Todo lo que es capaz de capturar una imagen es una cámara

Primer principio de mi decálogo fotográfico. A veces se me olvida. Frecuentemente, he de reconocerlo. Es difícil escapar de esta vorágine consumista en las que andamos imbuídos. Yo no culpo ni a la publicidad, ni al comercio, ni a los gobiernos neoliberales, ni al capitalismo, ni a amazon o fnac que me mandan correos electrónicos con productos que saben que me pueden interesar. Me parece estúpido hacerlo, qué quieren que les diga. ¿Por qué sacudirnos siempre la responsabilidad de nuestros actos? En última instancia nadie te apunta con una pistola obligándote a comprar otra cámara, otro objetivo, otra mochila, trípode y toda suerte de chalauras que componen hoy día la parafernalia de la fotografía. Oye, ya somos mayorcitos para saber lo que de verdad nos hace falta para hacer fotos y lo que sólo atiende al gusto de consumir, a esa espuria sensación de bienestar cuando uno suelta las pelas y recibe a cambio uno de esos cachivaches bien embalados, nuevos, brillantes, garantizados. A veces disfrutamos sólo comprobando que siguen impolutos a pesar del paso del tiempo. Y eso realmente sólo es por un único motivo: sencillamente, no lo usas.

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