Alejandro El Rebelde del straperlo

Estaba ahí liado con mis clases y tal. Revisando el libro de texto que tan poco me gusta. Y de repente me topo con una cita que han seleccionado los autores del tocho en cuestión. Una proclama muy interesante. Bien escogida. Para hablar de la ideología del partido radical de Alejandro Lerroux.

Dice lo siguiente:

Rebelaos contra todos: no hay nadie o casi nadie justo. (…)

Sed arrogantes como si no hubiera en el mundo nadie ni nada más fuerte que vosotros… no lo hay. La semilla más menuda prende en la grieta del granito, echa raíces, crece, hiende la peña, rasga la montaña, derrumba el castillo secular (…) triunfa. Sed imprudentes, como si estuvieseis por encima del Destino y de la Fatalidad.
Sed osados y valerosos, como si tuvieseis atadas a vuestros pies la Victoria y la Muerte.

Jóvenes bárbaros de hoy, entrad a saco en la civilización decadente y miserable de este país sin ventura, destruid sus templos, acabad con sus dioses, alzad el velo de las novicias y elevadlas a la categoría de madres para virilizar la especie, penetrad en los registros de la propiedad y haced hogueras con sus papeles para que el fuego purifique la infame organización social, entrad en los hogares humildes y levantad legiones de proletarios, para que el pueblo tiemble ante sus jueces despiertos. (…)

Alejandro Lerroux: Rebeldes, rebeldes, 1906.

Lo cierto es que me ha dejado emocionado estas enérgicas palabras del tal Lerroux y sus radicales, exhortaciones que invitan a la rebeldía y a la lucha contra la injusticia, contra la civilización decadente y miserable, y que tal y que cual.

La figura de Alejandro Lerroux García, confieso que lo conozco poco, me parece muy simpática. Desde mi ignorancia, juntado estas palabras suyas con la cita de Juan Eslava Galán que enseguida les paso, resulta de lo más tronchante. Nació en Córdoba y tras varios exilios regresó a España en 1947 para morir en la capital un par de años después. Por si aún no saben quien es, Alejandro fue un periodista dedicado a la política que dirigió al Partido Radical. A mí, es mencionar «Partido Radical», y de seguido se me viene a la cabeza: «de Alejandro Lerroux». Y lo cierto es, que fue un partido muy personalista fundado por él mismo en 1908. Un partido radical de republicanos que viró desde la izquierda a la derecha como una gallina veleidosa de esas que apuntan hacia donde sopla el viento en lo más alto de los tejados de las casas. Defendió, sin embargo, ideas anticlericales y anticatalanistas. No sabemos si por convicción o por simple apego al movimiento de protesta. No obstante, como hemos dicho, tuvo que exiliarse varias veces. En 1907 para escapar a la condena dictada por uno de sus artículos y en 1909 huyendo de la represión gubernamental por la Semana Trágica de Barcelona. De vuelta a España, se vio envuelto en una serie de escándalos y corruptelas. Pero aún le dio tiempo de preparar el derrocamiento de Alfonso XIII y dar entrada a la Segunda República. Entiendo, que para satisfacer sus palabras, ya saben: «penetrad en los registros de la propiedad y haced hogueras con sus papeles» y todo eso.

En la República se lució del todo. Formó parte de la coalición de izquierdas que sostuvo las reformas del gobierno Azaña durante el primer bienio, en el que participó personalmente como ministro de Estado. Pero como hemos dicho, poco a poco, pasito a pasito, fue resbalándose hacia la derecha, pasando en 1933 a formar parte de la mayoría conservadora que accedió al poder. Y voilá: tres veces presidente del gobierno entre y varias carteras ministeriales.

Pero queda lo más jugoso. No se lo cuento yo, lo hace Juan Eslava muncho mejor:

Esta fea palabra [straperlo], que hoy ha quedado incrustada en el castellano como sinónimo de mercado negro y asunto turbio, es fruto del acoplamiento de los apellidos de un tal Strauss, holandés, empresario de juegos de azar en Niza, y de Perle, su socio capitalista. Estos individuos habían ideado un juego de sociedad basado en una especie de ruleta y pretendían introducirlo en los países de Europa donde estaban prohibidos los juegos de azar, entre ellos España. La bolita pasaba por un número, y si el jugador era rápido de reflejos, podía hacer un cálculo mental y adivinar en qué otro número iba a detenerse. Eso era para abrir boca, porque cuando el personal se caldeaba y las apuestas alcanzaban cifras respetables, los cálculos fallaban, y el apostador perdía hasta el último céntimo. La maquinita ya había funcionado en Holanda, por breve tiempo, y el gobierno la había prohibido. Strauss, Perle y el séquito de sinvergüenzas que los acompañaban, entre ellos un boxeador y una actriz, se trasladaron a Madrid dispuestos a conseguir el permiso en España, y acudieron a Aurelio Lerroux, hijo adoptivo de don Alejandro, al que entregaron dos relojes de lujo, uno para su ilustre padre y otro para el ministro de la Gobernación. Es posible que el soborno ni siquiera alcanzara a sus destinatarios, pero, en cualquier caso, los promotores obtuvieron la licencia necesaria. Unos días después, la maquinita comenzó a funcionar en el casino de San Sebastián, pero el gobernador civil la prohibió tres horas después. Algo parecido ocurrió en un hotel de Mallorca en el que los promotores intentaron implantar el invento.

En vista de las dificultades, Strauss escribió a Lerroux lamentándose del fracaso de su empresa, y tras informarle de la implicación de su hijo adoptivo y de otros políticos de su partido, solicitaba una elevada cantidad en concepto de indemnización. Lerroux ignoró la carta del chantajista y una segunda comunicación, incluso más explícita. Entonces, el estafador fue con el cuento a don Manuel Azaña, el más encarnizado enemigo de Lerroux, que, a su vez, se lo contó a Alcalá Zamora y a Prieto, con el que por entonces estaba a partir un piñón. El asunto se debatió en las Cortes, con intervención del fiscal del Estado, y cautivó a la prensa. El escándalo de los sobornos, hábilmente jaleado por los enemigos de Lerroux, dio al traste con el Partido Radical, pues salpicó no sólo a Lerroux, a la sazón ministro de Estado, sino a toda su plana mayor y, lo que es peor, desprestigió a la República.

Juan Eslava Galán (2002): Historia de España contada para escépticos, pág. 394-395.

O sea, ¿rebelarse contra qué? ¿contra uno mismo? Vamos, ¿a quién queremos engañar? Quien se crea libre de culpa, que tire la primera piedra. Queridos lectores, desconfíen de quienes portan banderitas enarbolando eslóganes pegadizos. Quienes critican y atentan contra el resto, pero esconden bajo la alfombra su propia mugre. Después de tanta historia uno se vuelve un descreído como diría Fernán Gómez, o si lo prefieren, un escéptico, como dice Juan Eslava.

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