El honor de la película de Alatriste

Llevo cinco alatristes y un rechazo a ver la película para evitar ponerle el careto de Vigo Mortensen por muy estupendo que estuviera o estuviese. Pero el caso es que la otra noche me dio por ahí y la empecé en el «aipa». Me resulta curioso que esté para todos los públicos en el «yutub». Ni idea de lo que tendrá que decir al respecto quien se lucra con ello, me refiero a los productores de la cinta, pero la cosa es que un servidor hace tiempo que colgó un fragmento de El club de los poetas muertos, cuyos responsables andan más fiambres que los propios rapsodas, y casi me dan una patada en culo porque violé no sé qué artículo de derechos de autor. A El Gatopardo ni siquiera le dejaron asomar los bigotes en el citado canal. Quiero decir que no entiendo por qué no pueden subirse cinco minutos de un film para comentar un detalle interesante, y en cambio, el alatriste está completo. Aunque este es otro tema y a lo que vengo es a hablar de por qué hay que ver al viejo y cansado soldado de los tercios de Flandes.

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La revolución de ‘Los profesionales’

¿La revolución?… Cuando el tiroteo termina, los muertos se entierran, y los políticos entran en acción. Y el resultado es siempre igual: una causa perdida.

Bill Dolworth (Burt Lancaster) en #Los Profesionales de Richard Brooks (1966).

Estuvo sublime, Richard Brooks o Frank O’Rourke*, no sé a cuál de los dos pertenecen las palabras que se ponen en boca de Burt Lancaster en este magnífico diálogo que resume con magistral simplicidad la historia de todas las revoluciones que acontecieron, pues lamentablemente nunca se conquistó el palacio de Invierno, como suele decirse. Léanse las revoluciones rusa, china o cubana entre otras.

* Escritor de la novela.

La política del Príncipe de Salina

Escena de El Gatopardo en la que le proponen al Príncipe de Salina participar en el nuevo Senado de Sicilia. Es magnífico este diálogo (Giussepe Tomasi di Lampedusa) entre Don Fabrizio y Aimone Chevalley de Monterzuoloen en el que se resume todo el pesimismo político encarnado en una magistral actuación de Burt Lancaster. Les recomiendo ambas cosas: película y, sobre todo, novela…

Conoce a Capra

Hay que ver Meet John Doe (Juan Nadie) de Frank Capra en 1941. Una historia de nosotros, de la condición humana, de las identidades, de las voluntades políticas, de la esperanza de un 15M encarnado en la imagen de una persona cualquiera.

Cartel de la película Juan Nadie

Cartel de la película Juan Nadie

Hay que ver Juan Nadie. Hay que verla tantas veces.

Hay que ver al caballero de Capra

Aquel episodio famosísimo de los Simpsons en el que Lisa va a un concurso de literatura o de canto, y se da cuenta de que todo el sistema está corrupto. Aquella escena en la que habla con Lincoln en el Capitolio, está copiada de la película “Mr. Smith Goes to Washington” de Frank Capra, aquí traducida como Caballero sin espada. Este genial director de quien algunos suponen que Robert Capa copio su apellido para inventarse el nombre, obtuvo once nominaciones a los Oscar en 1939, pero difícil se lo puso la competencia con películas como La diligencia de Ford o Lo que el viento se llevó de Fleming, el gran triunfador con 9 estatuillas.

Tienen que ver Caballero sin espada algún día de vuestras vidas, y desde luego que no deberían dejarlo para mucho más tarde. James Stewart hace una actuación magistral de la que sólo lamento no poderla ver en V.O. (quizás por pereza) para escuchar su voz y no el burdo doblaje al que siempre han sometido a este magnífico actor.

En Caballero sin espada uno aprende en menos de dos horas cómo se rige el mundo, la condición humana, el ambiente de las altas esferas, el cinismo político, la madurez o el marchitamiento moral del hombre. No asistirán a clases de Historia mejores que las que su guionista Sidney Buchman supo transmitir en este impresionante metraje.

Y si no les convenzo, imagino que José Luis Garci tiene maneras y conocimientos mucho más interesantes que las mías. Escúchenlo también y disfruten de la película como el nieto que sabe escuchar al abuelo cuando le intenta desvelar todo aquello que la vida le ha revelado.

Cine en blanco y negro (Caballero sin espada)

El sueño eterno

Sólo hay una cosa peor que escuchar a un hombre cómo intenta cortejar a una mujer, y es escucharme a mí mismo en ese lance. Cuando hablamos con alguien que nos gusta parece como si paralelamente estuviésemos pensando en eso. Puedes estar preguntándole por el trabajo, pero la mente la tienes en su escote. No se dice nada con sentido. A lo más que aciertan algunos es a balbucear esos halagos que quieren escuchar las mujeres de poco seso. Admitámoslo, las conversaciones inteligentes se quedaron atrapadas en el cine clásico, en boca de los personajes que vistieron Humphrey Bogart o George Peppard. Ya no hay hombres así, estamos en el siglo XXI y a nadie se le ocurriría hablarle de usted a ninguna señorita que quisiera llevarse a la cama. Por otra parte, ¿qué señorita se iría a la cama con alguien que le hablase de usted? Así que, dejemos clara una cosa: me encanta tu escote, ¿vale? Y ahora que ya lo sabes, ¿podemos dejar a un lado, de momento —si te parece—, esa tensión sexual no resuelta?