La pena

La sangre aún resbalaba tibia por la mejilla. Aunque nunca le habían abierto una brecha en la ceja calculó que cerrar aquella llevaría su tiempo. Al tacto, le escocía. Mientras caminaba a oscuras de vuelta a casa pensaba qué demonios se le había pasado por la cabeza para verse envuelto en semejante algarada, a su edad.

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El camino de Ruanda

Si estos son ruandeses, desde luego nada tienen que ver con los que me he cruzado durante los dos meses que he permanecido recorriendo el país de las mil colinas. De no ser por las condiciones en las que se encuentra este edificio, pensaría que he terminado en el JFK de Nueva York o en el Midway Internacional de Chicago. Muchos de los negros que se pasean aquí parecen salidos de un videoclip del cantante rapero Snoop Dogg. Ataviados con collares, anillos y colgantes, relojes de pulseras que harían de palacios para cuco. Ropa con motivos y colores de los «iuesei», como si las prendas hubiesen sido tejidas con la bandera del Estado que dirige Obama. Hasta dónde llega la globalización, pardiez. Si esto es África, que baje Mandela y lo vea.

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Life and Jobs

We don’t get a chance to do that many things, and every one should be really excellent. Because this is our life. Life is brief, and then you die, you know? And we’ve all chosen to do this with our lives. So it better be damn good. It better be worth it.

Steve Jobs, genio.

Enanos en hombros de gigantes

Es curioso que existe en el ser humano la siguiente contradicción o paradoja: de una parte el hombre vive temeroso de los cambios y asustado por lo desconocido; y de otra, deseamos derribar lo construido y partir desde cero como si todo lo hecho, no sólo no sirviese de nada, sino que entorpeciese eso nuevo que está por hacer. Me pregunto si no nos iría mejor ir caminando con pasos seguros para que en cada uno, al menos una parte, pueda ser útil en cualquiera de los casos. En este sentido se me viene a la mente esa cita que dice «Quasi nanos gigantum humeris insidentes». O sea que nosotros somos como enanos aupados a hombros de gigantes. Lo dijo Bernardo de Chartres para referirse a los científicos ya que avanzan sobre la acumulación de conocimientos previos y nunca parten de la nada. Los Simpsons tienen un episodio muy bueno en el que Homer intenta superar a Thomas A. Edison e inventa un martillo automático que lo destroza todo. Finalmente se da cuenta de dos cosas: primero que es un inepto total (como ya sabíamos), y segundo que Edison también tenía su admiración y sus celos puestos en otro gigante como había sido siglos antes Leonardo da Vinci.

Una niña en el Rif

De los que estuvimos en Marruecos, fui yo el primero que se despertó en la mañana del 27 de septiembre hace ya muchos años. Los demás continuaban durmiendo a la intemperie metidos en sus sacos, resguardándose del frío que corre entre las montañas rifeñas. Me levanté, cogí la cámara y fui a pasear por el poblado donde apenas vivían una docena de familias; donde la civilización no había llegado más que por las antenas que coronaban en las casuchas de tejados de uralita. Me apetecía capturar los primeros rayos de sol que amenazaban a lo lejos con agujerear la negrura de la noche. Como el sitio no presentaba otro edificio más atractivo que una pequeña ermita, caminé laderas y pendientes en las que solían pacer rebaños de cabras. Esta actividad, junto con el cultivo del «kifi», era de lo que vivían aquellas gentes tan hospitalarias. 

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