#Orgasmo

Hay muchos tipos de orgasmos. Unos mejores que otros. Largos y constantes. Cortos e intensos. Orgasmos sísmicos, tormentosos, revolucionarios, agitados. Orgasmos regulares, lineales, pendulares. Algunos como borrasca veraniega; llegan en los momentos de sequía aliviando la escasez de humedad. Los hay intermitentes, cortantes… a trompicones. Pusilánimes, tibios, sutiles, tímidos. Orgasmos que quitan el hipo y orgasmos que te lo dan. Orgasmos que nunca tendrás y otros que añorarás. Cariñosos, ásperos, aguerridos. Sabrosos. Salados como la orilla del mar, dulces como el chocolate. Con espinas, espinosos. Caudalosos, montañosos, vanidosos y carnosos. Hay orgasmos, y otros orgasmos.

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People and dogs

Lo que Ryszard Kapuściński llamó el «otro» tiene para mí el mismo efecto que para el famoso reportero. En todas mis fotografías, al menos aquellas de las que me siento más satisfecho, aparecen personas, pues es la condición humana la piedra angular sobre la que giran mis inquietudes. Pienso que vivimos bajo la estúpida idea de que somos diferentes, creemos que existen los otros. No es así, ni siquiera hay razas; bueno sí: la humana. Esta colorida galería tiene por objetivo reunir a esas gentes que voy encontrándome en los viajes, y demostrar que existe una esencia que nos une. Indudablemente somos parte de un conjunto que nos relaciona para bien y para mal. Y luego los perros, salpicando esta muestra para dotarla de esa humanidad de la hablo: perros. Como muchos fotógrafos —quizás Elliott Erwitt sea el más conocido— me divierten las escenas en las que aparecen estos fieles amigos del hombre. A veces cómicas, a veces enternecedoras. Será esta una ventana siempre abierta y viva para enseñar a todos aquellos que deseen mostrarse, por ello irá creciendo con el tiempo. Espero.

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Rilke escribe

Hay una sola cosa que deberías hacer. Mira en tu interior. Descubre el motivo que te incita a escribir; observa si ha extendido sus raíces hasta lo más profundo de tu corazón; confiésate si morirías en caso de que te prohibieran escribir. Sobre todo esto; pregúntate en la hora más silenciosa de la noche: ¿tengo que escribir? Bucea en tu interior en busca de una respuesta honda. Y si es afirmativa, si a esta pregunta respondes con un sencillo e intenso «Debo», construye tu vida de acuerdo con esa necesidad…

Rainer Maria Rilke, Cartas a un joven poeta. Recogido de Cartas a un joven disidente de Christopher Hitchens. Escribir, ya saben.

Mi primera mujer

Escuchar a Marcos Ana, independientemente de que compartamos su ideología (con lo que ha vivido no se puede ser otra cosa), cautiva y atrapa enseguida. La primera vez que lo vi fue en un programa de la extinta Canal Sur 2, Las Mil y Una Noches o algo así se llamaba. Ahora les traigo un fragmento de este libro en forma de audio, pinchen y disfruten.

Una tarde, casi al anochecer, me encontré con un amigo de la infancia; un hombre de negocios que aunque no participaba de mis ideas me había visitado alguna vez en la cárcel de Porlier…

 

ADAPTACIÓN: Texto «Mi primer amor» de Marcos Ana.
Inc. Decidme cómo es un árbol. Tabla Rasa, 2007.
MÚSICA: Astor Piazzola, Tres Tangos, Aconcagua Part II.
VOZ: Jon Sedano

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John escribe

En el mejor de los casos, la literatura es una actividad ton­ta. Hay cierto ridículo en escribir un cuadro de la vida. Y aumentando la broma: uno tiene que retirarse de la vida durante un tiempo para escribir ese cuadro. Y tercero, uno debe distorsionar su propia manera de vivir a fin de despertar en sí, de alguna manera, lo normal de otras vidas. Una vez recorrido todo este absurdo, lo que emerge de él quizá sólo sea el más pálido de los reflejos. ¡Es una cuestión jodida! La montaña trabaja, puja, se esfuerza y surge el más pequeño de los roedores. Y la mayor estupidez de todas reside en el hecho de hacer todo eso; el escritor debe creer que lo que está haciendo es la cosa más importante del mundo. Y debe mantener esta ilusión aunque sepa que no es verdadera. Si no lo hace no tiene ni siquie­ra el valor que, de otra manera, podía haber tenido.

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La Mirilla

La curiosidad y la inquietud de mirar hacia fuera, hacia dentro, dar vueltas. El hombre en sociedad y el resultado de ese fruto o de ese divorcio. La cercanía y la distancia entre unos y otros. El transcurrir de los siglos durante los cuales la cultura ha ido arremolinándose. Se captura en las imágenes, a través de las tradiciones, de la religión, del grupo. Vínculos que alcanzan a los dioses. Vínculos creados incluso a través de la teatralidad de los rituales. Búsqueda del conocimiento y de la verdad por medio de la ciencia, en una enseñanza pautada, en cada rincón del planeta. Instantáneas de la raza humana condenada a vivir consigo misma, como sentenció Aristóteles con su «zóon politikon». Porque estamos abocados a vivir en sociedad conectados entre nosotros desde el primer momento, y todo aquel que no lo haga, o es un dios o es alguna clase de monstruo. A veces se representan en un compromiso con toda la comunidad, a veces entre Estados afines. Recluidos a la fuerza o en aparente libertad, las ideas que nos unen o nos separan: mensajes lanzados en tantas direcciones como multiplicaciones pueden hacerse de emisores y receptores. Esa convivencia arrastrada desde el inicio del tiempo se ve en todo el arte, se aprecia en la tecnología y, lo queramos o no, ya no podemos huir de estar expuestos ante esa ventana desde la que el mundo se asoma. Mi cámara es una mirilla, un filtro necesario con el que enfoco. Con esa imagen se emite el diálogo con uno mismo. Lo que toca por dentro.

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