El refugio del capitán

Dejó el vaso de vino y se acercó, sentándose en el borde del lecho, para posar una mano sobre la carne tibia. Mi vida, había dicho ella. No tenía donde caerse muerto —incluso eso lo establecía a diario con la espada— y tampoco era lindo elegante, ni un hombre gallardo y cultivado de los que admiraban las mujeres en las rúas y los saraos. Mi vida. De pronto se encontró recordando el final de un soneto de Lope que había oído aquella tarde en casa del poeta, y que concluía:

Quiere, aborrece, trata bien, maltrata,
y es la mujer al fin como sangría,
que a veces da salud, y a veces mata.

La luz de la luna hacía los ojos de María de Castro increíblemente bellos, y acentuaba el abismo de su boca entreabierta. Y qué más da, pensó el capitán. Vida o no vida. Amor mío o de otros. Mi locura o mi cordura. Mi, tu, su corazón. Esa noche estaba vivo, y era lo único que contaba. Tenía ojos para ver, boca para besar. Dientes para morder. Ninguno de los muchos hideputas que cruzaron por su existencia, turcos, herejes, alguaciles, matachinches, había logrado robarle ese momento. Seguía respirando pese a que muchos intentaron estorbárselo. Y ahora, para confirmarlo, una mano de ella le acariciaba suave la piel. Deteniéndose en cada vieja cicatriz. «Mi vida», repetía. Sin duda don Francisco de Quevedo habría sacado buen partido a todo eso, plasmándolo en catorce perfectos endecasílabos. El capitán Alatriste, sin embargo, se limitó a sonreír en sus adentros. Era bueno estar vivo, al menos un rato más, en un mundo donde nadie regalaba nada; donde todo se pagaba antes, durante o después.

Así que algo habré pagado, pesó. Ignoro cuánto y cuándo, pero sin duda lo hice, si ahora la vida me concede este premio. Si merezco, aunque sea por unas pocas noches, que una mujer así me mire como ella me mira.

Final del segundo capítulo, quinto Alatriste: El caballero del jubón amarillo, 2008.

Ayer [publicado en blogspot el 19/nov/2012], leyendo el quinto Alatriste descubrí el refugio del capitán. Muy en consonancia con La tarde en la que acabó el mundo y que define verdaderamente a nuestro maestro. Y que traduce la única verdad de este maldito mundo.

La imagen se puede ver aquí.

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