El costo humano

No sé cómo di a parar hace meses con este trabajo, pero sin duda me ha impresionado tanto como en su día lo hicieron los mismísimos Nachtwey, Salgado o Gervasio. Por eso suelo citar con frecuencia el video de Pablo Ernesto Piovano, un fotógrafo argentino que recorrió seis mil kilómetros recogiendo con su cámara los efectos tóxicos de los agroquímicos en países hispanoamericanos.

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Todavía recuerdo mis primeras reacciones pensando que no había visto nada igual. El audiovisual de Manila de Ricky Dávila era lo más parecido en cuanto a forma; sin embargo El costo humano me resultaba mucho más rico por diversas razones, incluida este apartado. Combina imágenes en blanco y negro con una música y sonidos que te sumergen en otro mundo, recreando ese espacio duro, oscuro y lúgubre en el que desea zambullirnos su autor. El resultado es una mezcla que potencia aún más el ambiente y consigue el impacto que busca causarnos. Es verdad que algunos dirán que raya la exageración, pero no estoy del todo de acuerdo. El mismo argumento podría aplicarse al revelado de Ansel Adams y a tantos otros que se valen de los recursos que ofrecen los medios. Cuando lo recomendé a mis alumnos, cuatro o cinco mujeres reconocieron que tuvieron que apagarlo porque no lo soportaban. Nada diferente a lo que le sucedió al amigo de Pablo en su primer viaje: su acompañante tuvo que marcharse porque tampoco aguantaba verlo. Asimismo, el efecto de película en Super 8 en varios de sus cortes muestran las escenas como una cinta antigua, imágenes que pretenden ser rescatadas e instalarse en nuestro recuerdo a pesar de no haberlas presenciado, sostenidas por ese marco trágico en el que camina todo el tiempo. Son fotogramas que repiquetean en la conciencia, otorgan un movimiento entrecortado, como roto. Un recurso sumado al resto que le dota de mayor fuerza si cabe.

El vídeo hay que tomárselo en clave audiovisual. ¿Acaso puede ser otra cosa en vimeo o youtube? No se tomaría para un reportaje en el sentido de que muchas de sus fotografías no se publicarían en El Mundo o El País. Ni se emitiría en un Salvados porque está impregnado de la visión de su autor, de la mirada subjetiva de éste, y sobre todo, de una frialdad que congela el corazón a cualquiera. Sería un fotoensayo si se prefiere llamar así. O quizá un ensayo audiovisual. Su objetivo no debió de ser sólo el de informar, al menos no de un modo objetivo, aséptico. Estoy seguro de que desde el inicio del proyecto Pablo se dirige con una visión crítica de lo que sucede, y su postura parte desde la conciencia de quien denuncia un hecho deleznable. Es probable que pretendiese punzar con algunos toques de información, de contextualización, de realidad en boca de las voces entrevistadas que se escuchan de fondo y que acompañan a otra voz en off. Y esta voz en off envuelta en otro sonido ambiente que marca un ritmo monótono a la par que estridente. Pero todo es eso, apenas una pincelada periodística, pues el baño, la impregnación es otra cosa. Incluso las voces de los relatos se muestran editadas, distorsionadas, ecualizadas, con efectos como el eco que asemeja repetirse en la conciencia.

Y a pesar de todo, El costo humano esconde un gran trabajo periodístico. Un reporterismo clásico a la manera de Kapuscinski y sus Viajes con Heródoto, o del propio Enrique Meneses. Imaginar a Pablo con su cámara y su cuaderno de notas en esos hogares sacudidos por el dolor, me recuerda a Salgado en las hambrunas del Sahel, a Nachtwey en los hospitales de Tailandia o a Gervasio entre los mutilados de Sierra Leona. Un David contra Goliat con la cámara fotográfica a modo de honda. El propio autor en una entrevista reconocía que los afectados se mostraron siempre dispuestos a colaborar sacando a la luz el estado en el que se encontraban, y lo hicieron sobre todo porque creyeron en esa oportunidad.

Creo que este trabajo (al menos este vídeo) sería un ejemplo magnífico de lo que Ricky Dávila gusta explicar en sus talleres. No prescinde de la mirada personal de su creador, dejándose ver en toda y cada una de las tomas, encuadres y perspectivas poco habituales en revistas y diarios. Y al mismo tiempo no renuncia a su función informativa sabiendo cuál es su posicionamiento de denuncia. Para mí es una obra magistral de cómo conjugar al unísono los verbos mirar, fotografiar, documentar, estremecer y concienciar. Mirar porque no hay ausencia del sujeto, fotografiar porque es un alarde de composición, textura, luces, momentos decisivos y todo aquello que debe tener un buen proyecto visual. Documentar porque recoge los elementos más importantes que explican lo que sucede. Estremece galvanizando con cada imagen sobre la conciencia del espectador. Es cierto que no hay una propuesta de solución. No se expone un itinerario de actuación para resolver el problema que se plantea. Pero se señala, se indica, se da pistas muy claras de hacia adonde caminar para concluir en este sentido. En definitiva, El costo humano es a lo que me gustaría que se acercaran mis futuros proyectos.


Pablo Ernesto Piovano (Buenos Aires, 1981) lleva trabajando en el diario argentino Página/12 desde los dieciocho. Se formó en las clínicas de Adriana Lestido y fue becado por la Fundación García Márquez. En 2001 se centró en la crisis social y política del país, publicando junto a otros fotógrafos “Episodios Argentinos, Diciembre y después”. Entre 2004 y 2008 coordinó un taller de fotografía para adolescentes en situación de riesgo de la Isla Maciel, resultado de ello fue el libro “Ojos y voces de la Isla”. En 2014 pudo verse en la Bienal de Fotografía Documental de Tucumán “Retratos 2004-2014”, que reúne a gran parte de las figuras influyentes de la cultura y la política nacional. También es autor de diversos ensayos como “El Chino 2007-2013”, publicado en la Revista “Dulce Equis Negra”. Desde 2006 expone sin interrupción en el Palais de Glace en el marco de la Muestra Anual de ARGRA (Asociación de Reporteros Gráficos de la República Argentina).
El costo humano: En 2015 fue galardonado con la beca de la Fundación Manuel Rivera Ortiz, pero El Costo Humano de los agrotóxicos también ganó el primer premio en la categoría de Fotografía profesional en el Festival Internacional de la Imagen (FINI) en México; se clasificó tercero en el POY Latam, en la categoría Carolina Hidalgo Vivar del Medio Ambiente; y fue finalista en el Burn Emerging Photographer Fund Grant y en Photo-España por la revista Ojo de Pez de Valores Humanos 2015. El video se expondría en el festival de Paris Photo 2015.
FOTO: Eduardo Hector Sosa (1960) ex trabajador en “Molinos Alas” sufre de carcinoma en la base de la lengua. Jubileo, provincia de Entre Ríos, (Pablo Piovano © 2014).

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