#Reponiendo yogures en el Mercadona

Me detengo un instante en el estudio, sólo para transmitirles una reflexión acerca del origen de las desigualdades en confrontación con las ideas utópicas que promueven algunas ideologías; quizás el comunismo sea la más mentada en este sentido.

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Forges.

Fíjense y piensen en las palabras de los funcionalistas Kingsley Davis y Wilbert Moore cuando tratan de justificar la aplicación de las estructuras sociales, no como concepto de análisis, sino como medio de reparto de unas tareas en tanto que «estrato» representa una idea en la que —curiosamente— promueve mayor movilidad social:

Toda sociedad deberá tener un conjunto de retribuciones y premios que cumplan un papel incentivador, y, a su vez, unos mecanismos precisos por los que dichos «premios» puedan ser atribuidos o negados, de acuerdo a los comportamientos de los individuos. Por ello «los premios y su distribución llegan a ser una parte del orden social y así se origina la estratificación… La desigualdad es así una idea inconscientemente desarrollada por la que las sociedades aseguran que las posiciones más importantes estén conscientemente ocupadas por las personas más cualificadas. De aquí que cada sociedad (…) deba diferenciar a las personas en términos de prestigio y estimación y debe por eso poseer una cierta cantidad de desigualdad institucionalizada»

El texto está sacado a su vez en una cita en ‘La explicación sociológica: Una introducción a la sociología’ de Jose Felix Tezanos. Manual utilizado en la UNED.

La pregunta es: ¿Tiene entonces justificación «cierta» desigualdad social por su «utilidad» como elemento para incentivar a la realización de tareas importantes?

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La #Españeta en Antonio

La España de charanga y pandereta,
cerrado y sacristía,
devota de Frascuelo y de María,
de espíritu burlón y alma quieta,
ha de tener su marmol y su día,
su infalible mañana y su poeta.
En vano ayer engendrará un mañana
vacío y por ventura pasajero.
Será un joven lechuzo y tarambana,
un sayón con hechuras de bolero,
a la moda de Francia realista
un poco al uso de París pagano
y al estilo de España especialista
en el vicio al alcance de la mano.
Esa España inferior que ora y bosteza,
vieja y tahúr, zaragatera y triste;
esa España inferior que ora y embiste,
cuando se digna usar la cabeza,
aún tendrá luengo parto de varones
amantes de sagradas tradiciones
y de sagradas formas y maneras;
florecerán las barbas apostólicas,
y otras calvas en otras calaveras
brillarán, venerables y católicas.
El vano ayer engendrará un mañana
vacío y ¡por ventura! pasajero,
la sombra de un lechuzo tarambana,
de un sayón con hechuras de bolero;
el vacuo ayer dará un mañana huero.
Como la náusea de un borracho ahíto
de vino malo, un rojo sol corona
de heces turbias las cumbres de granito;
hay un mañana estomagante escrito
en la tarde pragmática y dulzona.
Mas otra España nace,
la España del cincel y de la maza,
con esa eterna juventud que se hace
del pasado macizo de la raza.
Una España implacable y redentora,
España que alborea
con un hacha en la mano vengadora,
España de la raza y de la idea.

Antonio Machado.
El mañana efímero, 1913