¿Han visto ustedes algo más bello que la sonrisa de un invidente? ¿Y si el secreto es cerrar los ojos?

Hay tantas balas que uno ya no sabe quienes son los buenos y quienes los malos.

Cuando descubrí al aventurero Meneses

Hoy he descubierto a Enrique Meneses. Lean su decálogo del aventurero, luego hablamos:

1.- Piensa que no has heredado este planeta sino que lo tienes en usufructo y has de devolverlo mejor que lo encontraste.

2.- El artículo anterior te obliga a respetar a los animales, las plantas y los minerales. Entre los primeros no solo está el hombre. Por añadidura, el más débil tiene razón.

3.- La cultura occidental es la que se ha impuesto en el mundo pero no significa que sea la auténtica. Respeta el saber de los demás como el tuyo propio.

4.- La mujer y el niño son la Humanidad en su más puro estado. Respétalos siempre, pues son la semilla que hay en ti.

5.- Lo que han fabricado manos de hombre en un entorno, debe permanecer en ese ambiente. Lucha porque así sea.

6.- El animal más feroz es menos peligroso que tú. El mayor depredador de la Tierra es el hombre.

7.- Si todos fuésemos iguales, este planeta sería aburridísimo en extremo. Ayuda a que todos sus habitantes sigan siendo ellos mismos y defiende sus costumbres siempre que éstas no atenten a la dignidad de sus semejantes.

8.- Reparar no es restaurar. Cuando destruimos un bosque, jamás lo podremos reconstruir como fue. Solo ponemos esparadrapos.

9.- Escucha a los indígenas y a los mayores. Sus enseñanzas te serán valiosas en el futuro. No los desprecies. Son la experiencia de nuestra estirpe, nuestra memoria genética.

10.- Si eres un auténtico aventurero, sé fuerte con los fuertes y débil con los débiles. Y así, como decía Rudyard Kipling, te podrás llamar “hombre”.

Escrito por Enrique Meneses.

Esta mañana leyendo una entrada de Gervasio Sánchez me he encontrado con esto:

“El pasado viernes 28 de mayo se celebró la tradicional entrega del Premio Cirilo Rodríguez. (…) Este año el jurado (…) decidió concederle el Premio de Honor al fotógrafo y periodista Enrique Meneses, uno de los mejores reporteros que ha dado este país en toda su historia.”

Bueno y me puse a leer lo que Gervasio había escrito de Enrique Meneses. Lo podéis encontrar aquí. Este hombre ha estado en tantos acontecimientos importantes de la Historia que es un libro viviente. Y ahí lo teníamos, abadonado. Menos mal que por lo menos nos queda internet. Yo de momento he hecho dos cosas:

Guardad su web en mis favoritoswww.enriquemeneses.com

Y pedir el libro de sus memorias: “Hasta aquí hemos llegado” (Ediciones del Viento en  2006)

Esta entrada se publicó en blogspot en 03/06/2010, desde entonces Enrique Meneses se ha convertido en un referente, da igual que uno sea periodista o no, cualquier persona que piense en disfrutar de este mundo y tenga unas mínimas inquietudes debe tenerlo como maestro, aunque sé que no le gustaba esta palabra, Enrique no deja de enseñarte otra forma de entender la aventura de vivir.

Las nuevas generaciones de Manuel

Para perdonar a alguien, según la cristiana recomendación de César Vallejo, basta recordar que tiene un certificado que prueba que nació muy pequeñito. El amor por la gente que hemos traído al mundo, que es una finca manifiestamente mejorable y con demasiados amos, no es mérito, sino pura fisiología, o sea, algo que pertenece a todos los seres orgánicos. Una ley que cumplen gustosamente las demás especies animales, quizá salvo la hiena, que por eso se ríe. ¿Cuántos adolescentes hay entre las llamadas nuevas generaciones donde abundan los degenerados? Quienes llevan la cuenta aseguran que sólo en Madrid hay doscientos menores internados por agredir a sus padres. Eso de corregir a los progenitores usando la violencia, que es una forma delicada de eludir lo que se denomina «pegándoles un par de ostias», es un fenómeno nuevo, cada día menos sorprendente en las comisarías. Los delitos filio-parentales están al desorden del día.

Un pedagogo catalán, sin duda con un cierto margen de exageración, se atrevió a decir a mediados del siglo pasado, que sólo hay una cosa peor que pegarle a un padre, que es pegarle a un hijo. Quienes reprobamos ambos métodos educativos, incluso cuando se emplean en defensa propia, nos quedamos no menos sorprendidos que alarmados al saber que ese comportamiento es cada vez más frecuente. ¿Tiene la culpa la droga o la miseria y el desamor, que también son dos drogas letales? Los sociólogos, que llevan una larga temporada sin dar abasto, creen que influye mucho eso de la falta de jerarquía y de orden, pero lo cierto es que hay muchos jóvenes convencidos de que se está mejor que en el seno familiar en cualquier otra parte. ¿Por qué hablamos de ellos en vez de esos otros muchachos que trabajan por muy poco dinero, o por ninguno, ayudando en Cáritas o en algunas ONG? También ellos forman parte de las nuevas generaciones. No suelen tatuarse, pero se les distingue. Han elegido ser personas.

Este es un artículo extraído del Diario SUR donde cada día escribe Manuel Alcántara desde hace ya muchísimos años, pero no demasiados. Les dejo el link: Nuevas generaciones de Manuel Alcántara

Por qué nunca la música

No sé por qué nunca hablamos de la música, cuando la música nos hace viajar tanto como otras artes.

¿Os acordáis del principio de la película de Hoosiers, la escena en que el entrenador cruza el Estado de Indiana un amanecer con aquella neblina pegada a los cristales de su coche…? Es todo, pero sin la excelente música de Jerry Goldsmith no hubiese sido igual aquel principio. La nominación al Oscar en 1986 como mejor banda sonora no es casualidad… Impresionante. No recuerdo una película con un comienzo que me haya gustado más con el paso de los años.

Todo esto ha venido a cuento de descubrir esta tarde a Philip Glass. Lo tenía apuntado en las notas del iPod, pero hasta el otro día no me puse a investigar y esta tarde ya he escuchado algo sobre esta pianista. Os dejo un botón…

Y su página web: www.philipglass.com

Espero que os guste tanto como a mí.

Nota: Publicada en blogspot en 15/02/2011

El Profe

Este curso, al cambiar de centro, el destino flexionaba una pierna apoyándola en la pared, con mucho garbo me guiñaba un ojo, y parece haberme concedido entretenimiento para rato. Lo digo porque disfruto como gorrino retozando en pastizal de mazorcas en la sala de profes. O sea, que tengo un colega con el que me divierto lo que no está escrito —nunca mejor dicho— y aprendo mucho más. Su nombre es Paco, pero habría que llamarlo don Francisco porque tiene talla de gigante, a su estilo, con esa gracia y esa gallardía andaluza. Él da sentido a la frase de Gracián cuando dijo aquello de sea el amigable trato escuela de erudición y la conversación enseñanza culta, un hacer de los amigos maestros. Aunque no vengo a hablarles de él, sino de la película que mencionó, que como es habitual en mí, apunto para ver todo cuando dice alguien que me parece interesante. Por eso tengo la videoteca repleta de las historias del celuloide que menciona Reverte, Garci, Alcántara… Paco, mi compañero, es muy de John Ford, pero otro día hablando sobre la enseñanza comentó una frase sacada más o menos de El profe (1971), de Mario Moreno, o más conocido como Cantinflas. Anoche la vi, y me acordé de mis alumnos, algunos de los que merodean por este blog. Qué poco ha cambiado esto con la América subdesarrollada de escuela pueblerina donde se desarrolla la cinta que les hablo. En El profe Cantiflas —Sócrates como personaje— lucha por enseñar en El Romeral, un pueblecito de Méjico. Los políticos corruptos del lugar lo impiden y ahí anda el maestro, en la lucha contra el sistema por una escuela digna. Lo único que no tiene de realista es el final, pero bueno, juzguen ustedes si quieren.

TÍTULO ORIGINAL: El profe 

AÑO: 1971.

DIRECTOR: Miguel M. Delgado.

GUIÓN: Mario Moreno.

REPARTO: Mario Moreno “Cantinflas”, Marga López, Víctor Alcocer, Ramón Valdés, Raúl Martínez, David Bravo, Eduardo McGregor, René Dupeyron y Arturo de Córdova.

SINOPSIS: Sócrates García (Cantinflas) un abnegado maestro que ha consagrado su vida a la enseñanza, renuncia a las comodidades de la gran ciudad para marchar al pueblo del Romeral, donde se requieren sus servicios. Allí deberá enfrentarse al poderoso cacique local, muy interesado en fomentar la ignorancia de los vecinos.

Fuente: Filmaffinity

#La hormiga y el elefante don Francisco

Sí, al parecer siempre corretearon caprichosas las neuronas dentro de mi cabeza. Pocas o muchas, lo que no puede negarse es que se mueven con alegría y a veces me dejan conexiones aparentemente inverosímiles que sólo ellas saben cómo cocinar. Me las imagino cogidas de la mano, danzando a su antojo, relacionando ideas, y como digo; a veces de lo más disparatadas. Como la última, que en seguida paso a relatarles, porque ¿tendrá algo que ver el chiste de las hormigas y el elefante con la situación del sistema escolar? Vamos, con lo que se vive en las escuelas e institutos.

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Imagen: Forges

Pues el caso es que el otro día volvía de ver cómo Aito escalabraba al Unicaja en su último partido como entrenador del equipo malagueño, cuando mi amigo Pedro me contó ese chiste…

Estando en la selva africana, una comunidad de hormigas que vivían en el subsuelo; con sus grandes carreteras para sus coches de hormigas, sus bloques de hormigas fabricados por la mayor de las empresas de construcción de la zona, cuyo dueño era el señor Hormigón –claro-. Como decía, con sus puentes, sus túneles iluminados, sus pilares bien hechos, todo digno de la más alta ingeniería y más exquisita arquitectura del mundo de las hormigas. De repente, llegó el elefante don Francisco y de dos pisotones derribó la magnífica ciudad de las hormigas. Miles de ellas murieron, otras quedaron tullidas y tuvieron que recuperarse en los hospitales de las hormigas, y el resto lloró lo ocurrido como la mayor catástrofe jamás recordada.

La reina hormiga, intentando consolar a su pueblo, comenzó a procrear de nuevo para levantar otra vez la ciudad. Nuevas carreteras se hicieron, vías de tren. El AVE de las hormigas comenzó a funcionar. Se alzaron nuevos puentes, columnas y pilares más poderosos que los de las hormigas de la China; de hierro, más potentes que los anteriores de madera de baobá. En solo 9 meses las hormigas habían levantado toda una ciudad, mucho mejor preparada y resistente que la anterior.

Pero nuevamente su gozo en un pozo. Un día el elefante don Francisco hizo acto de presencia otra vez. Y otra vez, de dos pisotones destruyó la ciudad de las hormigas mandándola al carajo como en la ocasión anterior. Y la reina, afligida como nunca se la había visto, reunió un consejo urgente de sabias hormigas que se celebró en la plaza principal, uno de los pocos lugares que quedaron a salvo. El consejo estaba compuesto por trancas y barrancas del programa de moda: ‘El hormiguero’, también estaba Z de la película ‘Antz’, y la hormiga del cuento de ‘La cigarra y la hormiga’, y algunas más que tampoco se distinguían realmente porque eran todas iguales. Salvo la hormiga atómica que llevaba casco. Entre sollozos dijo la reina: «Lo siento, pero yo no puedo seguir procreando y ver cómo mis hijas mueren cada vez que llega el elefante». Alguien desde la lejanía gritó: «¡Acabemos con el elefante!». Y todas gritaron: «¡E-le-fante! ¡Ma-ri-cón! ¡E-le-fante! ¡Ma-ri-cón!». Y la hormiga atómica, impetuosa y heroica, tomó la palabra y se dirigió a la muchedumbre hormiguera: «Querido pueblo de hormigas; he encontrado la fórmula de derrotar al elefante… Una sola de nosotras no podrá con él, pero todas juntas a la vez sí. Propongo subirnos al baobá para precipitarnos súbitamente sobre nuestro odiado paquidermo.

Como decía, estaban expectantes todas las hormigas subidas a las ramas de baobá cuando de repente apareció el elefante don Francisco. ¡Ahora! –gritó la intrépida hormiga atómica-, y todas cayeron sobre el lomo del animal. Sin embargo éste, comenzó a sacudirse con tal fuerza que apenas quedó sobre el cuerpo una sola de las miles de hormigas que se precipitaron. Ésta se sostuvo como pudo enganchada de su cuello y desde el suelo se oyó gritar: ¡Ahógalo! ¡Ahógalooo!

Se rían o no con este chiste, lo cierto es que si lo reflexionan tiene mucho que ver con la situación de la enseñanza. Pensando estoy en patentarlo como fábula, sinceramente, pienso que es mucho mejor que la de ‘La hormiga y la cigarra’. Pues aunque no lo crean, mis neuronas caprichosas tampoco van muy desencaminadas cuando comparan a los personajes del chiste con la situación del fracaso escolar.

Ya sabrás, lector sagaz, quién es quién a estas alturas del cuento. Evidentemente, las hormigas somos los que nos dedicamos a esto, los profesores que por mucho que queramos ni cosquillas podemos hacerle al elefante que son muchas cosas: la ignorancia del ciudadano, la estupidez de los políticos y sus leyes educativas, la superprotección y el consentimiento de los padres, la publicidad y los buitres de la TV que venden y venden, como el modelo de consumo, la globalización, algunos iconos del fútbol, algunas fulanas del corazón… Tantísimas cosas que nos aplastan cada vez que intentamos reconstruir el juicio crítico, los valores de respeto, la creencia en el trabajo, el esfuerzo, el sacrificio, el gusto y el placer por leer, por conocer, por viajar, por descubrir, por saber.

A veces –tantas veces- me siento como esa hormiga que cuelga del cuello del elefante, esa hormiga a la que le gritan desde la multitud que estrangule al animal. Quién sabe, quizás mis neuronas se hayan emborrachado de tanto estudio. O quién sabe, quizás tengan razón. De todas formas, sirva esto como un desahogo, sin ánimo de cambiar nada. ¿Qué puede hacerle a un elefante una hormiga colgada?

Publicada en blogspot en 21/1/2011