Se avecina una tormenta en BlogStudio360

Nuestro destino de viaje nunca es un lugar,
sino una nueva forma de ver las cosas.

Henry Miller.

Me miraba a los ojos inquisitiva y escrutadora igual que una niña que abre por primera vez una caja de muñecas y comprueba que no le falta un complemento. El vino era el único testigo en nuestra conversación, y en la pesquisa, hablando de los rincones del mundo, salió a relucir la pregunta sobre cuáles creía que habían brillado más intensamente en mis pupilas, cuáles fueron los que despertaron mayor asombro en mi boca. En estos casos cualquiera hubiese aceptado como buena elección el Taj Mahal que levantó Jahan en Adra por amor a su esposa Mumtaz, por ejemplo. O quizás la noble escalinata del Altar de Zeus que podemos disfrutar con fruición en el Pergamonmuseum de Berlín. Por qué no elegir la fortaleza de San Carlos de la Cabaña, en La Habana, donde un cañón escupe cada día una bola de fuego rememorando la época colonial. El Danubio visto desde el Palacio de Buda dibuja una bella postal cuando el invierno blanquea los tejados de la capital húngara. La Place de la Concorde, el Hôtel National des Invalides, la Tour Eiffel. Siendo más patrio, bien podría haberme acordado de la Alhambra de Granada por poner un caso. Pero no, no dije ninguno de tales, ni siquiera la Piazza Maggiore de Bologna y su cine de verano, que ahora cuando escribo estas líneas recuerdo con gusto la noche en que me recibió con Peter O’Toole rodeado de jeques en Laurence de Arabia.

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