Nadar en la fotografía

La fotografía es un descubrimiento maravilloso, una ciencia que ha atraído a los mayores intelectos, un arte que excita a las mentes más astutas… y que puede ser practicada por cualquier imbécil… La teoría fotográfica puede ser enseñada en una hora y su técnica básica en un día. Pero lo que no puede ser enseñado es tener el sentimiento de la luz… Es la forma en que una luz cae sobre un rostro lo que usted como artista debe capturar. Ni tampoco puede ser enseñado cómo captar la personalidad de cada persona. Para producir un parecido íntimo, y no un retrato trivial ni el resultado de un mero azar, usted debe ponerse en comunión con esa persona, medir sus pensamientos y su carácter mismo.

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La maravilla de la #fotografía (antes de la fotografía)

«Usted sabe que los rayos de luz reflejados por diferentes objetos forman imágenes, pintan la imagen reflejada en todas las superficies pulidas, como por ejemplo, en la retina del ojo, sobre el agua y sobre el cristal. Los espíritus en su intento de fijar estas imágenes fugaces, han creado una sustancia sutil por medio de la cual se puede formar una imagen en un abrir y cerrar de ojos. Cubren un lienzo con esta sustancia y lo ubican frente al objeto que desean capturar. El primer efecto es similar al de un espejo, pero debido a su naturaleza viscosa el lienzo logra conservar un facsímil de la imagen, lo cual no ocurre en un espejo. El espejo representa fielmente las imágenes, pero no las conserva; nuestro soporte las representa con igual fidelidad, pero además las conserva. Esta impresión de la imagen es instantánea. El lienzo se retira y se ubica en un lugar oscuro. Una hora más tarde la impresión se ha secado, y usted tiene una representación, valiosa por el hecho de que ningún arte puede imitar su veracidad.»

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Mi primera mujer

Escuchar a Marcos Ana, independientemente de que compartamos su ideología (con lo que ha vivido no se puede ser otra cosa), cautiva y atrapa enseguida. La primera vez que lo vi fue en un programa de la extinta Canal Sur 2, Las Mil y Una Noches o algo así se llamaba. Ahora les traigo un fragmento de este libro en forma de audio, pinchen y disfruten.

Una tarde, casi al anochecer, me encontré con un amigo de la infancia; un hombre de negocios que aunque no participaba de mis ideas me había visitado alguna vez en la cárcel de Porlier…

 

ADAPTACIÓN: Texto «Mi primer amor» de Marcos Ana.
Inc. Decidme cómo es un árbol. Tabla Rasa, 2007.
MÚSICA: Astor Piazzola, Tres Tangos, Aconcagua Part II.
VOZ: Jon Sedano

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Un reportero el padre de la Historia

Al final de aquella conversación por la que supe que partiría hacia el mundo, Tarlowska se acercó al armario, sacó de él un libro y, mientras me lo entregaba, dijo: «Un regalo de mi parte, para el viaje.» Era un grueso volumen de tapa dura, forrado con tela de lino amarilla. En la portada leí, grabados en letras doradas, el nombre del autor y el título: Heródoto. Historia.*

Haciendo memoria creo recordar que la primera vez que supe de él fue en la facultad. Supongo que sería en una asignatura de esas como Historiografía o Arqueología Clásica donde aprendí que el padre de la Historia es Heródoto de Halicarnaso, un griego anatolio que vivió en el siglo de Pericles y escribió nada menos que nueve tomos llamados así, Historia.

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Sólo la desgracia hace a los hombres hermanos

«En honor del pueblo de Cádiz, debo decir que jamás vecindario alguno ha tomado con tanto empeño el auxilio de los heridos, no distinguiendo entre nacionales y enemigos, antes bien, equiparando a todos bajo el amplio pabellón de la caridad. Collingwood consiguió en sus memorias esta generosidad de paisanos. Quizá la magnitud del desastre apagó todos los resentimientos. ¿No es triste que sólo la desgracia hace a los hombres hermanos?».

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La revolución de ‘Los profesionales’

¿La revolución?… Cuando el tiroteo termina, los muertos se entierran, y los políticos entran en acción. Y el resultado es siempre igual: una causa perdida.

Bill Dolworth (Burt Lancaster) en #Los Profesionales de Richard Brooks (1966).

Estuvo sublime, Richard Brooks o Frank O’Rourke*, no sé a cuál de los dos pertenecen las palabras que se ponen en boca de Burt Lancaster en este magnífico diálogo que resume con magistral simplicidad la historia de todas las revoluciones que acontecieron, pues lamentablemente nunca se conquistó el palacio de Invierno, como suele decirse. Léanse las revoluciones rusa, china o cubana entre otras.

* Escritor de la novela.