#Un café por un rabillo

Llevo varias notas, bocetos y pruebas, y sólo me salen ripios cuando intento escribir un artículo para explicarles mi desánimo en cuanto a la enseñanza. Así que he desistido incluso de esta pequeña empresa, pero no por ello puedo dejar de publicar una carta que me fue enviada por mi antigua alumna Silvia, estudiante de periodismo en la actualidad.

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Si saben leer entre líneas, comprenderán fácilmente cuál es el problema de este asunto. Sólo les diré ya por último, que el motivo de este correo fue una petición que os hice allá por julio o agosto cuando pensaba que iba a cambiar de centro y quería comenzar mis clases con un texto escrito por alguno de ustedes a quien yo le hubiera dado clases.

“Posdata: Bienvenidos al nuevo curso escolar 2013/2014. El objetivo será ponerle el rabillo a la ene para convertirla en eñe. Me apuesto un café a que no lo consigo.”

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Enseñanza de calidad

Acaso si hay alguna posibilidad de mejorar la calidad de la enseñanza, pasa únicamente por los alumnos y el profesor.

Fuente: desconocida (levemente modificado)

¿Un esqué…?

Esta mañana me he levantado pensando de qué modo podía ayudar a mis alumnos con sus técnicas de estudio. Por lo que se ve no es suficiente con todo lo que ya hago, pues tengo un dossier en el apartado de ‘documentos’ con varios archivos sobre ello. La cuestión es que se me pasó por la cabeza que lo mismo alguien ya colgó algo en youtube y quizás así sería más cómodo y amigable explicar esto.

Pero también me pregunto qué habría sido de mis alumnos si desde 1º de la ESO le hubieran enseñado a hacer esquemas. Estoy soñando, ¿verdad? Imposible, eh. Que todos los profes de Historia y Geografía, exigieran a sus alumnos que comprendiesen lo que leen y luego supieran ordenarlo en ideas simples en un papel… Ya te digo.

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#Reponiendo yogures en el Mercadona

Me detengo un instante en el estudio, sólo para transmitirles una reflexión acerca del origen de las desigualdades en confrontación con las ideas utópicas que promueven algunas ideologías; quizás el comunismo sea la más mentada en este sentido.

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Forges.

Fíjense y piensen en las palabras de los funcionalistas Kingsley Davis y Wilbert Moore cuando tratan de justificar la aplicación de las estructuras sociales, no como concepto de análisis, sino como medio de reparto de unas tareas en tanto que «estrato» representa una idea en la que —curiosamente— promueve mayor movilidad social:

Toda sociedad deberá tener un conjunto de retribuciones y premios que cumplan un papel incentivador, y, a su vez, unos mecanismos precisos por los que dichos «premios» puedan ser atribuidos o negados, de acuerdo a los comportamientos de los individuos. Por ello «los premios y su distribución llegan a ser una parte del orden social y así se origina la estratificación… La desigualdad es así una idea inconscientemente desarrollada por la que las sociedades aseguran que las posiciones más importantes estén conscientemente ocupadas por las personas más cualificadas. De aquí que cada sociedad (…) deba diferenciar a las personas en términos de prestigio y estimación y debe por eso poseer una cierta cantidad de desigualdad institucionalizada»

El texto está sacado a su vez en una cita en ‘La explicación sociológica: Una introducción a la sociología’ de Jose Felix Tezanos. Manual utilizado en la UNED.

La pregunta es: ¿Tiene entonces justificación «cierta» desigualdad social por su «utilidad» como elemento para incentivar a la realización de tareas importantes?

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#El garrulo educado

El otro día estaba en el gimnasio, ya saben, lugar de moda en la actualidad. En la antigua Grecia compartía el espacio —la palestra (así se llamaba)— con las bibliotecas. Sin embargo, hoy día no puedo imaginarme algo más antagónico con él que la casa de los libros; basta con escuchar las conversaciones en unos y otros. En los primeros no se sale del fútbol o los asteroides*, mientras que en las segundas lo que abunda es la comunicación silenciosa con los grandes filósofos de la Historia (bueno, más o menos, reconozco que las bibliotecas universitarias también han evolucionado).

El Roto, en El País.

El Roto, en El País.

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Lee

En el cole sí, pero en el instituto no. No recuerdo si Juan Ruiz, el profesor de Arte de quien bromeábamos que era la copia china de Juan Ortiz, el de Historia que admiraba todo el mundo; mandó obligatoriamente la lectura de La tabla de Flandes de Pérez-Reverte aquel año que hice segundo de bachillerato. La cuestión es que no dudé en leerlo y hoy día le debo el descubrimiento de uno de los autores que han influido con más fuerza en mi pensamiento, o quizás sería mejor decir, en mi planteamiento vital. Después de haber abierto tantos libros desde entonces, y haber comprendido entre otros a Daniel Pennac, tengo la máxima de no obligar a la lectura, pues como escribía el gabacho: a leer se aprende en la escuela, a amar la lectura… (1) Sin embargo este año he sido infiel a mis principios como Groucho Marx (2) y en los bachilleratos he puesto una lectura obligatoria a ver qué pasa.

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Periodismo en Siria

Hace varios meses participé un proyecto de esos de crowdfunding que trataba de lograr la publicación de un libro sobre el conflicto actual en Siria. Sus autores son jóvenes periodistas españoles, algunos citados con más o menos frecuencia en este blog. Entre ellos se encuentra el reciente premio pulitzer Manu Brabo, también Antonio Pampliega de quien colgué una entrevista que hizo a Enrique Meneses; y Maysun, Alberto Prieto, Ethel Bonet, Ricardo García completan este elenco. El título es ‘Siria, más allá de Bab al-Salam’.

Para aquellos que no estén familiarizados con el crowdfunding, deben saber que se trata de una práctica de mecenazgo consistente en la presentación de un proyecto (no necesariamente ha de ser un libro, también los hay de documentales, discos, cine, y otros temas y formatos) junto al presupuesto que se estima para llevarse a cabo, así como lo que deberían costar los libros, discos, vídeos o lo que sea que quiera venderse. De tal modo que uno hace un proyecto que tiene un coste (ganancias incluidas) de 2000€ y que para ello debe vender cien libros a 20€, si no aparecen al menos cien mecenas o compradores que se lleven un libro como mínimo cada uno, dicho proyecto no se lleva a cabo. O sea, que antes de la publicación se aseguran los compradores. No sé si ha quedado claro, si no, me lo buscan en la guiquipedia esa.

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#Periodista y profesor

Creo que otras veces también lo he comentado. Eso de que cuando leo, veo pelis o estoy en algún museo no puedo evitar acordarme de mis alumnos. Lo sé, en cierto modo me gustaría desconectar completamente, pero incluso cuando viajo fuera y andurreo perdido en África o Asia ‘me se’ meten en la ‘cabesa’. Sobre todo los difíciles, o sea, los rebeldes sin causa o los que tratan de demostrar con razonamientos inverosímiles que tienen la razón cuando no la tienen. Cuando no han cogido un libro en su vida ni para calzar un armario o no han salido de España, ni de Andalucía, ni siquiera de su pueblo. Me acuerdo de ellos porque con la frecuencia que pienso en que este mundo sería más habitable y más humano con ciertas prácticas muy poco políticamente correctas, al mismo tiempo cada vez parezco tener más claro eso de que la cultura y tal evitaría ciertas purgas. Tampoco es que un médico cirujano, un ingeniero náutico o un juez del Constitucional tengan que ser necesariamente mejores personas, amantes de los derechos humanos y toda clase de buenas maneras. Lo cierto es que los modales y la forma de comportarse cívicamente brillan por su ausencia, en las mejores familias que se dice. Pero, desde luego, si existe algún remedio éste pasa por la lectura, el cine, el teatro, los museos.

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Imagen de la portada de una selección fabulosa de reportajes de Joe Sacco. Imprescindible.

Hoy de vuelta a Málaga de mi viaje express a Barcelona estaba terminando ‘Reportajes’ de Joe Sacco del que he hecho alguna mención en el blog o en tuiter. La cosa es que leyéndolo pienso: si mis alumnos conocieran estas historias tendrían otro modo de ver las cosas. Es, esa barrera que los distancia de la lectura, la misma que los separa de poder comprender este mundo en que vivimos y esa condición humana que nos define. Al menos de intentarlo con cierta esperanza de éxito.

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