Entrevista a Gervasio Sánchez

Gervasio Sánchez. «La fuerza que tiene la imagen es que
puede llegar a un público que ha renunciado a leer»

Gervasio Sánchez Foto Perfil

FOTO: Guillermo Rivas Pacheco. Se puede ver aquí.

En el pasado PHOTOFESTIVAL tuve la oportunidad de asistir un año más invitado por los amigos de Prostudio360 que, como saben, colaboramos en la elaboración de su blog. Aproveché para entrevistar a Gervasio, quien me atendió con declaraciones y frases tan contundentes como ésta y muchas otras.

«National Geographic no es la línea de trabajo por donde seguiría mis historias»

¿Cuándo comienzas a hacer fotografía?

Me compré una cámara fotográfica para mi viaje a Turquía porque era la manera de mostrarlo. Cuando regresaba, reunía a mis amigos, les comentaba lo que pasaba y realizaba una especie de conferencias. Aquello que me dio la oportunidad de aprender la estructura que luego me serviría para las charlas que hago ahora, y empezaba a darme cuenta de que de que a través de las imágenes era más fácil que entendieran lo que estaba ocurriendo que sin ellas. La fotografía se convertía en una forma de documentar.

¿Fotografía o periodismo?

Soy licenciado en Ciencias de la Información en la rama de Periodismo por la Universidad Autónoma de Barcelona, y de hecho, la primera vez que cogí una cámara ya estaba haciendo periodismo. Lo hice porque viajé y me permitía recoger aquello que me iba encontrando por el camino. Pero sigo haciendo periodismo literario, periodismo radiofónico y periodismo fotográfico porque la posibilidad de poder escribir mis historias me ha permitido hacer los reportajes, sobre todo para los dominicales, conjuntamente. Es decir, hago el texto y la foto. Es una buena estrategia que me permite; cuando tengo una buena foto sacrificar el texto y, cuando no es tan buena, sacrificar la foto. A mí esto me ha dado muy buen resultado.

Gervasio Sánchez. Bosnia. Octubre, 1993.

Gervasio Sánchez. Bosnia. Octubre, 1993.

¿Qué tiene entonces la fotografía?

La fotografía tiene una fuerza añadida al testimonio literario por muchas razones. Primero porque no es verdad que una imagen valga más que mil palabras. Hay veces que las palabras valen más que miles de imágenes. Y hay veces que hay imágenes que no sirven para nada. Eso es una chorrada. Pero sí que, las nuevas generaciones, los chicos que han crecido en los últimos treinta años, aprenden antes a leer imágenes que a decir palabras. Los niños desde que tienen meses ya saben distinguir en el televisor a sus personajes, y comienzan a entender viendo las películas. De modo que, la fuerza que tiene la imagen es que puede llegar a un público que ha renunciado a leer, pero que se queda traspuesto con ellas. Hay profesores que se sorprenden con la actitud de los chavales cuando les he dado una charla con proyecciones de mis fotografías. Y no sólo del comportamiento de los más traviesos, sino de las preguntas tan inteligentes que esos mismos hacen. En definitiva, creo que texto e imagen tienen una fuerza y cada uno va a llegar a un punto distinto.  Y en su conjunto dará una idea más completa: fotos con textos potencian la historia.

¿Y qué opinas entonces de lo que advierten algunos como Williams Shawcross sobre la fatiga de la compasión?

Bueno, sí… (pierde la mirada intentando reflexionar un instante) Pero el problema no es la fatiga de la compasión, el problema es cómo les dan las imágenes. Las imágenes se las dan descontextualizadas, justo en el pico mediático, casi siempre sin contar bien lo que está pasando, casi siempre envueltas en un circo mediático que se monta a partir de algo que ha ocurrido o está corriendo. Como por ejemplo el ébola en España. Mientras no había ébola en España a nadie le interesaba y llegó y se montó todo ese circo mediático, circo político y circo sanitario. Con lo cual eso hace muchas veces que la gente diga «esto más de lo mismo». La historia está muy mal contada. Si no fuese así, el público atiende. Porque cuando tú haces una buena exposición que trasciende en el periódico con una imagen ilustrativa, la gente va. A mis exposiciones va mucha gente, a las de Walter Astrada también, a las de Salgado… a las que cuentan bien las historias va mucha gente.

Entonces, ¿sabe apreciar la sociedad el buen trabajo, el buen periodismo?

Aquí ocurren dos cosas importantes. Los medios de comunicación han destruido la esencia del periodismo. ¿Por qué? Simplemente porque han dejado de vigilar el poder para convertirse en sus mejores aliados del poder político y del poder económico. Han pisoteado de raíz los sus principios básicos. Los ciudadanos, durante mucho tiempo, no lo han olisqueado, no se han enterado. Pensaban que «como lo dice El País, como lo dice El Mundo, como lo dice el ABC, como lo dice Televisión Española»… Hay que preguntarse por qué no lo dice El País, por qué no lo dice El Mundo, por qué no lo dice Televisión Española… por qué no profundizan en la historia. Eso es lo que haría que la gente se diera cuenta y exigieran. ¿Qué ha ocurrido? Todo se ha desmoronado, el sistema bancario se ha ido a la mierda repleto de corruptos hasta decir basta. El sistema político se ha ido a la mierda repleto de corruptos hasta decir basta también, el sistema periodístico a la mierda… repleto de corruptos. Porque en la estructura periodística hay muchos corruptos (lo dice con especial énfasis); tipos que sólo están interesados en coger el dinero, directivos y gente de los medios que solamente se dedican a ascender en el escalafón… Y el público se ha empezado a dar cuenta de que era una mentira generalizada; y empieza a pedir mayor calidad periodística. Pero qué pasa, que para eso hay que pagar. Y el público, en su mayor parte jóvenes, se ha acostumbrado a no pagar, con lo cual estamos en un círculo vicioso, peligrosísimo, que impide que como no se paga, no haya buen periodismo.

Fotografía de Gervasio Sánchez. Varias niñas ruandesas agonizan víctimas de cólera en el orfanato de Nyundo.

Fotografía de Gervasio Sánchez. Varias niñas ruandesas agonizan víctimas de cólera en el orfanato de Nyundo.

El buen periodismo, como dijo Walter Astrada en su conferencia durante el Photofestival, a veces demanda mucho tiempo. ¿Cómo se descubren esos proyectos personales?

Es una evolución, un camino, un recorrido. En él personalmente he ido despojándome de las cosas que no me interesaban para centrarme en las que me interesan. He pasado de hacer fotografías del día a día, que en aquel momento era importante, y lo han sido en mi vida personal; a meterme en proyectos que pueden durar quince años, trece… Desaparecidos trece años, seis años Mujeres en Afganistán, Vidas minadas lo empecé en el noventa y cinco y no lo he acabado todavía. Ahora se van a cumplir 20 años de mi primer libro, El cerco de Sarajevo; cuando lo hice fue cuando descubrí que hasta ese momento había fotografiado lo más evidentes de la guerra: los muertos, los heridos, los bombardeos, los hospitales… y quería hacer otro tipo de trabajo. Quería mostrar a los vivos. Y en El cerco de Sarajevo pasé del color al blanco y negro, y en el libro, en el que hay fotografías de julio del 92 hasta marzo del 94, casi dos años, sólo hay dos muertos descubiertos, el resto son vivos, cómo se enfrentan a un cerco salvaje durante tres años y medio. Aquello fue una evolución en la que observé la reacción de mis historias en el público y me dije que ese era el mejor camino a seguir. Buscar historias más profundas, que tardase más tiempo en hacerlas pero que luego iban a tener mucho más impacto.

Sin embargo también hago actualidad, si tengo que hacerla. Llego a las cinco de la tarde en Irak y tengo información para escribir una crónica de 5 a 7, esa noche entro a la radio, participo en tres crónicas radiofónicas y si hago dos fotos las mando. Tengo la capacidad de escribir a toda castaña porque tengo la mecánica necesaria después de tantos años. Pero eso sólo sirve para hacer una cobertura, no puedes aplicarlo a proyectos de mayor profundidad. No se puede mandar a nadie a realizar los trabajos de Walter Astrada o las mías en una semana. La inmediatez ha matado el periodismo, ha hecho creer que lo único importante es lo inmediato. Y las historias bien documentadas te obligan a trabajar meses, incluso años. La gente se ha acostumbrado a que una historia contada hoy, ya tiene que ser replicada al día siguiente para mantener la tensión.

¿Pero estas historias de las que me hablas no parecen resultar comerciales?

Eso no es comercial para los medios de comunicación, pero ni ahora ni hace veinte años cuando se ganaba mucha pasta en los medios españoles. Sin embargo, tú puedes hablar con algunos medios extranjeros y decirles que vas a hacer un trabajo que va a durar un año y algunos sí que lo financian si creen que es importante. En España eso no ha existido ni siquiera cuando más dinero se ganaba.

Foto: Gervasio Sánchez. Portada de Víctimas del olvido. Khama Hakeem.

Foto: Gervasio Sánchez. Portada de Víctimas del olvido. Khama Hakeem.

¿Qué me dices de Nachtwey*?

Alguien fundamental en la fotografía de conflictos que lleva muchos años y hemos coincidido en muchos sitios. De hecho ha sido una de las primeras personas a las que les enseñé mi primer trabajo de Sarajevo, que me lo puso por las nubes. Él ha hecho un trabajo espectacular, sacrificando su vida personal; algo muy importante en un fotógrafo. Ha conseguido una altísima calidad, publicando sus historias en medios muy reconocidos que ha permitido la transcendencia de las historias que cuenta.

¿Salgado*?

Sebastiao Salgado es un monstruo de la mecánica de elaborar proyectos, y sin embargo se le ha criticado injustamente muchísimas veces no sé exactamente por qué… Bueno, sí sé por qué, por pura envidia, nada más.

A veces se ha hablado despectivamente del tratamiento bello que hacen de sus imágenes,  en una temática tan sensible como el dolor ajeno; tanto Jim como Sebastiao.

Primero, ellos son muy profesionales en la forma de trabajar. Y fotografías bellas en Nachtwey, no sé, preséntamelas y hablamos. Lo que ocurre es que él es un tío muy perfeccionista, buscando siempre la mejor imagen y si no es buena no la publica. Lo que sale es lo mejor de lo mejor. Y lo que ha ocurrido con Salgado es que trabaja las historias, como pasa con Cristina García Rodero, muchísimo, muchísimo tiempo. Y claro, cuando ha tocado temas tan duros como las migraciones, el Sahel, ha estado en los sitios durante meses y a veces hasta años. Ha trabajado además sobre dramas en los que pueden ocurrir igualmente historias bellas. Yo tengo fotografías de mutilados por minas antipersonas que son bellas. Pero es que la vida de un mutilado no es sólo un puro desastre. Si un mutilado se acaba casando y teniendo hijos pues tiene momentos bellos que también hay que fotografiar. Y Salgado ha hecho eso con sus trabajos más potentes. Ha estado en sitios en los que a veces las luces son muy buenas, y la atmósfera embellece el lugar. Es una forma de trabajar. Conozco a otros fotógrafos que oscurecen sus imágenes para recrear una atmósfera tenebrosa. Yo respeto mucho la forma de trabajar de cada uno siempre que sea digna y decente. Hacerlo en contacto con el sufrimiento donde pasan cosas muy graves es muy difícil y es importante que haya muchos puntos de vista, y Salgado lo ha conseguido.

¿Steve McCurry*? También empezó en Afganistán donde hay una luz óptima.

Bueno, su trabajo no me interesa tanto porque es más paisajístico, más… más postal. Yo también he estado en Afganistán y claro, tú tomas unas fotos en las ruinas de Kabul con todo destruido, una fogata al fondo… postal. Que está bien, pero… Hacer un proyecto con mujeres con burqa, yo que he estado seis años haciéndolo con mujeres sin burqa, sé lo que significa una cosa y la otra. Con burqa, me voy tres o cuatro meses intensivo, sólo trabajando en las zonas buenas de luz y te hago un libro, mejor o peor, pero te hago un libro.

Sin embargo, a él se le conoce más que a Salgado o Natchwey.

Su obra fue más conocida a partir de la imagen de la niña de Afganistan que se ha convertido en un icono. Es una fotografía muy bonita, muy potente. Y el tipo ha hecho temas en la India sobre los monzones muy espectaculares, de muy buen color, pero es otro tipo de trabajo, más bien en la línea de National Geographic, que yo la recibo todos los meses, pero sus reportajes no me parecen que sean por donde yo seguiría mis historias, ni mucho menos. Algunos reportajes que han pedido a fotógrafos de conflicto como Nachtwey o Peress* no se han publicado porque son visualmente muy duros. Éste último hizo una historia con esa revista en los noventa sobre la violencia en América Latina que no vio la luz porque la historia era un trallazo. ¿Cómo van a publicar eso en una entrevista que la leen seis millones de personas? Sólo en EE.UU. la leen cuatro millones, un público muy heterodoxo.

Foto: Gervasio Sánchez. Paso fronterizo entre Kosovo y Albania. Abril, 1999.

Foto: Gervasio Sánchez. Paso fronterizo entre Kosovo y Albania. Abril, 1999.

¿Es posible la objetividad en la fotografía periodística?

Siempre que hablo con decanos de la facultad de periodismo les digo: objetividad es una cosa y periodismo es lo contrario. O hacemos una facultad de comunicación o hacemos una facultad de información. Ser periodista y comunicar es lo contrario. Alguien comunica, qué comunica. Imagínate, si eres director de comunicación del Banco Santander qué vas a decir, pues que es uno de los mejores. Pero los medios de información tienen que entrar en sus cuentas y demostrar que es el que más armas financia, que sus directivos impiden que se haga crítica dentro de los consejos, que cuando convocan las asambleas se impide que la gente hable para evitar voces contra el banco. Esa es la diferencia: uno comunica y otro investiga.

Y por otro lado, la palabras que hay que desterrar del vocabulario periodístico es objetividad. ¡Cómo se le puede pedir a un periodista ser objetivo en Madrid, en Málaga o en Afganistán si su medio se ha meado directamente en la objetividad, si su medio se ha acostado con el poder político y con el poder económico?. Se está metiendo en las relaciones impúdicas con los poderes políticoeconómicos de la ciudad, de la comunidad autónoma o del país.

¿Para la visión de un reportero hasta qué punto es importante una formación humanista en economía, sociología, políticas, para el fotógrafo?

En la facultad de periodismo, cuando yo estudié, hice tres años de Historia Contemporánea, Introducción a la Economía Política, Sociología General, Pensamiento Político… un periodista debe tener todos esos tipos de conocimiento.

Sin embargo, hay muchos casos de fotoperiodistas que no tienen esa formación.

Los hay que se preparan muy bien los temas, pero sí, pasa muchas veces que te encuentras periodistas, incluso periodistas literarios que no tienen ni puta idea de lo que pasa en los sitios.

¿Qué significa ser Enviado especial de la UNESCO?

En el año 98 expuse en París en el edificio de la UNESCO, y el entonces secretario general me nombró Enviado especial por la paz*… no me llegó ningún cheque, ni me está pagando ningún salario mensual. Es un título honorífico que está en mi currículum y cuando me lo dio, evidentemente, me causó mucha ilusión. Ante algunos premios Nobel de la paz como Rigoberta Mechú o  Pérez Ginel. Pero bueno, como cuando me llama la entonces ministra del PSOE, Leire Pajín, y me dice que me van a entregar la Gran Cruz de la Solidaridad… ¿Y qué significa esto? Pues que vas un día a la Zarzuela, la reina te lo va a entregar y te vamos a permitir hablar… Y digo: ah, ¿me vas a permitir hablar? Cuando lo hice, tras mi discurso, la ministra comentó: evidentemente no le hemos dado el premio a Gervasio porque sea nuestro amigo.

Foto: Gervasio Sánchez. Vidas Minadas. Sofia Elface duerme junto a su hija Alia.

Foto: Gervasio Sánchez. Vidas Minadas. Sofia Elface duerme junto a su hija Alia.

Hay que continuar siendo crítico con las instituciones.

Si me da un premio una institución que está manchada de sangre no voy a recogerlo, o si voy les diría: disculpe, esto es lo que tengo que decirles y ahora métanse el premio por donde les quepa. No rechazaría el premio, iría y les pondría a caldo. Luego ya con el cheque haría lo que sea, pero aprovechas la coyuntura para cascar. Aunque cada uno que haga lo que quiera. Pero el hecho de que te den un premio lo que te obliga es a seguir trabajando.

Y para despedirnos, ¿qué te dice el nombre de Enrique Meneses?

Uno de los padres del fotoperiodismo español injustamente tratado en este país. Olvidado durante las dos últimas décadas, aunque al final de sus días recuperamos su imagen. Eso es demostración de que en este país hay impresentables en el oficio, y luego personas de gran prestigio quedan adosadas al olvido en una especie de vía muerta en la que nadie se acuerda de ellas. Para mí ha sido uno de los profesionales que en las universidades y en los periódicos debe ser de obligada lectura; y la revisión de su obra es clave. Ahora vamos a inaugurar por fin en la Fundación Enrique Meneses de la que soy miembro, una gran exposición en Madrid, en El Canal. Me hubiese gustado que él la viese, pero murió hace dos años. Ahí va a quedar su obra y mucha gente podrá disfrutarla.

Muchas gracias, Gervasio.

 

(1) James Nachtwey es para mí uno de los grandes maestros del fotoperiodismo actual. Si bichean en el blog encontrarán entradas sobre su trabajo, y en especial sobre el magnífico documental de su vida llamado Warphotographer.
(2) Sebastiao Salgado es otro de los fotógrafos con un proyecto vital digno de admiración. En estos días se proyecta el último de los documentales de su obra: La sal de la Tierra.
(3) Steve McCurry es un virtuoso del color, desde que se diera a conocer la famosa fotografía de la niña afgana que fue portada en la revista antes mencionada no ha dejado de recibir premios y reconocimientos.
(4) Gilles Peress es miembro de la más prestigiosa agencia de fotografía fundada por los míticos Cartier-Bresson o Robert Capa.

5. La Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO) le nombró durante la celebración del 50 aniversario de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, en diciembre de 1998, «Enviado Especial de la UNESCO por la Paz» por el extraordinario testimonio que ofrece mediante la fotografía del calvario que padecen las víctimas de las minas antipersonas y por su infatigable promoción de una cultura de la paz al sensibilizar a la opinión pública mundial sobre la necesidad de proscribir estas armas y de ayudar a los mutilados a reinsertarse en la vida cotidiana.

FOTOGRAFÍA DE CABECERA: Gervasio Sánchez, Las ruinas de la biblioteca de Sarajevo, 1993.

 

 

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