Los dioses de Brad

Los dioses nos envidian porque somos mortales, porque cada instante nuestro podría ser el último, todo es más hermoso porque hay un final.

David Benioff, guionista de #Troya.

Así habló Nietzsche

El individuo ha luchado siempre para no ser absorbido por la tribu. Si lo intentas, a menudo estarás solo, pero ningún precio es demasiado alto por el privilegio de ser uno mismo.

Friedrich NietzscheAsí habló Zaratustra.

Platón antes que Adam Smith

Todas las cosas serán producidas en superior cantidad y calidad, y con mayor facilidad, cuando cada hombre trabaje en una sola ocupación, de acuerdo con sus dones naturales, y en el momento adecuado, sin inmiscuirse en nada más.

Platón, filósofo griego.

El perro de Vinea

Estoy solo en la noche del exilio,
sin armas, sin órdenes, sin pan,
quisiera perderme en mí mismo,
pero la vida me persigue como un perro.

Lu Vinea, recogido de Manu Leguineche (El club de los faltos de cariño).

Life and Jobs

We don’t get a chance to do that many things, and every one should be really excellent. Because this is our life. Life is brief, and then you die, you know? And we’ve all chosen to do this with our lives. So it better be damn good. It better be worth it.

Steve Jobs, genio.

Enanos en hombros de gigantes

Es curioso que existe en el ser humano la siguiente contradicción o paradoja: de una parte el hombre vive temeroso de los cambios y asustado por lo desconocido; y de otra, deseamos derribar lo construido y partir desde cero como si todo lo hecho, no sólo no sirviese de nada, sino que entorpeciese eso nuevo que está por hacer. Me pregunto si no nos iría mejor ir caminando con pasos seguros para que en cada uno, al menos una parte, pueda ser útil en cualquiera de los casos. En este sentido se me viene a la mente esa cita que dice «Quasi nanos gigantum humeris insidentes». O sea que nosotros somos como enanos aupados a hombros de gigantes. Lo dijo Bernardo de Chartres para referirse a los científicos ya que avanzan sobre la acumulación de conocimientos previos y nunca parten de la nada. Los Simpsons tienen un episodio muy bueno en el que Homer intenta superar a Thomas A. Edison e inventa un martillo automático que lo destroza todo. Finalmente se da cuenta de dos cosas: primero que es un inepto total (como ya sabíamos), y segundo que Edison también tenía su admiración y sus celos puestos en otro gigante como había sido siglos antes Leonardo da Vinci.