#La navaja de Hanlon

Es gracioso esto de la incompetencia en los cargos públicos. Lo es hasta que a uno le terminan tañendo los dídimos por muy a cubierto que los ponga. Lo vemos todos los días y como está igual de extendido que la corrupción —suelen ir de la mano—, por no llorar, reímos. Pero como digo, la gracia viene cuando ¡bingo! te toca el más tonto. Es cuestión de estadísticas, gilipollas por metro cuadrado y todo eso.

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#Elecciones

A fines de mi estancia en Mil Colinas se me ocurrió que aparte de hacer fotos y vídeos podría dar una especie de clase a los más adultos, chavales de lo que aquí conocemos como bachilleratos. La idea me vino a la cabeza después de pasar unos días en Abadahemuka, la asociación que montó Gaudence en Kayenze y de la que ya he hablado en otra ocasión. Allí, conviví unos días con una docena de jóvenes aspirantes a monja. Imagínense la estampa del asunto, el menda, apartado de cualquier atisbo de civilización, sentado en una mesa rodeado por ruandesas entre los 18 y 25 años.

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Docencia prescindible

Olvida el profesor que solo es un medio hacia el conocimiento; puede comunicarlo u obstaculizarlo, pero en cualquiera de los casos la ciencia o el arte seguirán estando ahí.

Rafael G.G., profesor.

#Orgasmo

Hay muchos tipos de orgasmos. Unos mejores que otros. Largos y constantes. Cortos e intensos. Orgasmos sísmicos, tormentosos, revolucionarios, agitados. Orgasmos regulares, lineales, pendulares. Algunos como borrasca veraniega; llegan en los momentos de sequía aliviando la escasez de humedad. Los hay intermitentes, cortantes… a trompicones. Pusilánimes, tibios, sutiles, tímidos. Orgasmos que quitan el hipo y orgasmos que te lo dan. Orgasmos que nunca tendrás y otros que añorarás. Cariñosos, ásperos, aguerridos. Sabrosos. Salados como la orilla del mar, dulces como el chocolate. Con espinas, espinosos. Caudalosos, montañosos, vanidosos y carnosos. Hay orgasmos, y otros orgasmos.

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