The Beatles Songbook - Cuarteto Granada (Portada)

#Orgasmo

Hay muchos tipos de orgasmos. Unos mejores que otros. Largos y constantes. Cortos e intensos. Orgasmos sísmicos, tormentosos, revolucionarios, agitados. Orgasmos regulares, lineales, pendulares. Algunos como borrasca veraniega; llegan en los momentos de sequía aliviando la escasez de humedad. Los hay intermitentes, cortantes… a trompicones. Pusilánimes, tibios, sutiles, tímidos. Orgasmos que quitan el hipo y orgasmos que te lo dan. Orgasmos que nunca tendrás y otros que añorarás. Cariñosos, ásperos, aguerridos. Sabrosos. Salados como la orilla del mar, dulces como el chocolate. Con espinas, espinosos. Caudalosos, montañosos, vanidosos y carnosos. Hay orgasmos, y otros orgasmos.

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Columpio en el jardín de Mil Colinas

La utopía de Mil Colinas

Escribí para la ONG con la que he colaborado este verano un reportaje con el mismo título que lleva este post. Me hubiera gustado encontrar otro, pero no se me ocurren palabras que definan mejor la historia que he vivido con ellos y, sobre todo, la realidad que significa esta asociación fundada por una incansable educadora social llamada María Fernández.

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Juego de miradas en el Jabalí de Florencia.

El objeto a fotografiar debe estar bien iluminado

Aunque pueda parecer innecesario por lo obvio, saber el significado de la palabra fotografía nos revela la más importante lección: el objeto a fotografiar debe estar bien iluminado. Es costumbre pensar que podemos fotografiarlo todo; pero aunque es cierto, si aquello que queremos recoger en nuestra cámara no goza de la iluminación óptima y suficiente, bien de forma natural o artificial, el resultado no será el esperado. ¿Por qué sucede esto? Básicamente porque creemos que la cámara de fotos procesa la información de la misma forma que nuestro ojo humano, y no es así. El rango dinámico y la capacidad de ver que posee el hombre (y otros animales) es superior a cualquier aparato. Además de que la medición de la luz es diferente. Me explico.

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Caminando en Rukara

El camino de Ruanda

Si estos son ruandeses, desde luego nada tienen que ver con los que me he cruzado durante los dos meses que he permanecido recorriendo el país de las mil colinas. De no ser por las condiciones en las que se encuentra este edificio, pensaría que he terminado en el JFK de Nueva York o en el Midway Internacional de Chicago. Muchos de los negros que se pasean aquí parecen salidos de un videoclip del cantante rapero Snoop Dogg. Ataviados con collares, anillos y colgantes, relojes de pulseras que harían de palacios para cuco. Ropa con motivos y colores de los «iuesei», como si las prendas hubiesen sido tejidas con la bandera del Estado que dirige Obama. Hasta dónde llega la globalización, pardiez. Si esto es África, que baje Mandela y lo vea.

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Escuela Mother Kevin

El club de los faltos de cariño

Cuando comencé a viajar solo, en un principio por España (fue en Barcelona donde me enfrenté a mis primeros miedos) y luego cruzando las fronteras de Europa, América y África; siempre me he hecho la misma pregunta: ¿colgarse la mochila al hombro se debe a un motivo que nos arrastra a conocer otros lugares, o a otro distinto que nos empuja a huir del puerto de partida? Se trata de una duda que no he resuelto, al menos no de un modo definitivo.

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A veces entro en una clase y cuento cosas. Me llamo Rafa.