La cruzada de Beckman

Me cayó en las manos cuando tenía unos 12 años y pocas ganas de leer. Es curioso, aún tengo en la memoria -ha llovido mucho, sobre todo últimamente- cuando El Barba, o sea, don Cristóbal, el profesor de lengua, escribió en la pizarra varios títulos para que eligiésemos cuál queríamos. No sé por qué, desde el principio me llamó la atención éste. Luego terminaría también leyéndome los demás; pero Cruzada en ‘jeans’ es de esos libros a los que le tengo cierto cariño. Estaba en sexto, séptimo u octavo de EGB.

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Los minutos de Machado

Nuestras horas son minutos cuando esperamos saber, y siglos cuando sabemos lo que se puede aprender. Todo lo que se ignora se desprecia.

Antonio Machado, poeta español, el más joven
representante de la Generación del 98.

¡Sal de ahí, perro de fuego, sal de tu profundidad!, exclamé, ¡y confiesa lo profunda que es tu profundidad! ¿De dónde sacas lo que expulsas por la nariz? (…) «Libertad» es lo que más os gusta aullar: pero yo he dejado de creer en «grandes acontecimientos» tan pronto como se presentan rodeados de muchos aullidos y mucho humo.

Nietzsche en ‘Así habló Zaratustra’.

#El arte de la contumacia

contumaz.

(Del lat. contŭmax, -ācis).

1. adj. Rebelde, porfiado y tenaz en mantener un error.

2. adj. Dicho de una materia o de una sustancia: Que se estima propia para retener y propagar los gérmenes de un contagio.

3. adj. Der. Dicho de una persona: rebelde (‖ declarada en rebeldía). U. t. c. s.

Hay una cita en el séptimo Alatriste (El puente de los asesinos) que me encanta, me parece aguda y fina como aguja de jeringa para extraer glóbulos rojos. Es la siguiente:

La vida le había enseñado que el interés propio, la necesidad, incluso la devoción misma, pueden cegar a los más leales. Casi todos los hombres, aun de buena fe, acaban viendo las cosas como las desean ver.

No me digan que no es buena. Los hombres más inteligentes, —y las mujeres, pues tengo por costumbre no excluir a éstas en ninguna ocasión, llámenme clásico— no sólo se equivocan, sino que se mantienen persistentes en el error y no atienden a razones. Como podéis comprobar sigo en mi lucha o mi defensa con aquello que escribió o que dijo Albert Camus, ¿verdad? ‘reconocer la propia ignorancia, los límites del mundo y del hombre’. Una corriente filosófica que surge tras las guerras mundiales y lo acontecido, comienza a poner en entredicho eso de ‘el uso de la razón’, el existencialismo de Kierkeegard, Sartre, Ortega y otros. Algunas se plasmaron en las vanguardias artísticas, me refiero a corrientes como el movimiento dadá.

Quizás me esté yendo un poco de madre, y debería consultar a mi buen amigo y compañero Guillermo, quien sin duda nos aclararía muchas cuestiones en este sentido. Pero el caso es que leyendo sobre la cultura política y tal, o sea, las actitudes y comportamientos de los ciudadanos ante su régimen y sus instituciones. Ya saben, que si el pataleo o la sumisión cuando tal o cual gobierno hace esto o aquello. Como digo, me topo con la Theory of Cognitive Dissonance o Teoría de la disonancia cognitiva de Leon Festinger. Y me parece una maravilla que apoya de un modo más ‘científico’ esa frase del capitán sobre lo contumaz que puede llegar a mantenerse el ser humano.

Leon Festinger llega a la conclusión después de varios experimentos con personas; que muchas de éstas, cuando se enfrentan a una información contraria a sus opiniones, preferencias o inclinaciones más fuertes responden de dos modos: 1) ignorando o soslayando dicha información, ó 2) justificando los mensajes incongruentes con sus disposiciones previas. O sea, que antes de admitir la equivocación sobre aquello que pensaban (o creían), obvian el nuevo aporte, o tratan de ajustarlo, adaptarlo o introducirlo (si se me permite la expresión) con calzador a lo que ya pensaban. Todo eso, antes que dar su brazo a torcer, claro.

El curso pasado leí El arte de la prudencia de Baltasar Gracián. Unas cuantas citas me llevaron al mismo, y yo les invito a que le echen un vistazo. Allí encontrarán varios axiomas con los que estarán de acuerdo. Para muestra un botón, que al caso viene:

Infelicidad de necio tendrás si quieres mostrar ante la sociedad más de lo que la naturaleza te ha dado.

De modo que, un consejo, estén alerta. O mejor, estemos alerta; pues cualquiera de nosotros puede ser objeto de esta dolencia llamada contumacia.

Foto de portada: Gallinero
Fuente: www.ivanpawluk.com