Cruzar la frontera

Para este verano se presentan emociones fuertes, y no sólo me refiero a la bajada de sueldos y subida de impuestos que nos va a pegar el gobierno y Europa con la crisis. Me temo que cuando llegue a España de mis viajes aterrizaré en un aeropuerto de tierra y arena como los que tienen en esos países subdesarrollados, con oficinas de caña y paja. Barajas se va a convertir en un solar desolado, y mi patria chica, o sea Málaga —a la que tanto quiero y odio a partes iguales—, en otro tanto de lo mismo.

El caso es que huyo de aquí por varias razones y después de varios pinchazos y pastillas para vacunarme contra todo lo que se puede uno vacunar, y de arreglar papeles y visados, y de reservar habitaciones en albergues, casas de amigos, ONG y quién sabe si algún día tendré que dormitar en la misma calle.

Como digo, me doy el piro esperando olvidarme un poco de toda esta podredumbre social y política, y también, por supuesto, a conocer el mundo en el que vivimos. Que no sólo está lleno de políticos, de prima de riesgo, de “efemeís”, que no sólo es Europa, etecé, etecé…

Empezaré por Italia, país que ya iba siendo hora de visitar, pues un amante de la historia que no haya estado en una de las cunas de la civilización occidental como es Roma, tiene delito. De modo que me marcho a hacer giro que me llevará desde Bologna y sus soportales hasta Venezia. También Verona, donde se celebró el fatídico congreso en aquel 1822 que restauró el absolutismo de Fernando VII en nuestro país, y que yo aprovecharé para visitar la enésima exposición de Robert Capa que curiosamente nunca puede faltar. Intentaré ver Trento, estaré en Milán, Génova, probablemente Pisa, sobre todo Florencia y luego culminaré mi estancia en el país de la pasta y la pizza con unos siete u ocho días en Roma y Nápoles y Pompeya.

Luego aterrizo en Málaga para dar el salto en pocas horas a Uganda vía Madrid-El Cairo-Kampala. Allí me alojaré en una ONG que mantiene dos proyectos: educación y sanidad, eso que tanto preocupa a los políticos en todas partes del mundo, pero que es en lo primero que piensan para reducir cuando formulan su presupuesto. Intentaré viajar al norte del país donde me comentan que la situación es verdaderamente extrema, donde se encuentran los niños soldados y donde, al parecer, se han producido algunos secuestros. Ya veremos en qué queda todo esto, pues no depende sólo de mí, si no del resto del grupo que está conmigo en Karibu Project. Todos guiris y guiras. Aunque, claro, allí yo también seré un guiri desos.

A la vuelta, regreso a Málaga unos días, pero en una semana me cuelgo de nuevo la mochila para volar hasta la India con mi amigo Domenec, abogado y politólogo con quien viajé a Palestina. Llegaremos a uno de los países más pobres vía Barcelona-Moscú-Delhi. Allí la ruta la prepara Domenec, pues entre tanto viaje yo no tendré tiempo casi ni para organizar la maleta.

Me acompañará en este viaje a Italia: Ébano, sobre África. Se trata de una de las obras de Ryszard Kapúscinski, de quien me estoy acabando Viajes con Heródoto. Totalmente recomendable, pues esconde ese carácter inquieto por conocer el mundo y las culturas que en él se encierran que tanto comparto. Esa idea de cruzar la frontera para ver qué narices hay detrás de ella y aprender de lo que uno ve, como dijo Paul Strand referente a la fotografía, ¿verdad?:

Un registro de la propia vida, evidentemente para cualquiera que sepa mirar.

Para Uganda y la India aún no he decido cuáles caerán. Hablaremos en su momento. Por lo demás, ya me conocen; mochila, cámara de fotos, cuaderno y boli. Esta vez me llevaré la cámara digital a todos los viajes. El romanticismo es caro; entre carretes, revelados y positivados me salieron las fotos del año paso por una pasta. El coste en fotografía de este viaje es cero.

Esta es una despedida, espero que hasta el nuevo curso. Por motivos obvios, entre ellos que en Uganda y la India no tendré demasiadas ocasiones de conectarme a Internet. Y creo que es mejor así. En cualquier caso, como sé que hay quienes pueden tomarse un café esos primeros días de agosto en que andaré por Málaga antes de viajar a Asia, le echaré un vistazo al correo y estaré atento. Aquí tienen mi plan. Hagan el suyo. Crucen la frontera. Y enamórense de Bloomfield como yo lo hice.

[Publicado en blogspot en 28/6/2012]

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