un anaquel entero de libros a medio terminar. Por lo que sea, algunos se me agotan en el trayecto y corto relación. Ojo, sólo hablo de terminar, no de aquellas que he empezado y no llegaron ni al segundo café.

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Periodismo en Siria

Hace varios meses participé un proyecto de esos de crowdfunding que trataba de lograr la publicación de un libro sobre el conflicto actual en Siria. Sus autores son jóvenes periodistas españoles, algunos citados con más o menos frecuencia en este blog. Entre ellos se encuentra el reciente premio pulitzer Manu Brabo, también Antonio Pampliega de quien colgué una entrevista que hizo a Enrique Meneses; y Maysun, Alberto Prieto, Ethel Bonet, Ricardo García completan este elenco. El título es ‘Siria, más allá de Bab al-Salam’.

Para aquellos que no estén familiarizados con el crowdfunding, deben saber que se trata de una práctica de mecenazgo consistente en la presentación de un proyecto (no necesariamente ha de ser un libro, también los hay de documentales, discos, cine, y otros temas y formatos) junto al presupuesto que se estima para llevarse a cabo, así como lo que deberían costar los libros, discos, vídeos o lo que sea que quiera venderse. De tal modo que uno hace un proyecto que tiene un coste (ganancias incluidas) de 2000€ y que para ello debe vender cien libros a 20€, si no aparecen al menos cien mecenas o compradores que se lleven un libro como mínimo cada uno, dicho proyecto no se lleva a cabo. O sea, que antes de la publicación se aseguran los compradores. No sé si ha quedado claro, si no, me lo buscan en la guiquipedia esa.

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Aquellos ojos que me miraron en La Habana

La sorprendí mirándome fijamente a los ojos, con sus ojos azules, transparentes como dos cristales de agua. Los que se clavaron en mí durante esos segundos que parecen alargarse horas. Y su pelo rubio, y era alta y esbelta, y muy llamativa; completamente irresistible.

Debí de acercarme por instinto puesto que no recuerdo haberlo razonado. Mi cerebro jamás mandó esa orden, pero mi cuerpo se dirigió a ella sin más. Todo de un modo irracional, como son estas cosas; como un reflejo sin sentido que te empuja de forma natural en mitad de un torrente de impulsos.

Ya de cerca, el encanto fue aun mayor, diría que en aumento, como me imagino lo infinito, creciente. Me detuve justo enfrente y de nuevo sin calcularlo, le tendí la mano preguntándole su nombre. Qué sorpresa del destino —pensaba mientras tanto— alinearía los planetas para que la descubriese en aquella plaza de La Habana, allí, como si estuviera esperándome.

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El único camino para escapar pasa por tu mente: se llama imaginación. Si no sabes cómo trazarlo usa el de otros: se llama libro.