El arresto de Albero y Segovia

Uno de los asesinatos de la República es el de Zárate. Al parecer, la heroica historia de un comandante que se quedó solo luchando por defender su puesto. Una fotografía para Imágenes para la Historia que me resulta muy interesante por ser testimonio de la crudeza de una guerra civil que muchos siguen sin comprender. Aquí tienen una nueva entrega de esta serie.

Guerra Civil española
Arresto del comandante Zárate (Guadalajara, 1936)
ALBERO Y SEGOVIA

FOTO: Albero y Segovia —Arresto del comandante Zárate (Guadalajara, 1936)

FOTO: Albero y Segovia —Arresto del comandante Zárate (Guadalajara, 1936)

Félix Albero Truyen (1894) y Francisco Segovia García (1901) se asociaron en 1930 y formaron parte de una importante generación de periodistas. Se habían dedicado a la fotografía deportiva en diarios como Siglo Futuro, Heraldo de Madrid o La libertad, pero tras estallar la guerra civil española comenzaron a cubrir el conflicto. Del control periodístico en la zona republicana nació El Archivo Rojo, una recopilación de más de 3.000 imágenes con información y testimonios de lo ocurrido. Más adelante, es posible que con la censura del franquismo su trabajo fuese publicado sin ningún tipo de derechos, en muchos casos ni siquiera serían citados. Sin embargo Albero recibiría el premio de la Agrupación Sindical de Reporteros Gráficos de Prensa en 1964.

El 22 de Julio de 1936 Rafael Ortiz de Zárate, comandante sublevado, es capturado por milicianos republicanos, guardias de asalto y un guardia civil. A su izquierda se encuentra armado con una pistola Toribio Díaz, miembro de las Juventudes Socialistas Unificadas, quien se especula que podría ser su verdugo momentos después del arresto. Ante el aumento de la presión de los republicanos y tras la toma del Puente de Henares, Zárate había permitido a sus hombres abandonar la posición quedándose solo y resistiendo desasistido con una ametralladora que disparó durante más de veinte minutos.

En la batalla de Guadalajara los partidarios de la sublevación se habían unido para organizar la guerra, hacerse con el control de los lugares destacados como el Ayuntamiento, la Casa del Pueblo o Co- rreos; además de detener a todos los líderes del Frente Popular. La población civil también se sumó al levantamiento. Pero después de un par de horas, los milicianos vencieron a la resistencia y una vez dominada la ciudad por completo, fueron fusilados los jefes y líderes que habían sido detenidos. La mayoría de asesinatos y ejecuciones sumarísimas en la zona controlada por la República, se cometieron entre julio y septiembre de ese mismo año.

Paseaban a los prisioneros como trofeos tratando de demostrar que no perderían la guerra. La euforia de los jóvenes en esta forma de tomarse la justicia por su cuenta es evidente. En sus caras de júbilo puede observarse, incluso en un conflicto entre hermanos, el lado más oscuro de la condición humana.

Autor: Fuensanta Bernal Betancort

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