#El arte griego

Me paré de repente. La mirada se me quedó congelada en algún punto de la clase, y caí sentado en mi silla de profesor. Aquella pose introspectiva parecía digna de una fotografía de exposición, de esas que cuelgan con paspartú en elegantísimos marcos negros. La verdad es que el peso de la docencia es cada vez mayor. Y como me dijeron: «El toro cambia, pero el torero siempre es el mismo».

Para qué narices le dedicas tu tiempo cuando no se lo merecen. Esto mismo me pregunté abatido en la mesa delante de un grupo de alumnos que iban desde los dieciocho a los cuarenta y tantos. Y las palabras del maldito Reverte acudieron raudas a mi cabeza entrando en el aula como un golpe de viento que abre violento las puertas de la misma: «Tenemos lo que nos merecemos». Y entonces recordé lo que me hicieron algunos profesores cuando era como ellos, cuando me sentaba en las bancas de la facultad de Filosofía y Letras soñando con cambiar el sistema una vez consiguiese subirme a la tarima. Les hablo de los aburridos e incompetentes catedráticos que llegaban a clase, pegaban su culo a la silla y apenas volvían a levantarse para escribir dos o tres palabras en la pizarra. En concreto recuerdo a Suberviola. Nos daba varias asignaturas de la Edad Media. Por los pasillos corría el rumor de que había sido un docente magnífico, pero que había caído en depresión. Una de sus materias, Bajomedieval, se me enconó. Era de primero o segundo, y la arrastré casi hasta a acabar la universidad. Para aprobarla, después de un examen, que siendo honesto yo creía bastante completo, me citó en su despacho. Había suspendido por un par de fallos y me pedía argumentos para calificarlo con al menos un cinco. Al parecer lo convencí. Con el tiempo me hubiese gustado charlar con él y preguntarle por qué acabó aburriéndose de todo esto, por qué iba a sus clases y con evidente desgana se giraba en su asiento sin ponerse de pie para esbozar en la pizarra aquellos nombres de príncipes y sultanes árabes tan difíciles copiar. Lamentablemente no ha sido necesario, hoy comprendo a aquel profesor abatido y a cuantos caigan en el mismo agujero. Entiendo que hayan tirado la toalla porque yo la tengo en la mano y de cuando en cuando la miro tentado. Y de nuevo las palabras de Pérez-Reverte: «Tenemos lo que nos merecemos».

El puente del Pilar lo pasé encerrado en casa. He montado una proyección de arte griego a la que le he dedicado tantas horas que he perdido la cuenta. No sólo ese fin de semana, sino desde la semana anterior, esta y lo que me queda. El curso pasado ya hice algunas para Historia de España e Historia del Mundo Contemporáneo. El resultado con los chavales, salvo excepciones, fue parecido. En concreto, para elaborar este trabajo que mejor o peor puede encontrarse en cualquier manual de Historia del Arte, hay que conocer muy bien el tema, asegurarse de qué es lo importante, leerse las directrices de Selectividad para afinar en las explicaciones, velar para que tus alumnos superen una prueba que podría marcarle el futuro de sus vidas (como si no fuese suficiente responsabilidad lo que ya tenemos en nuestras manos). Después de todo esto, es necesario buscar las imágenes en Internet a un tamaño y calidades óptimos. Uno no siempre las consigue como le gustaría; algunas hay que retocarlas en Photoshop para que luzcan atractivas en la proyección. El programa que utilizo es el Keynote de Apple. Me compré hace años el portátil para llevármelo al instituto. No me fío del estado de los ordenadores que suelo encontrarme en los centros donde he trabajado. En su mayoría suelen ser muy antiguos y van demasiado lentos. Eso cuando funcionan, pues es normal que tengan virus, que algún compañero poco diestro en la informática haya podido borrar o dañar los programas, que los alumnos también se hayan entretenido en cortar el cable del ratón o pintar la pantalla. En fin, inconvenientes que surgen en las escuelas públicas. Tal es así, que me hice de unos altavoces inalámbricos porque con el sistema de sonido me ocurría otro tanto. A pesar de ello, no las tengo todas conmigo. Lo del proyector es una lotería. Hay ocasiones en las que no conecta con mi equipo, tiene la bombilla en mal estado, no enfoca lo suficiente, o directamente está roto. Sin embargo, me niego a llevar uno personal. No por el gasto que supondría, sino por que me haría falta un carrito para cargar con tanto material de aula en aula y tiro porque me toca. Todo era mucho más sencillo, imagino, cuando Don Juan Ruiz entraba en clase con su carrusel de diapositivas de Hiares, se bajaban las persianas y nos poníamos a copiar como locos las explicaciones de cada una de las obras. Sabiendo que la mayoría tendríamos que sellarlas en nuestras retinas en aquel instante porque no disponíamos de ninguna buena enciclopedia ilustrada donde verlas más tarde. Pero los tiempos han cambiado.

El caso es que este año, durante la elaboración de la proyección de marras y su puesta en escena, me pregunto para qué tanto esfuerzo y sacrificio. Con lo bien que estaría dedicándome el tiempo a mí. Terminando de leer, por ejemplo, El hambre de Martín Caparrós, en el que se cuenta cómo la gente se muere porque no tiene siquiera para comer. No digo ya para ir a la escuela. O El lugar más feliz del mundo, de David Jiménez, donde narra sus pericias como corresponsal en Asia. O tumbado en mi sillón pasando las hojas de las últimas adquisiciones en libros de fotografía que me ha llegado de Amazon: 60 Years of Photography, de Marc Riboud o París, de Brassaï. O paseando con mi cámara por los pueblos de la Axarquía, o tomándome un pelotazo en el paseo marítimo. Así le daría la razón al imbécil del político de turno, que con sublime desfachatez se atreve a decir que sólo trabajamos veinte horas semanales. El muy hideputa.

Y digo todo esto porque cuando bajan ahora las persianas, lo que tiene uno que aguantar, siempre justos aparte, son las variadas formas de airear la desidia y el aburrimiento que ha encontrado el alumnado de ahora. Alardes de las múltiples maneras de faltar el respeto de parte de adultos que aún no han aprendido las bases elementales del comportamiento cívico. Tardoadolescentes impuntuales que se retrasan quince minutos para fumarse su canuto, señoritas que mastican chicle alcanzando decibelios más altos que las ranas en las charcas de una noche limpia de verano, sonámbulos de día que bostezan y resuellan como locomotoras, chicos que se apremian para recoger libros y bolígrafos antes de que el timbre chicharree, con tal velocidad que siempre he creído que los simulacros de incendios son innecesarios por completo. Por no hablarles de la carencia de conocimientos, las numerosísimas faltas de ortografía, el desinterés y el desprecio por el estudio y por cualquier tema que en algo tenga que ver con la cultura, la lectura, el teatro, el cine, música, arte.

Así que me digo: la administración y los que mueven los hilos ahí arriba no están tan desencaminados; para esto bien servían aquellos profesores como los de la facultad. Alguien que llegue, acomode sus posaderas, saque el manual de la materia y diga: Página treinta y seis. El Arte Griego. El Arte Griego nace en la zona conocida como la…

Nota: en la imagen de cabecera aparece Aquiles y Ayax, los dos héroes más valientes de la Guerra de Troya, jugando a los dados.

4 Comments #El arte griego

  1. Anónimo

    Día a día voy me doy cuenta de lo aquí expresado, y hasta a mí me frustra. Soy parte de esta juventud aborregada, pero no me identifico con ella. La labor de un docente siempre fue esencial, desde mi punto de vista, en este momento tan crítico, tan alienado, creo que se dificulta vuestro trabajo, pero NUNCA tires la toalla, si no, con más ganas de intentar despertar conciencias, a través de la belleza del arte (en este caso), alguno abrirá los ojos, después su mente y su alma. A nivel personal cada vez que salgo de tus clases, lo hago con una sonrisa en la boca y en el alma (incluso volviendo a casa me aborda una profunda paz interior) me voy llenando de sabiduría, siempre quiero más, las horas se hacen minutos, he de decir que soy amante del arte, pero tus clases son diferentes, y es lo que necesitamos. Cuando pases horas preparando tus clases no pienses en las masa aborregada, piensa en quien lo disfrutamos, es más lo NECESITAMOS.

    ENHORABUENA POR TU TRABAJO, NUNCA PIERDAS LA PACIENCIA, LA EMPATÍA Y LA GANAS DE CAMBIAR ESTE MUNDO.

    Quizá somos pocos, pero esos pocos lo merecemos… GRACIAS

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  2. Rafa.

    Querido (muy probablemente querida) muchísimas gracias por sus palabras. Soy consciente de que siempre quedan justos en Sodoma. Y muy contento estoy con gente como usted que, imagino, sabe comportarse en un aula. De todas formas a este sitio al que ha llegado (el blog) es sólo un lugar de desahogo donde cuelgo lo primero que ‘me se’ pasa por la cabesa. Un saludo, Estimularte 😉

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  3. Anónimo

    Buenas noches Don Rafael, le escribo porque he leido su comentario, acerca de lo mal que se siente con mis compañeros.Y quizás haya hecho yo algo mal, que tambien le haya molestado en concreto.Le pido perdon si es así.El otro dia usted dijo, me comprendeis?.Y entiendo que se sienta mal.Pero tambien usted tiene que entendernos.Las personas ya con una edad, con unas vivencias o un trabajo, que vuelven al instituto,les cuesta mucho guardar la compostura.Por lo menos a mí me pasa.Y si tienes problemas, te cuesta más trabajo concentrarte.Los niños chicos no tienen problemas,como los adultos.Ni preocupaciones.La vida no es fácil.Y las mujeres,aunque no tengamos trabajo tenemos que hacer la comida,planchar,etc,etc.Y eso lleva un tiempo,que al final nos lo tenemos que quitar sin querer, de estudiar.Y si tenemos trabajo, tambien tenemos que hacer las cosas de la casa.Y no es que yo quiera perder el tiempo,y vaya al instituto para pasearme?.Quizás mi error es que he cogido muchas asignaturas y no puedo dar más de sí.Por la edad que tengo,…por el modo de vida, y las tareas que tengo que hacer,la comida,planchar etc.Usted es muy buen profesor,y no tiene la culpa de nada.Quizás se está tomando demasiado enserio los comportamientos de la gente y se pone nervioso..Asi que si nosotros no ponemos de nuestra parte, es culpa nuestra.Porque usted ya está poniendo mucho de su parte.Sin más que decirle.

    Un saludo.

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    1. Rafa.

      Llevo dando clases en adultos durante más de cinco años. Sé muy bien qué tengo entre manos. Entre otras cosas porque en los últimos años también he sido estudiante y profesor a la vez. Y la experiencia me dice que aquellas personas con más responsabilidades, laborales o familiares, son las que mejor acaban el curso. Sin embargo, me confunden si creen que voy a reprochar que alguno de mis alumnos se retrase en sus estudios. Lo que no concibo es que en una clase de 50 a nadie le haya dado tiempo a hacer nada. Y en cualquier caso, ni siquiera esto es lo que peor llevo. Lo que me indigna de verdad es que no me permitan hacer mi trabajo porque no respeten la figura del profesor. Personas adultas. Estudiantes que están aquí por voluntad propia. Tenemos la Escuela que nos merecemos. Y esto no lo digo yo, lo dice cualquier persona con un mínimo de saber estar… En cualquier caso, imagino que usted, que ha tenido la deferencia que comentar esta entrada, no entrará en el grupo de alumnos sin un mínimo de corrección y saber estar. Hace años que leí esta carta de un inspector y el caso va a peor… https://elprofesorcabreado.wordpress.com/page/30/

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