Cada día Manolo

Hace unos días leí una entrevista que le hicieron a Javier Marías en El País o en Jot Down, ya no recuerdo. El caso es que una parte de la misma comentaba la dificultad de escribir cada semana una columna de opinión. Que tenía la sensación de repetirse muchas veces y que alguna que otra se sentaba a dar vueltas con la mirada recorriendo la habitación en busca y captura de una idea, una excusa para enrollarse.

Como muchos saben, quien firma es seguidor de los artículos domingueros de Pérez-Reverte, y aquellas palabras de Javier, también amigo de éste, me hizo recordar que algunos de sus escritos estaban más trabajados que otros. No por falta de profesionalidad, sino por el contenido de los mismos. A veces uno teclea como el que piensa en voz alta, filosofando sin otra intención que la de rumiar por el placer de hacerlo, o porque no puede silenciar esa voz interna que no calla jamás.

En definitiva, que también creo que debe de ser complicado parir cada semana un artículo de opinión como si uno tuviera tantas. Que cuando pasan los años los grandes temas, que no son tantos; a saber, el amor y la muerte, ya se habrán tratado. Y aunque se eche mano a anécdotas ocurridas que pueden resultar pequeñas o grandes lecciones, mantener el tipo y no bajar el listón de tus discursos es toda una hazaña.

Jack London, que deseaba convertirse en escritor profesional a toda costa, escribiendo y bebiendo todos los días a partes iguales; cada mañana cumplía a su cita con mil palabras. La ingesta exacta de alcohol la desconozco, aunque imagino que las cantidades de ésta no estarían tan pulcramente controladas como la tinta que ensuciaba su cuadernillo. No eran opiniones abocadas a enmarcar ninguna columna periodística, pero en cualquier caso tampoco dejaba de tratarse de un ejercicio oneroso el que practicaba el autor de Colmillo blanco.

Por todo esto que les cuento, quiero hacer hoy una mención especial a Manuel Alcántara. Un escritor al que sigo con mayor frecuencia que a ninguno otro, pues leo el Sur diariamente, y comienzo por la columna de este poeta octogenario que tanto me ha enseñado. Tengo esa manía, empezarlo por donde termina. Será que me gusta ir contracorriente y mi interés personal es inverso al interés general. A Manolo quizás el peso de los años se note, pero en más ocasiones lo hace para bien. El lenguaje es un lugar en el que se mueve a su antojo, y ojalá que sean muchas las letras que sigan saliendo de su vieja Olivetti.

Nota: Manuel Alcántara es investido Doctor Honoris Causa

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