El ejemplo de Meneses

«Comprendió la vida. La vivió intensamente. Fue espléndido a la hora de dar a la vida todo lo que tenía que darle… Vivió con valor, con vigor, con una insólita integridad».

Edward Steichen sobre Robert Capa

De haber sabido que la publicación de mi artículo rondaría el centenario del nacimiento de Roberto Capa hubiese hablado de él por motivos comerciales, pero como no fue así y tampoco soy muy de venderme el destino ha querido que en el cumpleaños del maestro recordemos a otro grandísimo de este mundo.

La última vez que vi a Enrique Meneses fue en Cuba, me llevé su libro a la isla. Sí, esto es tanto como decir que no lo vi nunca, pero desde entonces no he podido evitar acordarme con bastante frecuencia de este viejo periodista que tenía la grandeza de atender a personas como el que firma lo que escribe. Les paso un fragmento de la conversación que intercambié con él en mayo de 2011.

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Se avecina una tormenta en BlogStudio360

Nuestro destino de viaje nunca es un lugar,
sino una nueva forma de ver las cosas.

Henry Miller.

Me miraba a los ojos inquisitiva y escrutadora igual que una niña que abre por primera vez una caja de muñecas y comprueba que no le falta un complemento. El vino era el único testigo en nuestra conversación, y en la pesquisa, hablando de los rincones del mundo, salió a relucir la pregunta sobre cuáles creía que habían brillado más intensamente en mis pupilas, cuáles fueron los que despertaron mayor asombro en mi boca. En estos casos cualquiera hubiese aceptado como buena elección el Taj Mahal que levantó Jahan en Adra por amor a su esposa Mumtaz, por ejemplo. O quizás la noble escalinata del Altar de Zeus que podemos disfrutar con fruición en el Pergamonmuseum de Berlín. Por qué no elegir la fortaleza de San Carlos de la Cabaña, en La Habana, donde un cañón escupe cada día una bola de fuego rememorando la época colonial. El Danubio visto desde el Palacio de Buda dibuja una bella postal cuando el invierno blanquea los tejados de la capital húngara. La Place de la Concorde, el Hôtel National des Invalides, la Tour Eiffel. Siendo más patrio, bien podría haberme acordado de la Alhambra de Granada por poner un caso. Pero no, no dije ninguno de tales, ni siquiera la Piazza Maggiore de Bologna y su cine de verano, que ahora cuando escribo estas líneas recuerdo con gusto la noche en que me recibió con Peter O’Toole rodeado de jeques en Laurence de Arabia.

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