La dicha del conde

No hay dicha ni desdicha en este mundo, lo único que hay es la comparación entre un estado y otro, eso es todo. Sólo aquel que ha experimentado el infortunio extremo es capaz de sentir la extrema felicidad. Hay que haber deseado la muerte, para saber apreciar la dulzura de la vida.

There is neither happiness nor misery in the world; there is only the comparison of one state with another, nothing more. He who has felt the deepest grief is best able to experience supreme happiness. We must have felt what it is to die, that we may appreciate the enjoyments of life.

Alejandro Dumas, El conde de Montecristo.

El peso cubano

Para quienes aún no lo sepan, en mi viaje a Cuba allá por 2010, me dediqué a conocer la realidad del país, de ese sistema arcaico que ha resultado ser una ruina a lo largo de la historia. No lo digo sólo por lo económico, que siempre estuvo abocado al desastre y al colapso, sino por el mundo tenebroso en el que se convierte la vida de quienes son encarcelados en este modelo socialista-comunista. El caso es que hoy me gustaría contarles una pequeña historia de las visitas que hice con mi amigo Jose a varios lugares, ya saben, hospitales, escuelas, mercados y cosas así.

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Recordando Cuba

De vez en cuando está bien echar la vista atrás, para no olvidarse, para recordar. Ojeando el cajón de fotografías me encuentro con éstas de Cuba, de mi viaje al comunismo del siglo XX. Me temo que así siguen, anclados en el pasado nuestros hermanos cubanos.

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#20D

Llevo estudiando Historia toda mi vida y una de las pocas cosas que tengo claras es que somos un país cainita con más de cinco guerras civiles. Circula por la red una cita de Bismarck (posiblemente falsa) que dice que España es sin duda el país más fuerte de Europa porque lleva toda su historia luchando por destruirse y aún no lo ha conseguido. Mi carta de Reyes Magos favorita es la abdicación de Amadeo de Saboya en 1873 cuando después de «dos largos años» dijo que abandonaba el trono ya que nuestro problema no era otro que nosotros mismos. La razón es la cosa que está mejor repartida, pues todo el mundo cree que la tiene. Pero lo peor es que somos intolerantes con las opiniones distintas. El historiador Laurence Rees nos ha explicado por qué el odio a los demás une más que el afecto, mientras algunos todavía se preguntan por qué los políticos juegan al “y tú más”. Lo leído me dice que la próxima legislatura será difícil con tantos partidos luchando por el poder. La democracia no sólo es representatividad, la componen otros elementos como bien nos enseñó ya por el XIX Alexis Tocqueville. Si no estamos a la altura terminaremos perdiendo las formas como pasó no hace tanto. Con todo ello, nunca creí que llegaría a conocer a ningún partido político capaz de organizarse tras el mensaje del respeto y el consenso, como en la Transición. No creo que dure mucho porque además de caines somos ciegos en el buen reconocimiento, y porque los partidos políticos españoles se componen de españoles. Cuando murió Suárez leí a Pérez-Reverte decir: «Presidente, no mereció la pena hacer tanto por estos desagradecidos».