#El vendedor de enciclopedias

Desde que comencé hace algunos años en esto de la tiza y tal (sic) —que le pregunten a mis primeros alumnos— a veces me comporto en clase como un abuelo cascarrabias refunfuñando. En una ocasión me dijeron que era joven, pero hablando parecía un viejo. Me refiero a esa característica tan mía de indignarme ligeramente cuando pregunto si se ha visto una película (de leer libros ya ni hablamos) o se conoce algún escritor, periodista, fotógrafo, etc.

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Aquellos ojos que me miraron en La Habana

La sorprendí mirándome fijamente a los ojos, con sus ojos azules, transparentes como dos cristales de agua. Los que se clavaron en mí durante esos segundos que parecen alargarse horas. Y su pelo rubio, y era alta y esbelta, y muy llamativa; completamente irresistible.

Debí de acercarme por instinto puesto que no recuerdo haberlo razonado. Mi cerebro jamás mandó esa orden, pero mi cuerpo se dirigió a ella sin más. Todo de un modo irracional, como son estas cosas; como un reflejo sin sentido que te empuja de forma natural en mitad de un torrente de impulsos.

Ya de cerca, el encanto fue aun mayor, diría que en aumento, como me imagino lo infinito, creciente. Me detuve justo enfrente y de nuevo sin calcularlo, le tendí la mano preguntándole su nombre. Qué sorpresa del destino —pensaba mientras tanto— alinearía los planetas para que la descubriese en aquella plaza de La Habana, allí, como si estuviera esperándome.

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Sobresaliente

Desde que tengo el blog, allá por el año I d.A. (después de Alcaudete), siempre suelo despedirme de los alumnos y del curso haciendo una breve valoración del mismo. Ahora que dentro de poco se producirá la despedida, pues apenas quedan un par de ‘entradas’, ha llegado el momento de hacerlo antes de lanzarme a por las vacaciones.

Este curso 2011/2012 ha sido diferente por completo, y me alegro por ello pues esto significa que puedo añadir otra experiencia más a mi bagaje como profesor, contribuyendo a conocerme mejor, que de eso se trata. Aquí he encontrado lo que andaba buscando, no tanto la tranquilidad y la comodidad de poder dar clase sin las dificultades que abundan hoy día en las aulas; sino el ambiente de cultura y conocimiento que he podido observar en la sala de profesores, en la que me he sentido un auténtico pitufo —no podía ser de otro modo— entre tanto gigante. Un espacio de titanes de la ciencia y de la docencia que me han enseñando lecciones que no se olvidarán nunca.

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Patricia tiene un blog

Después de algunos años e institutos a mis espaldas, creo haberme dado cuenta de que esta profesión, con un poco de suerte, te brinda regalos muy significativos, especiales. Aparte de la relación que pueda uno tener con sus alumnos cuando adviertes que el mensaje llega, y entonces te transportas al cielo en una nube, y todas las horas de trabajo te parecen pocas, y piensas que siempre merece la pena, y que eso por lo que luchas y en lo que confías le sirve a alguno de ellos, y que todo no está perdido, y que hay esperanzas, y que la vida huele a rosas y todo eso que le ocurre a uno cuando flota en el aire. Como decía, aparte de esos raros momentos, a veces, ser profesor te hace otro tipo de regalos, como el de encontrarte con gente estupenda con la que congenias y compartes la forma de ver la vida. Encontrarte con colegas de profesión con tus mismas inquietudes.

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#Y otra de arena

Cuando uno oye en la sala de profesores –menos mal que tiempo ha— que lo del informe PISA y tal es una cagarruta, y que los alumnos –y alumnas, claro— de hoy están mejor preparados que los de antes. Uno no puede más que retorcerse de dolor ante semejante estupidez. Eso o dar un grito en el cielo para tratar de que el ciego en cuestión vea por fin la luz. Aunque lógicamente, no hay más ciego que el que no quiere ver.

El caso es que hace unos cursos me ocurrió algo ‘asín’. Un compañero de cuyo nombre no quiero acordarme, decía que los chavalines que corretean por los pasillos de un ‘ies’ como auténticos salvajes saben hacer la «o» con un canuto más redondita que los de antes. Los mismos que pintan casi de todo menos su cuaderno, salvo en plástica. Hablando con el compañero de Dibujo, me dice que en sus clases cuando tienen que dibujar no dibujan, y en cambio en las mías dibujan –entre otras cosas ajenas a la Historia— y eso hace preguntarme si en la de Plástica harán Historia…

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