#20D

Llevo estudiando Historia toda mi vida y una de las pocas cosas que tengo claras es que somos un país cainita con más de cinco guerras civiles. Circula por la red una cita de Bismarck (posiblemente falsa) que dice que España es sin duda el país más fuerte de Europa porque lleva toda su historia luchando por destruirse y aún no lo ha conseguido. Mi carta de Reyes Magos favorita es la abdicación de Amadeo de Saboya en 1873 cuando después de «dos largos años» dijo que abandonaba el trono ya que nuestro problema no era otro que nosotros mismos. La razón es la cosa que está mejor repartida, pues todo el mundo cree que la tiene. Pero lo peor es que somos intolerantes con las opiniones distintas. El historiador Laurence Rees nos ha explicado por qué el odio a los demás une más que el afecto, mientras algunos todavía se preguntan por qué los políticos juegan al “y tú más”. Lo leído me dice que la próxima legislatura será difícil con tantos partidos luchando por el poder. La democracia no sólo es representatividad, la componen otros elementos como bien nos enseñó ya por el XIX Alexis Tocqueville. Si no estamos a la altura terminaremos perdiendo las formas como pasó no hace tanto. Con todo ello, nunca creí que llegaría a conocer a ningún partido político capaz de organizarse tras el mensaje del respeto y el consenso, como en la Transición. No creo que dure mucho porque además de caines somos ciegos en el buen reconocimiento, y porque los partidos políticos españoles se componen de españoles. Cuando murió Suárez leí a Pérez-Reverte decir: «Presidente, no mereció la pena hacer tanto por estos desagradecidos».

Los pueblos de Popper

El error fundamental de la doctrina que hace coincidir la nación con el Estado es el supuesto de que los pueblos o naciones existen antes que los Estados —algo así como raíces— como unidades naturales, que en consecuencia deberían estar ocupados por estados. Pero la realidad es la contraria: son los pueblos o naciones los creados por los Estados.

Karl Popper, filósofo.

La cura de la ignorancia

Cuanto más ignorante es el hombre, menos cuidados tiene, menos necesidades conoce, menos penas sufre, menos siente los males públicos, y aun los suyos propios le hacen menos sensación… Pudiera afirmarse que por los grados de ignorancia debería juzgarse de la dicha o la desdicha de los hombres. Así que, tú, oh ignorante vulgo de todas clases, eres de los menos desgraciados porque te asemejas más al asno.

Manuel Pérez Ramajo en La apología del asno, 1829.

La nación de Renan

Antes que la cultura francesa, la cultura alemana, la cultura italiana, está la cultura humana. Ved a los grandes hombres del Renacimiento; no eran ni franceses ni italianos ni alemanes. Habían reencontrado, a través de su trato con la antigüedad, el secreto de la verdadera educación del espíritu humano, y se consagraron a ella en cuerpo y alma. ¡Cuán bien hicieron!

Ernest Renan, —¿Qué es una nación?,
Conferencia dictada en la Sorbona, París, 1882.

#Recuerdos

Recuerdo hace años, cuando anduve de prácticas de esto de darle a la tiza y tal, que tenía un par de grupos en cuarto de la eso. Para variar, la lucha fue la de siempre; la misma que cuando comencé como interino dicharachero recorriendo el desolado mapa andaluz. Me refiero a eso de tratar de transmitir hasta que se aprendan una serie de instrumentos básicos para el estudio; consabidas inquietudes aparte, por supuesto.

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Cada día Manolo

Hace unos días leí una entrevista que le hicieron a Javier Marías en El País o en Jot Down, ya no recuerdo. El caso es que una parte de la misma comentaba la dificultad de escribir cada semana una columna de opinión. Que tenía la sensación de repetirse muchas veces y que alguna que otra se sentaba a dar vueltas con la mirada recorriendo la habitación en busca y captura de una idea, una excusa para enrollarse.

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