La anciana de San Pedrito

Anciana en el zaguán de su casa, en Santiago de Cuba

Anciana en el zaguán de su casa, en Santiago de Cuba

En una de tantas vueltas por la Ciudad de Santiago, caminando por sus barrios marginales, favelas, suburbios o como quieran llamarlos porque todos los barrios de Cuba son así: pobres. Como decía, en una de esas caminatas en que uno mira y mira buscando algo que le llame la atención, me topé con esta anciana. Estaba sentada en la puerta de su casa como tantas otras, dejando pasar el tiempo, sin comodidades ni lujos. Lo normal en la isla es pasar la tarde entre el zaguán y el porche de los hogares, charlando con los vecinos. Cuando me crucé con ella en seguida pensé en hacerle una foto, algo me dijo que lo hiciese. A veces, así se debe fotografiar, sin pensar, como dice Ricky Dávila: «hago fotos igual que hago el amor, sin pensar». Le pregunté si podía retratarla, me dijo que sí, y sin más palabras, ésta que ven, fue su pose.

Continue reading

#Cineterapia

Estoy convencido de que hemos nacido para disfrutar a través del arte, de revivir emociones que nunca hemos vivido, que otros lo hicieron; y que gracias a la lectura, el cine, la pintura, la música, la fotografía, etc. podemos sentir aquello que intentan transmitirnos. La vida sin arte no es vida, quien no lo comprenda es porque nunca lo ha experimentado.

Ahora vengo a hablaros de cineterapia, una idea que se me ocurrió para intentar explicar cómo podemos resumir los dos caminos para acercarnos a la cultura o al arte, para comprender por qué debemos tener inquietudes, perseguir sueños y luchar por ellos. Cada vez estoy más seguro de que existen dos motivos para estudiar y prepararse de cara a un empleo, de cara a un futuro. ¿Por qué la gente estudia?

Continue reading

El árbol de Esteve

Hace años, cuando era rata de biblioteca en la Universidad de Teatinos, solía renunciar a mi propia facultad en busca de otras. Me atraía mucho la de Psicología-Pedagogía; no sólo por las chicas guapas que por allí pululaban, sino por el interés pedagógico que corría por mis venas, ése que poco a poco va secándose. Aunque bueno, éste es otro tema. Lo cierto es que, cargado con mis apuntes de historia de las Guerras Médicas, las invasiones bárbaras o de las Cortes de Cádiz, qué sé yo; muchas veces me distraían los libros sobre pedagogía que me rodeaban; incluso me acechaban. Siempre pensando en ser profesor, en emular a los buenos y en no caer en los mismos errores que cometían los malos, aquéllos que iba sufriendo en mis años de estudiante.

Continue reading

La cruzada de Beckman

Me cayó en las manos cuando tenía unos 12 años y pocas ganas de leer. Es curioso, aún tengo en la memoria -ha llovido mucho, sobre todo últimamente- cuando El Barba, o sea, don Cristóbal, el profesor de lengua, escribió en la pizarra varios títulos para que eligiésemos cuál queríamos. No sé por qué, desde el principio me llamó la atención éste. Luego terminaría también leyéndome los demás; pero Cruzada en ‘jeans’ es de esos libros a los que le tengo cierto cariño. Estaba en sexto, séptimo u octavo de EGB.

Continue reading

#El arte de la contumacia

contumaz.

(Del lat. contŭmax, -ācis).

1. adj. Rebelde, porfiado y tenaz en mantener un error.

2. adj. Dicho de una materia o de una sustancia: Que se estima propia para retener y propagar los gérmenes de un contagio.

3. adj. Der. Dicho de una persona: rebelde (‖ declarada en rebeldía). U. t. c. s.

Hay una cita en el séptimo Alatriste (El puente de los asesinos) que me encanta, me parece aguda y fina como aguja de jeringa para extraer glóbulos rojos. Es la siguiente:

La vida le había enseñado que el interés propio, la necesidad, incluso la devoción misma, pueden cegar a los más leales. Casi todos los hombres, aun de buena fe, acaban viendo las cosas como las desean ver.

No me digan que no es buena. Los hombres más inteligentes, —y las mujeres, pues tengo por costumbre no excluir a éstas en ninguna ocasión, llámenme clásico— no sólo se equivocan, sino que se mantienen persistentes en el error y no atienden a razones. Como podéis comprobar sigo en mi lucha o mi defensa con aquello que escribió o que dijo Albert Camus, ¿verdad? ‘reconocer la propia ignorancia, los límites del mundo y del hombre’. Una corriente filosófica que surge tras las guerras mundiales y lo acontecido, comienza a poner en entredicho eso de ‘el uso de la razón’, el existencialismo de Kierkeegard, Sartre, Ortega y otros. Algunas se plasmaron en las vanguardias artísticas, me refiero a corrientes como el movimiento dadá.

Quizás me esté yendo un poco de madre, y debería consultar a mi buen amigo y compañero Guillermo, quien sin duda nos aclararía muchas cuestiones en este sentido. Pero el caso es que leyendo sobre la cultura política y tal, o sea, las actitudes y comportamientos de los ciudadanos ante su régimen y sus instituciones. Ya saben, que si el pataleo o la sumisión cuando tal o cual gobierno hace esto o aquello. Como digo, me topo con la Theory of Cognitive Dissonance o Teoría de la disonancia cognitiva de Leon Festinger. Y me parece una maravilla que apoya de un modo más ‘científico’ esa frase del capitán sobre lo contumaz que puede llegar a mantenerse el ser humano.

Leon Festinger llega a la conclusión después de varios experimentos con personas; que muchas de éstas, cuando se enfrentan a una información contraria a sus opiniones, preferencias o inclinaciones más fuertes responden de dos modos: 1) ignorando o soslayando dicha información, ó 2) justificando los mensajes incongruentes con sus disposiciones previas. O sea, que antes de admitir la equivocación sobre aquello que pensaban (o creían), obvian el nuevo aporte, o tratan de ajustarlo, adaptarlo o introducirlo (si se me permite la expresión) con calzador a lo que ya pensaban. Todo eso, antes que dar su brazo a torcer, claro.

El curso pasado leí El arte de la prudencia de Baltasar Gracián. Unas cuantas citas me llevaron al mismo, y yo les invito a que le echen un vistazo. Allí encontrarán varios axiomas con los que estarán de acuerdo. Para muestra un botón, que al caso viene:

Infelicidad de necio tendrás si quieres mostrar ante la sociedad más de lo que la naturaleza te ha dado.

De modo que, un consejo, estén alerta. O mejor, estemos alerta; pues cualquiera de nosotros puede ser objeto de esta dolencia llamada contumacia.

Foto de portada: Gallinero
Fuente: www.ivanpawluk.com